Claves para aprovechar las coincidencias
Coincidencias, la lógica oculta del Universo. Averigua como aprovechar en tu beneficio las coincidencias significativas y los campos morfogenéticos
A mediados de septiembre, la Policía de Miami confirmaba el hallazgo de un cadáver en las inmediaciones del parque Bicentenario de Biscayne Bay. Se trataba del cuerpo de un indigente que flotaba en las aguas sin presentar signos de violencia. Hasta ahí, nada extraordinario. Decenas de personas mueren en la calle anualmente en las grandes ciudades y no ocupan, lamentablemente, ni unas líneas en los periódicos. Lo sorprendente de este hallazgo es que en ese lugar se estaba filmando uno de los episodios de la popular serie policíaca de televisión 'Crime Scene Investigation, CSI Miami'.
De hecho, el cadáver fue detectado por un equipo de producción del programa mientras sobrevolaba el parque en helicóptero para realizar una toma aérea de uno de los escenarios de un «crimen ficticio». Curioso, ¿verdad?
Tanto, que el oficial Joel González dijo a la prensa que el descubrimiento del cadáver por la producción del programa de CBS era algo «inusual» y lo definió como «una escena del crimen en la escena de CSI».
Lo más llamativo es que una semana antes la policía había descubierto otro cadáver momificado en un edificio de Los Ángeles, California, donde se grababa otro episodio de la serie hermana 'CSI: Nueva York'. ¿Casualidad? ¿Cuál es la probabilidad de que una serie de televisión dedicada a la resolución de crímenes halle dos cadáveres en un lapso tan corto de tiempo? Naturalmente, es muy escasa, lo cual convierte estos hallazgos en una coincidencia significativa.
«A todos nos gustan las casualidades —aseguran Martin Plimmer y Brian King en su libro Más allá de la coincidencia (Ed. Robinbook)—. Su orden secuencial, su simetría, nos seduce (...) y cuanto más trascendental es, más aumenta la sensación de que se trata de una señal, de una indicación».
En efecto, las coincidencias sugieren alguna forma de control, como si la mano de Dios o de una entidad superior estuviera interviniendo para dar sentido al caos que reina ocasionalmente en nuestras vidas.
Porque lo cierto es que todos estamos expuestos a las coincidencias sin importar quiénes somos ni cuáles son nuestras convicciones. ¿Quién no ha pensado alguna vez en una persona y, en ese mismo instante, esta le ha llamado por teléfono? ¿Qué quieren decirnos las coincidencias? ¿Para qué sirven?

El psicoanalista suizo Carl Gustav Jung y el físico cuántico Wolfgang Pauli coinciden en que «existe en la naturaleza un principio de vinculación no causal que se manifiesta a través de las coincidencias significativas». Existe una estrecha relación entre acontecimientos interiores y exteriores que vivimos. Esta relación no puede ser explicada por el principio de causa y efecto, pero, sin embargo, tiene sentido para el observador.
El mundo es un pañuelo
Por ejemplo. En 1914, una mujer alemana realizó seis fotos a su hijo y le encargó a una amiga de Estrasburgo que revelara el carrete. A causa de la guerra mundial no volvió a verla y tampoco pudo localizar las fotografías. Dos años más tarde adquirió una película cerca de Fráncfort y fotografió con ella a su hija recién nacida. Al positivar las exposiciones comprobó asombrada que sufrían una doble exposición; el carrete que había usado era, curiosamente, el mismo que había perdido en Estrasburgo.
¿Qué es lo más improbable que podamos imaginar? ¿Ganar más de una vez la lotería? ¿Que nos alcance un rayo en varias ocasiones?
De todas estas situaciones hay ejemplos reales. En la localidad italiana de Tarento, sin ir más lejos, tres generaciones de la familia Primarda han fallecido en el mismo lugar a causa de electrocución por efecto de un rayo. El primero murió en 1899. Treinta años más tarde su hijo falleció cuando se hallaba en el mismo sitio, en el patio trasero de la casa y, finalmente, en 1949, el nieto de la primera víctima e hijo de la segunda, se convirtió en el tercer fallecido por el asombroso y regular rayo. El mensaje en este caso es evidente: si eres miembro de la familia Primarda no salgas al jardín porque puedes morir fulminado.
