Historia oculta
08/09/2026 (12:09 CET) Actualizado: 08/09/2026 (12:09 CET)

El Arca de la Alianza ¿en Inglaterra?

A finales del siglo XII, tras la Tercera Cruzada los templarios construyeron una capilla en Inglaterra para albergar ciertas reliquias sagradas que afirmaban haber encontrado, entre ellas ¡el Arca de la Alianza!

Josep Guijarro

Periodista y escritor

08/09/2026 (12:09 CET) Actualizado: 08/09/2026 (12:09 CET)
Llegó el Arca de la Alianza a Temple Herdewyke, en Inglaterra
Llegó el Arca de la Alianza a Temple Herdewyke, en Inglaterra

En el corazón de Inglaterra, muy cerca de Stratford-upon-Avon —la localidad natal de William Shakespeare—, se encuentra el pequeño pueblo de Temple Herdewyke. Su nombre no es casual: se lo deben a los templarios que se instalaron allí a finales del siglo XII, al regresar de la Tercera Cruzada. Según cuenta la tradición local, aquellos caballeros no volvieron con las manos vacías. Muchos cruzados regresaban de Tierra Santa con objetos que decían relacionados con el judaísmo y el cristianismo primitivos, pero la leyenda de Herdewyke va más lejos que la mayoría: sostiene que sus templarios trajeron consigo nada menos que el Arca de la Alianza, el cofre sagrado que según el Antiguo Testamento contenía las tablas de piedra de los Diez Mandamientos.

Lo llamativo es que la leyenda tiene un respaldo documental incómodo de ignorar. Los Feet of Fines, los registros contemporáneos de tierras y propiedades que se conservan de la época, muestran que en 1192 la capilla de la encomienda templaria de Herdewyke albergaba ciertos objets sacrés —"objetos sagrados", en el francés en que se redactaban entonces los documentos oficiales— traídos de Tierra Santa. Entre ellos figuraba un gran cofre de oro que coincide con la descripción bíblica del Arca.

El documento no da dimensiones ni la certeza de que se tratara del Arca bíblica. Solo confirma que peregrinos donaban sumas importantes a la encomienda para poder ver esos objetos, y que entre ellos había un cofre de oro llegado de Oriente Próximo.

Petra en el centro del enigma del Arca de la Alianza
Petra en el centro del enigma del Arca de la Alianza

El hallazgo junto a Petra

Para entender de dónde pudo salir ese cofre hay que retroceder hasta 1180, a las montañas de Sharat, en la actual Jordania meridional, muy cerca de la ciudad de Petra. Allí, al pie del monte Jebel Madhbah —que algunos investigadores identifican con el bíblico monte Sinaí—, los templarios construyeron una serie de fortificaciones para proteger la ruta comercial del Wadi Musa. Al frente de aquella guarnición estaba Ralph de Sudeley, un caballero inglés adinerado que se había unido a los templarios en Tierra Santa en 1182 y que sería, años más tarde, el fundador de la encomienda de Herdewyke.

Según el cronista árabe Numairi, que escribió hacia el año 1300, en la década de 1180 aquellos caballeros ingleses descubrieron una cueva sellada al pie de Jebel Madhbah. Dentro encontraron, en palabras del cronista, "tesoros de oro puro, piedras preciosas y un cofre dorado". Numairi no menciona el Arca de la Alianza de forma explícita, pero sí afirma que los caballeros consideraban aquellas piezas reliquias sagradas pertenecientes a los antiguos israelitas. Describe el cofre como una pieza de paneles de oro con dos figuras aladas en la tapa, similares a estatuas egipcias que él mismo conocía de su tierra natal —un detalle que, curiosamente, encaja con la teoría de que los artesanos hebreos que construyeron el Arca original, recién salidos de la esclavitud en Egipto, estuvieran influidos por el arte egipcio.

Los templarios habrían llevado un arca dorada a Temple Herdewyke
Los templarios habrían llevado un arca dorada a Temple Herdewyke

En 1189 los musulmanes reconquistaron la región y los templarios de Wadi Musa se vieron obligados a abandonar sus posiciones. Ralph de Sudeley regresó a Inglaterra, a su tierra natal de Herdewyke, en el condado de Warwickshire, a solo diecisiete kilómetros de lo que más tarde sería el lugar de nacimiento de Shakespeare. Y, según todo indica, no volvió solo: se trajo consigo el tesoro.

La capilla de Herdewyke y el tesoro que nadie encontró

De vuelta en Inglaterra, de Sudeley compró una gran finca y fundó allí una encomienda templaria para entrenar a nuevos reclutas de cara a una futura cruzada. Fue en la capilla de aquel complejo donde, según el registro de 1192 ya mencionado, se custodiaban los objetos sagrados llegados de Oriente Próximo.

