Bep-Kororoti: el maestro que bajó del cielo
En el corazón de la selva amazónica, el pueblo kayapó conserva un recuerdo milenario: la visita de Bep-Kororoti, un ser pacífico que bajó del cielo
La imagen de Bep-Kororoti es evocadora cuando la comparas con un astronauta. Fue el argumento utilizado por los clásicos de la astroarqueología para sustentar la idea de un paleocontacto. El de Bep-Korototi sucedió en Brasil, en el corazón de la selva amazónica. Allí, un pueblo indígena conserva desde hace generaciones el recuerdo de un visitante venido de las estrellas. Vestido con un traje brillante y armado con un arma capaz de derribar árboles. Según la tradición kayapó, les enseñó los rudimentos de la agricultura antes de desaparecer entre truenos y llamas.

Siete décadas después de que un antropólogo brasileño recogiera el relato de labios de un anciano de la tribu, la historia sigue dividiendo a quienes ven en ella una alegoría cultural y quienes prefieren leerla como el eco de un encuentro real.
Un encuentro registrado en 1951
Los kayapó —también conocidos como Mebêngôkre o "hijos de la buena fuente"— habitan desde tiempos inmemoriales la cuenca del río Fresco, en el estado brasileño de Pará. El contacto sistemático con el mundo exterior no llegó hasta 1951, año en que los primeros investigadores occidentales que convivieron con la tribu descubrieron que su tradición ritual giraba en torno a la figura de un "maestro celestial" al que llamaban Bep-Kororoti.
Fue João Américo Peret, investigador brasileño especializado en cultura indígena, quien registró por primera vez el relato en lengua portuguesa. Su informante fue Kuben Kran Kein, el anciano consejero de la aldea, que a su vez transmitió lo que le había contado Nio Pouti, hijo del cazador que —según la leyenda— protagonizó el primer contacto con el visitante.
El nombre mismo del personaje ya es una declaración de intenciones: Bep-Kororoti puede traducirse de forma descriptiva como "vengo del cielo" o "vengo del espacio".

Según la narración recogida por Peret, el pueblo kayapó vivía originalmente en una gran sabana desde la que se divisaba una sierra llamada Pukato-Ti. Fue allí donde, custodiado por su guardián eterno Memi Keniti, descendió por primera vez Bep-Kororoti, cubierto de la cabeza a los pies por un "bo" —un traje que la tribu sigue reproduciendo en sus ceremonias— y portando un "kop", un arma capaz de destruir árboles y piedras de un solo golpe.
El maestro que enseñó a sembrar
La tradición describe a Bep-Kororoti como un ser pacífico, de piel blanca y brillante, que nunca comía ni bebía y que mataba a los animales sin causarles dolor, repartiendo después el alimento entre los aldeanos. Poco a poco fue ganándose la confianza del poblado y comenzó a instruir a los kayapó en conocimientos que hasta entonces desconocían, entre ellos el cultivo de la tierra.
El desenlace de la historia es el que más ha alimentado las lecturas más especulativas: tras pedir a un cazador que doblara unas ramas hacia el suelo, Bep-Kororoti desapareció en el aire entre una nueva explosión. Antes de partir, dejó instrucciones precisas —emigrar, conservar las semillas de los alimentos que había enseñado a cultivar y sembrarlas antes de la temporada de lluvias— que, según la propia tradición kayapó, marcan el origen de la agricultura del pueblo.
En una aldea Kayapó, en el Amazonas, los indígenas oyeron explosiones, vieron humo y rayos de una «canoa voladora» que aterrizó sobre un monte. De ella salió un ser de ropa grande, ancha y blanca. Lo llamaron Bep-Kororoti, «el que viene del cielo» 👇https://t.co/ewbfU4LPcn pic.twitter.com/3oqITLPHCU
— Josep Guijarro (@josepguijarro) July 15, 2026
En memoria de aquel episodio, los kayapó celebran cada año una ceremonia en la que reproducen el "bo", el traje de paja que evoca la indumentaria del visitante, en lo que constituye una de las manifestaciones rituales más singulares —y más fotografiadas por los antropólogos— de la Amazonia brasileña.
De la etnografía a los "antiguos astronautas"
El salto de la leyenda kayapó al imaginario ufológico internacional se produjo a través de un intermediario muy concreto: el escritor suizo Erich von Däniken, popularizador de la teoría de los "antiguos astronautas", que incluyó el relato en su libro El oro de los dioses tras conocerlo, según sus propias palabras, a través del trabajo de Peret de comienzos de los años setenta. Décadas más tarde, la historia volvería a divulgarse a una audiencia masiva de la mano de Giorgio Tsoukalos, editor de la revista Legendary Times y rostro visible de la serie documental Ancient Aliens, que presentó a Bep-Kororoti como un posible visitante extraterrestre comparable a los Anunnaki de la mitología sumeria.

Para los defensores de esta lectura, varios detalles del relato resultan sugerentes: el traje que cubre por completo al visitante, el arma capaz de destruir la vegetación, la partida entre humo, relámpagos y truenos que recuerda al despegue de un cohete, o el propio significado del nombre del personaje. Se da además la circunstancia, señalada por algunos divulgadores, de que en la época en que se sitúa el primer contacto con los kayapó —los años cincuenta— los trajes espaciales tal y como los conocemos hoy todavía no existían.
La lectura antropológica y el paralelismo Dogon
Frente a esta interpretación, buena parte de la antropología académica sitúa el mito de Bep-Kororoti dentro de un patrón muy extendido en las cosmogonías amazónicas: la creencia en un mundo celeste del que desciende la humanidad y del que llegan, periódicamente, seres civilizadores que transmiten conocimiento —agricultura, fuego, técnicas de caza— antes de regresar a su origen. Bajo esta óptica, la "nave" y el "traje espacial" serían una relectura contemporánea, filtrada por la cultura popular del siglo XX, de arquetipos narrativos mucho más antiguos.

Resulta especialmente instructivo el paralelismo con otro caso célebre de la etnología convertido en bandera del paleocontacto: el de los dogón de Malí, un pueblo al que se atribuyó un conocimiento astronómico imposible de obtener sin telescopios, presuntamente transmitido por seres llegados de la estrella Sirio. Ese relato resultó ser, según investigaciones posteriores, el resultado de una combinación de metodologías problemáticas por parte de los antropólogos franceses que trabajaron con los dogón entre 1931 y 1956, sumadas a las interpretaciones del escritor Robert Temple, autor de El misterio de Sirio, ya en la década de 1970. La coincidencia temporal con la divulgación del caso Bep-Kororoti no ha pasado desapercibida para quienes piden prudencia antes de dar por buena la lectura extraterrestre.

Una leyenda que sigue viva
Más allá de qué lectura resulte más convincente, hay un dato que ninguna de las dos partes discute: la ceremonia del "bo" sigue celebrándose entre los kayapó como una de las expresiones rituales más singulares de la Amazonia, y el relato de Bep-Kororoti continúa transmitiéndose de generación en generación tal y como se ha hecho, según los propios antropólogos, durante milenios, mezclándose inevitablemente con otros mitos y elementos religiosos del pueblo. Sea cual sea su origen último, la leyenda del maestro que bajó del cielo para enseñar a sembrar la tierra sigue funcionando como lo que probablemente fue desde el principio: una explicación sagrada sobre cómo un pueblo aprendió a alimentarse a sí mismo.









Comentarios
Nos interesa tu opinión