Las coincidencias significativas fueron bautizadas por Jung como sincronicidad porque este término incluye la experiencia humana subjetiva de dos eventos fortuitos que superan el simple azar.
Beneficios de la «casualidad»
Un suceso sincrónico suele ejercer un importante efecto de transformación sobre su protagonista o sobre un observador en un momento trascendental de sus vidas. Puede comunicarse a través de sueños, visiones o coincidencias. Este es el caso del escritor William S. Burroughs, que mantenía un diario con la descripción de sus sueños, un álbum con recortes de prensa y anotaciones de sucesos cotidianos para hallar «causalidades». Burroughs estaba convencido de que la vida está preñada de coincidencias y creía que el hecho de incrementar la percepción de las mismas podía encerrar claves para nuestro desarrollo espiritual. «Todos los objetos hablan —solía decir—; el azar no existe. Todo está escrito».
Un estudio efectuado por la Universidad de Manitoba demuestra que las coincidencias son buenas para la salud, ya que contribuyen a proporcionar un escenario más agradable, organizado y estimulante. El doctor Stephen Hladkyj comprobó, además, que las personas con mayor sensibilidad psicológica son más propensas a los fenómenos relacionados con la sincronicidad.

Las personas más sensibles a las coincidencias son generalmente más confiadas y optimistas. Con cada nueva experiencia reafirman su confianza en sí mismas y se sienten más cómodas por tener la sensación de ser elegidas. No en vano, muchos de ellos, atribuyen su «suerte» a una fuerza trascendental que controla su destino. Cuanto más sorprendente es la coincidencia, más estremecedora es la sensación de que unos «dedos invisibles» nos manejan a su antojo.
Un buen ejemplo podría ser el caso de la señora Willard, un ama de casa estadounidense que perdió las llaves de su casa de Berkeley (California). Cuando se disponía a llamar a un cerrajero, apareció el cartero con un envío para ella. El sobre contenía ¡un duplicado de la llave que su hermano se había llevado a Washington accidentalmente!
El significado de lo casual
Según la filosofía védica, dos son los síntomas del estado de iluminación. El primero es dejar de sentirnos preocupados. El segundo es hallar «coincidencias significativas» en nuestra vida. Las sincronicidades nos conducen hacia la posibilidad de experimentar lo milagroso.
Para el médico y filósofo Deepak Chopra, un milagro es justamente un hecho sincrónico en el cual el lapso de tiempo entre la intención de que algo ocurra y su manifestación se ha reducido notablemente. Es un indicativo de que en nuestro interior se está produciendo una transformación hacia un nivel de conciencia más elevado. «En esto consiste, precisamente, la espiritualidad», asegura. Y es que para muchos psicólogos, las coincidencias no suceden en vano, sino que están llenas de significado. Algunos, sin embargo, objetan que cuando nos paramos a buscar sincronicidades, en realidad lo que hacemos es estimular una atención selectiva. En otras palabras: nos limitamos a aquello que nos preocupa en esos instantes. Así, si una mujer está preocupada por un retraso en su menstruación, observará un mayor número de mujeres embarazadas que si no tuviera esa preocupación.

Nuestro cerebro procesa millones de conexiones cada segundo. Rechaza la mayoría de las informaciones que le llegan y se queda solo con algunos elementos para averiguar si, con su suma, consigue mayor información que con sus partes por separado. Pero, en cualquier caso, esto no permite explicar coincidencias como las anteriormente citadas. Por ello, algunos hablan abiertamente de fenómeno paranormal.
La doctora Susan Blackmore tiene una visión mucho más escéptica. En su opinión, el ser humano tiene una tendencia innata a ver conexiones extrañas en los sueños o la influencia de los astros. Sin embargo, según Blackmore, las coincidencias son conexiones ya existentes. Somos nosotros quienes les ponemos una etiqueta profética.
Pero podría estar equivocada. El mundo actual es menos supersticioso, aunque sigan existiendo reductos con mayor tendencia a los fenómenos mágicos. El misterio y la grandeza de las coincidencias parecen sugerir que todo está interconectado y que su incursión en nuestras vidas provoca un «efecto mariposa» de consecuencias inimaginables.