El rastro del tesoro reaparece siglos después, de la mano de otro personaje inesperado: el explorador isabelino Walter Raleigh. Según relata el historiador de Warwickshire William Dugdale, que escribía en 1656, Raleigh visitó Herdewyke en 1600 y allí le contaron la vieja historia del tesoro escondido por los templarios. Se lo tomó lo bastante en serio como para convencer a su esposa, Elizabeth Throckmorton, de comprar la finca, y organizó una excavación en las ruinas de la encomienda. No encontró nada.

El explorador isabelino Walter Raleigh sedujo y desposó secretamente a lady Elizabeth Throckmorton para buscar el Arca
El explorador isabelino Walter Raleigh sedujo y desposó secretamente a lady Elizabeth Throckmorton para buscar el Arca

Tampoco lo encontraron los arqueólogos que, mucho después, volvieron a remover el terreno, ni las obras que en los últimos años se han hecho para construir una vivienda sobre las ruinas de la antigua capilla, hoy convertida en una casa de campo. Si el tesoro estuvo alguna vez allí, todo apunta a que ya no está.

La orden del Temple fue detenida y perseguida a partir de 1307, y formalmente disuelta por el papa Clemente V en 1312. En Inglaterra, sin embargo, el rey Eduardo II tardó en actuar contra ellos —según los registros locales, disfrutaba del respaldo financiero de la orden— y no fue hasta 1322, cuando los templarios de Herdewyke se negaron a seguir financiándolo, cuando ordenó su arresto y la confiscación de sus bienes. Solo una parte de esas posesiones, según la leyenda local, cayó en manos de la Corona.

El anticuario que decía saber dónde estaba el Arca

Cinco años después de su persecución, en 1327, los templarios que aún sobrevivían en la zona ayudaron a la reina Isabel de Francia a deponer a Eduardo II y coronar a su hijo. Como recompensa recibieron una amnistía, aunque no la devolución de sus tierras, y con el dinero reunido construyeron una nueva iglesia en el cercano pueblo de Burton Dassett. No les duró mucho la tranquilidad: en 1350 la Peste Negra acabó con toda la comunidad, templarios incluidos.

Aquella iglesia, hoy la parroquia de All Saints, sigue en pie y en uso. En 1890, durante unas obras de reparación, se retiró el yeso de sus muros interiores y aparecieron unas pinturas medievales ocultas durante siglos junto a la ventana del transepto norte: dos figuras coronadas, una sosteniendo una cabeza cortada y la otra un cáliz, acompañadas de inscripciones en latín ya muy deterioradas.

Los misteriosos murales en la iglesia de Burton Dassett que le dieron la pista aJacob Cove Jones de donde estaba el Arca
Los misteriosos murales en la iglesia de Burton Dassett que le dieron la pista a Jacob Cove Jones de donde estaba el Arca

Fue entonces cuando entra en escena Jacob Cove-Jones, un anticuario aficionado del cercano pueblo de Loxley. Convencido de que aquellas figuras representaban a los arcángeles Miguel y Gabriel —los mismos que, según la tradición hebrea, decoraban la tapa del Arca y que se identificaban con las dos estrellas de la cola de la Osa Mayor, Benetnash y Mizar—, Cove-Jones llegó a afirmar públicamente que los frescos escondían un código para localizar el tesoro templario. Y fue más allá: aseguró haberlo descifrado y saber exactamente dónde estaba escondido.

El cifrado de la Ventana de la Epifanía

Cove-Jones nunca reveló su hallazgo. Enfrentado con otros historiadores locales que ridiculizaban sus teorías, decidió guardar el secreto. En 1906 le diagnosticaron tuberculosis y, sabiendo que le quedaba poco tiempo de vida, dejó en su lugar un enigma: encargó a un amigo artista, Bernard Lamplugh, el diseño de una vidriera que donó a la pequeña capilla del pueblo de Langley, a pocos kilómetros de allí. Según sus propias palabras a sus allegados, aquella ventana contenía las pistas que llevaban a "un descubrimiento de enorme importancia".

La llamada Ventana de la Epifanía, terminada en 1906, no representa ninguna escena del Antiguo Testamento, como cabría esperar, sino la Epifanía del Nuevo Testamento: los Reyes Magos ante el Niño Jesús, guiados por una estrella hasta Belén y, según la tradición, hasta el pesebre exacto gracias al canto de un gallo a medianoche. En la parte superior de la vidriera aparecen dos estrellas superpuestas, un gallo, un fénix resurgiendo de las llamas y, junto a él, las letras B y M —las iniciales de Benetnash y Mizar—.

Phillips relaciona la vidriera de la Epifanía con el faro del Fénix
Phillips relaciona la vidriera de la Epifanía con el faro del Fénix

Sobre la colina que domina Temple Herdewyke se levanta una torre circular conocida como el Faro del Fénix (Phoenix Beacon), construida por los propios templarios y bautizada así porque en la Edad Media aquellas colinas se llamaban Phoenix Hills, por las hogueras de señales que se encendían en lo alto. Su forma —tejado cónico, muros almenados— recuerda de manera notable al cofre central que sostiene uno de los Reyes Magos en la vidriera.

