Misterio en la Plaza Alta de Badajoz
Entre los soportales y edificios centenarios de la Plaza Alta de Badajoz circulan relatos de sombras, voces inexplicables y extraños sucesos que han alimentado una inquietante leyenda
La Plaza Alta de Badajoz es uno de los lugares más bellos, más emblemáticos y reconocibles del patrimonio monumental extremeño. Considerada durante siglos el auténtico centro neurálgico de la vida social, política y comercial de la ciudad, este espacio –de carácter monumental- situado junto a la Alcazaba musulmana pacense ha sido escenario de mercados, festejos populares, proclamaciones y recepciones reales desde la Edad Media. Su muy peculiar arquitectura, marcada por soportales, fachadas policromadas y una estructura irregular adaptada al terreno, la convierten en uno de los conjuntos urbanos más llamativos y singulares de España así como en uno de los principales símbolos históricos de la capital pacense.
Durante generaciones fue conocida simplemente como “La Plaza”, reflejo de la importancia capital que tuvo para la población de Badajoz desde que la ciudad comenzó a expandirse más allá de las murallas de la fortaleza árabe. Bajo sus arcos se instalaban comerciantes y mercaderes, mientras en sus alrededores se concentraban algunos de los edificios más importantes del casco antiguo, como la antigua casa consistorial, las Casas Coloradas o la Torre de Espantaperros. A finales del siglo XVII, además, una gran reforma impulsada por el Concejo trató de modernizar parte de este espacio siguiendo el modelo de las plazas mayores barrocas españolas, otorgándole parte del aspecto monumental que aún conserva.

Fenómenos sin explicación
Pero si por algo ha comenzado a llamar la atención en los últimos años, en un pequeño grupo de personas, más allá de su riqueza histórica y arquitectónica es por la creciente cantidad de testimonios que vinculan algunos de sus espacios más antiguos con fenómenos difíciles de explicar. Porque la Plaza Alta no solo guarda siglos de Historia en sus piedras: también acumula desde hace unos años una intensa fama de lugar misterioso entre vecinos, funcionarios, curiosos e investigadores de lo paranormal.
Uno de los focos principales de estas historias se sitúa en varios de los espacios públicos rehabilitados próximos al Arco del Peso, donde trabajadores y han relatado haber vivido episodios inquietantes ocurridos especialmente durante la noche. Algunos aseguran haber escuchado pasos en pisos superiores completamente vacíos, golpes secos en habitaciones cerradas o el ruido de muebles desplazándose cuando no había nadie dentro del inmueble. Otros hablan incluso de susurros que parecen surgir de los pasillos cuando el edificio queda en silencio absoluto.
“Hay tardes que estoy sola aquí y sé que arriba no hay nadie, pero se escuchan ruidos y arrastrar como una silla o algo. Cuando salgo también he visto una silueta o una sombra en la escalera” nos decía una testigo directa de estos hechos que no quiere ser identificada.

Se han hecho algunas pruebas paranormales y durante varias sesiones se registraron sonidos que posteriormente fueron analizados y que presentaban voces apenas perceptibles captadas por los dispositivos sin que hubiese ninguna fuente humana visible en el momento de la grabación.
Son precisamente estas psicofonías las que más han alimentado la leyenda negra del lugar. En algunos de esos audios, según afirman quienes han tenido acceso a ellos, pueden distinguirse murmullos tenues, palabras incompletas y sonidos imposibles de identificar claramente. Una de ellas la conseguimos en una investigación realizada en su interior y que a una pregunta mía decía: “¡Dios mío!” como una especie de lamento lejano.
Posibles explicaciones de estos fenómenos
Durante centenares de años, la Plaza Alta fue escenario de celebraciones multitudinarias, visitas de personalidades, corridas de toros, actos religiosos, recepciones institucionales, de concentraciones populares de todo tipo y de lamentables ejecuciones. Uno de los episodios más recordados tuvo lugar en 1525, cuando la llegada de Isabel de Portugal convirtió la plaza en epicentro de una gran recepción ciudadana con miles de personas abarrotando cada rincón del recinto.
Precisamente por ello, algunos investigadores de lo paranormal defienden la teoría de que determinados lugares con una fuerte carga emocional o histórica pueden conservar una especie de “energía residual” capaz de manifestarse en forma de sonidos, apariciones o alteraciones en el EMF.
Los relatos más inquietantes no terminan ahí. Algunos vecinos del entorno aseguran haber visto sombras cruzando ventanas de edificios a horas que no hay nadie o luces encendiéndose en habitaciones vacías o figuras fugaces reflejadas en cristales durante la madrugada. También hay quien afirma notar bruscas bajadas de temperatura en determinadas zonas interiores de algunos inmuebles antiguos sin causa aparente, un fenómeno habitualmente asociado dentro de la cultura paranormal a presuntas manifestaciones sobrenaturales.
Hoy, completamente restaurada y convertida en uno de los grandes reclamos turísticos de Badajoz, la plaza sigue maravillando por su enorme belleza monumental pero también por lo que se manifiesta en la misma que es una sensación difícil de describir, como si hubiera “algo” suspendido en el tiempo y que jamás terminó de marcharse.








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