Campos morfogenéticos
En esa línea de trabajo está el biólogo y parapsicólogo Rupert Sheldrake con su teoría de los campos mórficos o morfogenéticos. Estos llevan información, no energía, y son utilizables a través del espacio y del tiempo sin pérdida alguna de intensidad después de haber sido creados. Son campos no físicos que ejercen influencia sobre sistemas que presentan algún tipo de organización inherente.
«Los campos mórficos —asegura— funcionan modificando la probabilidad de sucesos puramente aleatorios. En vez de una gran aleatoriedad, de algún modo la enfocan, de forma que ciertas cosas ocurren en lugar de otras».
Recientemente, Sheldrake publicó los resultados de un experimento realizado en la Universidad de Cambridge. El investigador propuso a los sujetos que trataran de adivinar quién —entre cuatro posibilidades— iba a llamarles por teléfono. El 45 % acertó. Según el científico británico, los resultados no pueden atribuirse a la casualidad, y aseguró que la percepción extrasensorial funciona mejor entre individuos con vínculos emocionales.
El siguiente caso es un ejemplo ilustrativo de lo que acabamos de decir: hasta enero de 2007 se muestra en el Parque de las Ciencias de Granada la Exposición Titanic. En ella figura el único objeto rescatado del fondo del mar, fuera de la zona del accidente, desde hace 94 años. Se trata de un plato con una rocambolesca historia a sus espaldas.

Formaba parte de la vajilla de tercera clase del Titanic, y fue recuperado, hace 27 años, por las redes de un pesquero gallego, cuyo patrón, Antonio Varela, se lo llevó a casa como obsequio para su hijo Toni, que tenía cinco años. El pequeño utilizó el plato para todas sus comidas, sin saber, que estaba utilizando un objeto procedente del barco más famoso del mundo. Tomó conciencia de ello en octubre de 2003, cuando visitó la exposición del Titanic instalada en el Acuarium de A Coruña. Allí estaba expuesta una vajilla de tercera clase y reconoció que su plato era igual. Dos años más tarde fue autentificado, pero nadie ha sabido responder satisfactoriamente cómo pudo llegar a las redes de un pesquero gallego. ¿Por qué la coincidencia querría proporcionar el plato a alguien que, un cuarto de siglo más tarde, lo reconocería por «casualidad»?
Tanta «casualidad» nos lleva a considerar que Sheldrake tiene razón y que todos los elementos del Universo guardan cierta correspondencia y sienten afinidad hacia otros elementos. Una idea que no es nueva, puesto que Schopenhauer y antes Hipócrates ya creían que el Universo se mantenía unido gracias a afinidades ocultas. Pero es la espiritualidad el elemento que da respuestas a las experiencias sincrónicas, la que ofrece contestaciones subjetivas a los sucesos convergentes para que cobren significado. Lo afirma Chopra cuando dice que la sincronicidad siempre se produce en eventos aparentemente improbables, que en la superficie parecen pura coincidencia, pero que en realidad son mucho más que eso: son magia.
Utilizando la casualidad
Según Chopra, podemos generar sincronías prestando atención a esos estímulos, y podemos usar la sincronicidad atribuyéndoles una intención. Cuando estos dos elementos, atención e intención, son ligados al fenómeno de coincidencias significativas, la Sincronicidad se transforma en Sincrodestino y nuestras vidas son transformadas en algo verdaderamente mágico.
«Mientras más consciente seas de estos eventos —asegura— más sucederán. Cuanta más atención pongas en la sincronicidad, más a menudo la encontrarás. Según un principio muy importante, aquello en lo que pones tu atención, se fortalece, y si quitas tu atención de algo, se debilita. Así, una de las primeras cosas que me gustaría sugerir en un nivel práctico, es que comiences a poner atención a las sincronicidades que ocurren en tu vida; mientras más alerta estés a ellas, más pasarán y, si luego introduces la intención, tus intenciones serán expresadas y manifestadas a través de estos eventos».
