Misterios

Presidente de Estados Unidos tras el Bigfoot

El vigésimo sexto Presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, escribió un libro en el que dio cuenta del encuentro mortal de dos cazadores con una extraña criatura que hoy identificaríamos como el Bigfoot.

irene foto autor

Periodista e Historiadora

2 de septiembre de 2021 (10:55 CET)

Presidente de Estados Unidos tras el Bigfoot
Presidente de Estados Unidos tras el Bigfoot

Aunque los encuentros con un Bigfoot no tienen por qué resultar mortales, este sí que lo fue, al menos para uno de los dos protagonistas de la historia. El otro se encargó de relatar lo sucedido al presidente de EE UU Theodore Roosevelt, quien, como buen apasionado de lo sobrenatural, no dudó en recogerlo en su libro The wilderness hunter (1890). El superviviente, en palabras de Roosevelt, era "un viejo y canoso cazador de montaña llamado Bauman. Como superviviente de la historia, no pudo evitar estremecerse al contármela. Al cazador le vino grande el horrible desenlace de su amigo".

Las huellas de la bestia eran bastante claras

Según Theodore Roosevelt, que ocupó la presidencia estadounidense entre 1901 y 1909, "cuando ocurrió el suceso, Bauman estaba cazando con un compañero en las montañas que dividían la cabecera del río Wisdom (Montana). Sin mucha suerte, decidieron subir a un paso particularmente salvaje y solitario por el que corría un pequeño arroyo. Esta zona tenía ‘mala reputación’, porque el año anterior un cazador solitario había sido asesinado allí, aparentemente por una bestia desconocida. Sus restos, a medio comer, fueron encontrados posteriormente por unos mineros que lo habían visto con vida la noche anterior al suceso". Pero esta circunstancia no importó nada a los protagonistas de la siguiente historia, que decidieron establecer su campamento en la zona para cazar durante varios días. 

"CAMINABA A DOS PATAS"

Las cosas empezaron a torcerse cuando los dos cazadores llegaron la primera noche al campamento. Allí, "se sorprendieron al descubrir que durante su ausencia algo, aparentemente un oso, había visitado el sitio y había rebuscado entre sus cosas, esparciendo el contenido de sus mochilas y destruyendo el cobertizo. Las huellas de la bestia eran bastante claras, pero al principio no les prestaron mucha atención y se ocuparon de reconstruir el cobertizo, colocar sus camas y encender el fuego. El compañero de Bauman comenzó a examinar las huellas más de cerca. Tras observarlas detenidamente, comentó: 'Bauman, ese oso ha estado caminando sobre dos patas'"

Al día siguiente, al volver al campamento, comprobaron que el cobertizo había sido derribado nuevamente

¿Y si no era un oso? Pero ¿qué otra posibilidad había? Los dos amigos comenzaron a hacerse preguntas, aunque, tras un largo debate, acabaron llegando a la conclusión de que no podían ser huellas humanas. Con esa duda se fueron a dormir. Pero, de repente, "a medianoche, Bauman se despertó con un ruido. En el ambiente había un fuerte olor, como a bestia salvaje. El cazador detectó una gran sombra en la entrada del cobertizo e intentó disparar con su rifle, pero falló". La misteriosa figura no se sobresaltó con el disparo. Tal como había venido, se esfumó y, como narra Roosevelt, todo volvió a una misteriosa normalidad: "Después de esto, los dos hombres durmieron un poco junto al fuego y no volvieron a escuchar nada más. Sin embargo, al día siguiente, al volver al campamento, comprobaron que el cobertizo había sido derribado nuevamente. El visitante del día anterior había regresado y, con furia desenfrenada, había vuelto a destrozar todo su equipo. Las huellas, de nuevo marcadas sobre el terreno, eran muy claras y, fuera lo que fuese, se había alejado con solo dos piernas". Todo se repetía de la misma manera.

Alrededor de la medianoche, el extraño ser bajó por el bosque

La situación fue empeorando conforme pasaba el tiempo: "Los hombres, profundamente inquietos, mantuvieron el fuego vivo durante toda la noche mientras se turnaban para hacer guardia. Alrededor de la medianoche, el extraño ser bajó por el bosque, cruzó el arroyo y se quedó en la ladera durante casi una hora. Podían oír las ramas crujir mientras se movía y varias veces emitió un gemido áspero, chirriante y prolongado, un sonido peculiarmente siniestro. Al estar el fuego encendido, no se acercó. Por la mañana, los dos cazadores decidieron abandonar el valle esa misma tarde. Sin embargo, por primera vez al salir del campamento, tuvieron la desagradable sensación de que alguien los seguía". 

Desgraciadamente, la historia no acabó aquí, como bien hubiera deseado Bauman. "De regreso, sus temores les parecían absurdos, acostumbrados como estaban a enfrentarse a todo tipo de peligros. Bauman se ofreció a recoger las tres trampas para castores que quedaban en el estanque mientras su compañero recogía el campamento (…) Cuando emprendió el camino de regreso, notó, con cierta inquietud, lo bajo que estaba el sol. Al llegar al borde del pequeño claro donde estaba el campamento, gritó a su compañero, pero no obtuvo respuesta. La fogata se había apagado, aunque el fino humo azul todavía se elevaba en espiral hacia el cielo".

ENCUENTRO MORTAL

Bauman se temió lo peor, y desgraciadamente acertó de pleno: "Cerca estaban los paquetes envueltos y listos para llevar. Al principio, Bauman dio un paso adelante y posó su mirada en el cuerpo de su amigo, estirado junto al tronco de un gran abeto caído. Al acercarse, el cazador descubrió, horrorizado, que el cuerpo aún estaba caliente, pero que el cuello estaba roto. Su compañero tenía cuatro grandes marcas de colmillos en la garganta. Las huellas de la bestia desconocida se encontraban impresas en la tierra blanda (…) La criatura no se había comido el cuerpo, pero aparentemente lo había machacado. Después había huido a las silenciosas profundidades del bosque". El desconcierto de Bauman era atroz: "Creyendo que la criatura con la que tenía que lidiar era algo mitad humano y mitad demonio, el cazador abandonó todo menos su rifle y huyó lo más rápido que pudo hasta estar fuera del alcance de la bestia".

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