Misterios

Mensajes de despedida... ¿de otro lado?

El periodista David Cuevas acaba de publicar 'Los Sin Rostro' (Luciérnaga, 2021), un trabajo en el que el autor desvela más de cien historias de encuentros con entidades desconocidas. Cuevas lleva años recogiendo testimonios inéditos de esta clase de experiencias. En Espacio Misterio os ofrecemos sólo algunas como muestra de lo que podréis encontrar en las páginas del libro.

29 de septiembre de 2021 (12:50 CET)

Mensajes de despedida... ¿de otro lado?
Mensajes de despedida... ¿de otro lado?

Taida Betram es una chica discapacitada. Tiene una lesión medular y necesita una silla de ruedas. Vive sola y en su casa suceden cosas extrañas de manera habitual. En la conversación que mantenemos, se muestra muy sincera y tranquila.

—Todo comenzó cuando empecé a vivir en la casa de mi abuela en Jaca (Huesca). En 2014 me vine a vivir aquí. De hecho, en esta misma casa falleció mucha gente de mi familia. Incluso alguna muerte violenta: mi abuelo, que tenía una hemiplejia, lo llevaba muy mal y se pegó un tiro. Mi tía Carmencita, que era mi madrina, también murió aquí. También mi bisabuela Antonina. Luego, aunque no en esta misma casa, mi tío Javier que era guardia civil también murió, muy joven, tras dispararse su arma mientras la limpiaba en su camareta.

Sentí una mano en el hombro. Una mano cálida, que parecía acompañarme y darme consuelo. Me giré y no había nadie

Interior Cuevas 1
 

—¿Qué cosas suceden en tu casa, Taida?

—Se caen cosas. El otro día me despertó un golpe en el armario. Y lo de los golpes es bastante habitual. A veces suenan golpes secos. Toc, toc, toc. Mi perrita Laika ladra al pasillo. En otra ocasión se me cayeron unas baldosas de la cocina. Otra vez, estando mi madre, dejó una cazuela en la encimera y se precipitó contra el suelo. Se puso muy nerviosa, pero yo la tranquilicé. Creo que en esta casa hay algo.

—Pero ¿has sentido algo más allá de la caída de objetos o los golpes?

—Mira, un día volvía del hospital por una infección de rodilla, pero no terminaron de curarme y me fui a casa deprimida. El caso es que, estando en la cocina tomando un Cola Cao, sentí una mano en el hombro. Una mano cálida, que parecía acompañarme y darme consuelo. Me giré y no había nadie. Pero no sentí miedo, sino protección.

Mientras estaba en la cama, vi a mi abuela fallecida sonriéndome, hasta que desapareció

—¿Has llegado a ver a esas presuntas presencias?

—Sí. Una vez estaba acostada en la cama, en duermevela, y vi a mi abuela sonriéndome. La vi y se fue. Le dije que no se fuera, pero lo hizo. La vi muy nítida, con muy buen semblante. Se fue hasta lo oscuro y desapareció.

—¿Es la única ocasión?

—No. Otras veces, con el rabillo del ojo, he llegado a ver, tanto yo como algún amigo que ha pasado la noche en casa, una silueta vestida de blanco alta y morena, pero no le veo el rostro. Creo que es mi tía Carmencita. A veces se ve otra figura negra, oscura. También alta y delgada.

—¿Y a esas figuras que ves, Taida, llegas a verles el rostro?

—No. Las veo frontalmente, a tres o cuatro metros. Pero no les veo la cara.

—¿Hubo más episodios similares?

—En otra ocasión, me acosté sabiendo que tenía que levantarme temprano. El caso es que me desperté viendo la figura de una señora mayor a los pies de mi cama, animándome a levantarme.

—¿Y cómo reaccionaste?

—Al principio algo inquieta, pero luego lo agradecí, ya que tenía que levantarme y aquello me despertó en el momento idóneo. Es que soy muy dormilona…

—Y práctica…

—También (risas).

—¿Cuál es la explicación que das a todo esto que te pasa?

—Son los muertos de mi familia, que están aquí, y me hacen compañía a su manera. Y no me hacen mal.

Le pedí por favor que se fuera debido al pánico que aquella presencia me produjo

"ROSA, SOY YO"

De la siguiente historia tuve conocimiento gracias a El Dragón Invisible, dirigido por el periodista Jesús Ortega. Programa radiofónico de Radio Castilla-La Mancha que yo mismo produje durante dos temporadas. Fue durante el transcurso de la grabación de una emisión especial con público, realizada el 13 de febrero de 2020 en la Delegación Territorial de la ONCE en Castilla-La Mancha, en Toledo. En dicha emisión intervino Cristina Chamorro, trabajadora del centro, con quien pude hablar posteriormente. Me puse en contacto con ella y me contó una serie de experiencias oníricas bastante curiosas relacionadas con su padre, fallecido el 23 de julio de 1989 a los cuarenta y cinco años tras padecer un trágico cáncer durante cinco años.