Siguiendo las estrellas hasta Chapel Green

Graham Phillips, investigador y escritor británico especializado en misterios históricos, decidió tomarse en serio el enigma de Cove-Jones. Junto a sus colaboradores estadounidenses Jodi y Graham Russell, dedujo que la vidriera señalaba tres cosas: un lugar de observación —el Faro del Fénix—, un momento preciso —la medianoche del 6 de enero, noche de Epifanía— y una dirección, marcada por la línea que trazan las dos estrellas de la cola de la Osa Mayor.

LA NOCHE DE LA OBSERVACIÓN

La noche del 6 de enero de 2004, Phillips y los Russell subieron a lo alto de las Burton Dassett Hills y esperaron a la medianoche. Cuando las estrellas Benetnash y Mizar quedaron casi verticales sobre el horizonte, la línea señalaba una colina lejana identificada al día siguiente como Napton Hill, y a sus pies, un pequeño paraje llamado Chapel Green.

Chapel Green debe su nombre a una capilla medieval de la que apenas quedaba, en tiempos de Cove-Jones, un pozo sagrado. En el siglo XIX ese pozo fue sustituido por una fuente de agua victoriana de ladrillo rojo, con un nicho abovedado que —según Phillips— recuerda de forma llamativa al arco de ladrillo rojo que aparece bajo la estrella en la Ventana de la Epifanía.

La losa de piedra con los simbolo hallada cerca de Chapel Green
La losa de piedra con los simbolo hallada cerca de Chapel Green

Una losa de piedra que nadie ha sabido leer

Phillips organizó una prospección geofísica de la zona de la fuente. No apareció nada de oro ni ningún objeto que recordara al Arca. Pero la investigación reveló un dato inesperado: en 1949 se habían ensanchado la carretera y construido varias viviendas junto a la fuente, y los escombros de aquellas obras se habían usado para desviar el cauce de un arroyo cercano. Fue precisamente en la orilla de ese arroyo donde apareció una losa de piedra arenisca, de poco más de dos centímetros de grosor y unos cuarenta y cinco centímetros de largo, con trece símbolos grabados que no coinciden con ningún alfabeto ni sistema de escritura conocido.

La losa se llevó al Museo Británico de Londres para su estudio. Al no ser un material orgánico, no pudo datarse por radiocarbono, y como había sido removida de su ubicación original —y usada como relleno de obra—, tampoco fue posible fecharla por métodos arqueológicos convencionales. Lo único llamativo, según Phillips, es que la arenisca de la losa es del mismo tipo —arenisca arenítica— que la roca de Jebel Madhbah, el monte junto a Petra donde el cronista Numairi situaba el hallazgo original del cofre dorado. Es, en el mejor de los casos, un indicio circunstancial; en el peor, una simple coincidencia geológica.

Si el tesoro de los templarios de Herdewyke llegó alguna vez a Chapel Green, todo indica que ya no está allí. Lo más probable es que, si algo se encontró durante las obras de 1949, acabara en manos de los propios obreros sin que nadie llegara a saber qué era. Según cuenta el propio Phillips, en la actualidad sigue intentando localizar a los descendientes de aquellos trabajadores, por si alguno de ellos conserva algún recuerdo —o algún objeto— de lo que se removió aquel año bajo la fuente de Chapel Green.

LO QUE SOSTIENE LA HIPÓTESIS · LO QUE LA DEBILITA

A favor: un registro documental de 1192 que menciona un cofre de oro; una crónica árabe independiente que describe un hallazgo similar en la misma década y lugar; una losa con escritura no identificada hecha del mismo tipo de piedra que Jebel Madhbah.

En contra: ninguna de las tres excavaciones realizadas —la de Raleigh en 1600, la arqueológica moderna y la geofísica de Phillips— ha encontrado rastro físico del cofre; el propio cifrado de Cove-Jones depende de una interpretación posterior de símbolos ambiguos, y el anticuario nunca llegó a demostrar en vida que su lectura fuera correcta.

Con todo, sigue siendo una de esas historias en las que cada pieza —el registro medieval, la crónica árabe, los frescos ocultos, la vidriera cifrada, la losa sin explicación— encaja de forma demasiado ordenada como para descartarla sin más, y demasiado incompleta como para darla por resuelta. Puede que el Arca de la Alianza nunca saliera de Jerusalén. Puede que los templarios de Herdewyke trajeran a Inglaterra un tesoro egipcio sin relación con Moisés. O puede, como sostiene Phillips, que en algún lugar del condado de Warwickshire siga enterrado uno de los objetos más buscados de la historia.

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Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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