SETI analiza pulsos láser de origen extraterrestre
Un ingeniero de la NASA detecta pulsos de luz inexplicables provenientes de estrellas cercanas y plantea una inquietante posibilidad: podrían ser artificiales
En lo que podría ser el descubrimiento más intrigante desde la señal ¡Wow! de 1977, el exingeniero de la NASA Richard Stanton ha detectado pulsos láser inexplicables procedentes de múltiples estrellas cercanas, incluyendo 51 Pegasi, famosa por albergar el primer exoplaneta descubierto.
Las señales, repetitivas, ultrarrápidas y con una precisión matemática, no se parecen a ningún fenómeno natural conocido.
El artículo científico "Anomalous optical pulses detected from nearby solar-type stars" publicado en la revista Acta Astronautica documenta dos pulsos rápidos idénticos de una estrella similar al Sol a unos 100 años luz de la Tierra, que coinciden con pulsos similares de otra estrella observados hace cuatro años. Señales ópticas repetitivas que desafían cualquier explicación convencional.
El hallazgo es inquietante y promete agitar discretamente los cimientos de la búsqueda científica del llamado SETI óptico, la vertiente de la investigación que busca signos de vida inteligente en el espectro de la luz visible, en lugar de en las ondas de radio.
El SETI óptico se remonta a un estudio realizado en 1961 por Schwartz y Townes quienes pensaron que la mejor manera en la que una inteligencia extraterrestre podría enviar una señal óptica que eclipsara a su estrella sería mediante intensos pulsos láser de nanosegundos. Otras búsquedas SETI ópticas buscan señales en longitudes de onda infrarrojas, espectros de alta resolución o luz visible.

Utilizando el telescopio de 76,2 cm del Observatorio Shay Meadow en Big Bear, California, y un fotómetro multicanal de su propio diseño, capaz de registrar fluctuaciones luminosas en escalas de microsegundos, este ingeniero retirado del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, ha detectado una serie de pulsos de luz que, hasta el momento, no se corresponden con ningún fenómeno astrofísico conocido. No es un friki. Stanton ha participado en las misiones Voyager y como director de Ingeniería de la misión GRACE (Experimento de Recuperación de Gravedad y Clima). Desde su jubilación, se ha dedicado a la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre tratando de captar señales ópticas artificiales, breves destellos que podrían ser enviados por civilizaciones avanzadas que dispongan de tecnología láser interestelar.
Y algo ha encontrado.
El 14 de mayo de 2023, mientras observaba la estrella HD 89389 —una enana amarilla similar al Sol, situada a más de 170 años luz de distancia— su instrumento registró dos pulsos de luz gemelos, separados por exactamente 4,4 segundos. No se trataba de un error instrumental ni de una interferencia terrestre. La simetría de los destellos, su intensidad, y lo más importante, su brevedad —apenas 0,2 segundos en total— hacían pensar en un origen artificial.
Lo sorprendente es que no se trataba de un caso aislado. Al revisar observaciones anteriores, Stanton localizó un evento similar en los datos de 2019, esta vez procedente de la estrella 51 Pegasi, célebre por albergar el primer exoplaneta confirmado. En enero de 2025, un tercer evento con la misma estructura fue detectado en otra estrella del catálogo. Tres detecciones, en años distintos y desde diferentes regiones del cielo, pero todas compartiendo una cadencia luminosa inexplicable.

El estudio descarta que las señales fueran causadas por objetos en la atmósfera terrestre, como satélites o meteoros. También se eliminó la posibilidad de que se tratara de fluctuaciones naturales de las propias estrellas, ya que ninguna estrella conocida puede producir pulsos tan rápidos y perfectamente repetitivos. Ni siquiera las supernovas o las estrellas variables pueden hacerlo en estas escalas de tiempo. Tampoco se identificó ninguna correlación con errores del sistema o interferencias electrónicas.
El propio Stanton reconoce que no puede asegurar un origen alienígena. Pero tampoco puede explicar, desde un punto de vista físico conocido, cómo se producen esos pulsos. En su artículo, señala varias hipótesis especulativas: desde haces láser empleados en propulsión interestelar hasta balizas de comunicación diseñadas para ser detectadas. Incluso considera la posibilidad de que algún objeto en nuestro sistema solar —quizá un artefacto desconocido— esté modulando la luz de fondo de estas estrellas al pasar frente a ellas. En otras palabras, el origen de estas señales podría estar mucho más cerca de casa de lo que imaginamos.

El estudio propone un enfoque para verificar estos hallazgos: construir redes de telescopios ópticos sincronizados en diferentes ubicaciones geográficas. Esta triangulación permitiría calcular la distancia y velocidad de los objetos que generen estos pulsos, en caso de que vuelvan a repetirse. Por ahora, sin embargo, no se han detectado nuevos eventos similares.
A pesar de las dudas, lo cierto es que estos pulsos ópticos cumplen varios de los criterios que los científicos del SETI consideran “candidatos serios” a una tecnofirma: son repetitivos, estructurados, breves, y no se ajustan a ninguna fuente natural conocida. Como dice Stanton en una entrevista, “esto es exactamente lo que el SETI fue diseñado para encontrar: anomalías persistentes que no encajan en lo que entendemos del universo”.
Queda por ver si otras instituciones astronómicas intentarán replicar sus observaciones o si este hallazgo quedará, como tantos otros, en los márgenes de la ciencia establecida. Pero una cosa es segura: en la vasta quietud del cosmos, hay luces que parpadean. Y tal vez, solo tal vez, alguien nos está intentando decir algo.








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