Interpreta las señales
Recuerdo el caso de una amiga que solía tropezar a menudo con el número 11, una circunstancia que interpretaba como un buen presagio, u otro conocido al cual el color amarillo se le aparecía bajo las más diversas circunstancias cuando estaba bajo de moral. Para estas situaciones resultan muy útiles las recomendaciones que Pedro Palao recoge en su libro Los Guiños del Destino (Ed. Robin Book). En su opinión, la prominencia de un color, un número, una determinada palabra o incluso una canción, pueden encerrar un mensaje. En el caso del amarillo estaría expresando un «deberías poner más empuje en tus pensamientos e ideas». La reiteración de este color en nuestras situaciones diarias debería hacer que nos planteáramos a qué ideas no estamos dando salida... Cada color encerraría un mensaje y esto es extrapolable a las formas; por ejemplo, si coincidimos con muchas cruces es que debemos escoger un camino y si lo que se nos reitera es un número, atenderemos a su valor: un 3, por ejemplo, es el número del destino, del nacimiento y la vida. Su aparición es un indicador de que algo está cambiando en nuestra existencia. Interpretar las coincidencias no es tarea fácil. Debemos tener abiertos nuestros sentidos, expandir nuestra conciencia y desarrollar nuestra intuición.
El físico W. Pauli es partidario de la creencia según la cual puede haber una interrelación entre la psique inconsciente y los procesos biológicos y microfísicos. Junto a Jung vislumbraba una fuerte conexión entre el complejo campo de la microfísica y el alma. A estas manifestaciones producidas por ecos concordantes las denominó psiconeumones y su acción depende en gran medida de nuestros estados de conciencia.
En el estado normal de conciencia estamos identificados con nuestra imagen corporal. «El Yo —dice Allan Watts— está encapsulado en la piel». Mediante algunas técnicas de psicología transpersonal es posible vivenciar sucesos que rompen la barrera del tiempo (que de otra forma es lineal) o expandirse más allá de la imagen personal. Estas técnicas que emplean terapia o control de la respiración pueden propiciar la activación del mecanismo de la sincronicidad.
Evidentemente, no todos piensan igual. Para los escépticos las coincidencias son fruto del azar. Según sus cálculos tenemos una posibilidad entre 66000 de acertar la lotería navideña y una entre un millón de perecer en un accidente aéreo. Otro ejemplo matemático: Diaconis y Mosteller calcularon que la probabilidad de hallar en una fiesta a una persona que celebre su cumpleaños el mismo día que nosotros es del 50 % si hay en ella 23 personas. Pero ni la ciencia escapa al fenómeno de la sincronicidad. De hecho, se ha creado un término específico: serendipia.
Esta palabra fue acuñada por el noble inglés Hugh Walpole en 1764 a partir del cuento Los tres príncipes de Serendip, un reino exótico situado en Sri Lanka que contaba con tres príncipes que, continuamente, realizaban descubrimientos sin buscarlos, gracias a su perspicacia. Así, un hallazgo serendípico puede acontecer simultáneamente a muchas personas pero, como preconizaba Pasteur, solo las mentes preparadas sabrán sacarle partido.
La experimentación clínica de Claude Bernard, o el descubrimiento de la insulina por Banting y de la penicilina por Fleming, son ejemplos notables y muy conocidos de serendipia científica. Como también lo son la gravedad de Newton al ver caer la manzana, o el descubrimiento de los rayos X por Röntgen mientras investigaba con tubos de rayos catódicos. John Watts, por poner otro ejemplo, patentó la máquina de vapor en 1769 al contemplar cómo saltaba la tapa de una tetera por el vapor de agua.
Lo cierto es que grandes descubrimientos científicos han sido «recibidos» durante un sueño, sugiriendo una vez más que algo o alguien mueve los hilos del destino, tanto individual como colectivo.
Las coincidencias, las sincronicidades y las serendipias nos obligan a cambiar la percepción de un Universo de leyes inmutables. La barrera de la causalidad y el tiempo lineal desaparece y exige un nuevo paradigma en el que la interacción entre el cómo, el cuándo, el qué y el por qué deje de ser cartesiana para convertirse en cuántica, es decir, una física de las probabilidades donde el azar no tiene cabida. Así, una pregunta tan frecuente en ciencia como es «¿por qué sucedió?», debería ser sustituida por esta otra: «¿Para qué sucedió?».








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