Lo realmente impactante es lo que le sucedió a mi madre

"Yo nunca había leído nada sobre estos temas", me contaba Cristina. Según ella: "Una noche, estábamos solos en casa mi hermano y yo. Tras tener un extraño sueño con mi padre ya fallecido, que viví como muy real, me levanté y mientras estaba duchándome empecé a escuchar música clásica. A mi padre le encantaba ese estilo musical, e interpreté que era cosa suya, por lo que le pedí por favor que se fuera debido al pánico que aquello me produjo, y la música cesó. Fue él, estoy convencida. Pero lo realmente impactante es lo que le sucedió a mi madre, siendo ella muy escéptica con estas cuestiones".

Me puse en contacto con ella, de nombre Rosa Muñoz Parada, y accedió a contarme su increíble experiencia de primera mano. Pese a sus setenta años, tiene una memoria envidiable. Según ella, "cuatro años después de morir mi marido, José Chamorro Escobedo, en la noche de difuntos de 1993, llegué a mi casa de Vallecas, por la zona de Asamblea de Madrid, y me acordé de él. Empecé a llorar, le echaba mucho de menos y, además, había enviudado con tres hijos a mi cargo. Finalmente, me acosté y me costó mucho dormirme. Serían sobre las doce de la noche cuando sonó el teléfono supletorio que tenía en mi mesilla de noche. Lo cogí extrañada y escuché una voz muy distorsionada: ‘Soy yo, soy yooo, soy yoooooo’.  El caso es que no pasó ni un minuto cuando volvió a sonar el teléfono…".

Sentí como que alguien se metía en la cama conmigo. Es entonces cuando tuve la certeza de que era él, mi marido fallecido

El relato de Rosa continúa: "Lo cogí de nuevo y me dijo lo mismo, de manera bastante escalofriante: ‘Soy yo, soy yooo, soy yoooooo’. Volví a colgar, esta vez bastante aterrada. Mi hija Elena vino a mi habitación preguntándome quién llamaba y, aunque no estaba segura, creí intuir yo misma la respuesta. Se fue, volví a acostarme y pensé que, si antes me estaba costando dormirme, ahora sería aún peor. El caso es que lo intenté, pero noté algo extraño. Sentí como que alguien se metía en la cama conmigo. Es entonces cuando tuve la certeza de que era él. Intenté encender la luz, pero no pude”.

Interior Cuevas 2
 

Y la cosa no acabó ahí. Según nuestra protagonista: "Lo cierto es que estaba tranquila. Le toqué, buscando una hendidura que él tenía en las sienes debido a la virulencia de su cáncer y me di cuenta de que desprendía como dos puntos de luz que se correspondían con sus ojos. Estaba a mi derecha, de perfil, mirándome a mí. Distinguía su silueta, pero no sus rasgos. No le vi el rostro. De hecho, tuve la percepción, o así lo creí, de que se quedó mirando a mi hija pequeña en su habitación. Minutos después noté como se iba. Traté de encender la luz de nuevo, y esta vez sí que lo conseguí. Yo misma no daba crédito a lo que acababa de suceder".

¿Cómo termina esta historia? Rosa nos lo cuenta: "Tiempo después, por ciertos motivos relacionados con el duelo por mi marido, fui a un psicólogo. Era joven, tendría unos cuarenta años. Le conté lo que me había sucedido y su respuesta fue que esas cosas pasaban a veces, y que incluso en ocasiones se manifestaban a través de la televisión", refiriéndose a un fenómeno conocido como el de las psicoimágenes, es decir, la posibilidad de capturar rostros o siluetas de seres aparentemente fallecidos a través de la pantalla del televisor. Al preguntarle a Rosa si pudo tratarse de un sueño o similar, esta lo negó tajantemente. "Fue absolutamente real, y posiblemente su manera de despedirse de mí", sentenciaba.

También tuve ocasión de hablar con Elena Chamorro, hija de Rosa y hermana pequeña de Cristina. Ella, que tenía catorce años por aquel entonces y se encontraba en la casa aquella noche (de hecho fue quien preguntó a su madre acerca de aquellas llamadas nocturnas), me confirmó el relato de su madre punto por punto, pues es algo que "no se me va a olvidar en la vida", me dijo. De hecho, esa misma noche soñó con su padre. Un pequeño apunte más según Elena. Cuando su madre descolgó, al parecer, la voz de su padre la llamó por su nombre. Dijo: "Rosa, soy yo".

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Portada de Los Sin Rostro (Luciérnaga, 2021), el nuevo trabajo del periodista David Cuevas

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