Investigación paranormal en el corazón del Vaticano
Descendemos al lugar de descanso de los papas para realizar un experimento de transcomunicación instrumental. Los resultados obtenidos, que incluyen voces inquietantes y una imagen inexplicable
Siempre me ha gustado el Vaticano, por la grandiosidad, su religiosidad y, sobre todo, por la Historia del Arte. Luego de buscar la tumba de Inocencio VIII decidimos bajar a la “Cripta de los Papas” que se encuentra a tres metros bajo la majestuosa Basílica de San Pedro, bajo el Baldaquino –aunque entramos por la escalera lateral- y allí es donde, antaño, estaban las enigmáticas grutas vaticanas, una serie de pasillos, capillas y tumbas papales donde el tiempo parece haberse detenido. Con el mayor de los respetos decidí hacer una prueba allí y reconozco que el resultado fue muy impresionante. Junto a Leo, bajamos a la cripta e iniciamos una sesión de psicofonías y otra de psicoimágenes usando medios digitales y se registró algo que aún hoy continúa siendo objeto de análisis.
Los Museos Vaticanos son hoy una “atracción” turística en el pequeño estado en Roma, mi interés era la tumba del papa Pío XI, uno de los pontífices que reposan “lo más cerca posible de Pedro” aunque también la propia tumba de San Pedro. Al bajar allí pierdes la noción del tiempo, las luces tenues de las lámparas resaltaban los mármoles blancos antiguos y los relieves de los monumentos funerarios. El aire parecía retener cada sonido, cada respiración, hubo un momento en el que nos quedamos solos, 16:20 horas. Era el momento.

La intención era registrar durante un breve espacio de tiempo cualquier alteración sonora o lumínica que resultara anómala. Estábamos en silencio, apenas susurrando las palabras para no alterar el entorno. Pero a los pocos minutos de comenzar la sesión, algo rompió aquella aparente quietud. Fue un leve murmullo el que salió del aparato y dijo, con voz áspera y metálica “46”.
Las grabaciones posteriores revelarían dos psicofonías más, una que dice “ioni” y otra una serie de sonidos inexplicables. Entre ellos, una voz grave, masculina, pronunciando lo que parecía ser una frase en latín antiguo: “per favore, perdona”. El análisis espectrográfico mostró picos de frecuencia no asociados con la reverberación natural del recinto. “No se trata de un eco ni de una interferencia electrónica”, concluyó Antonio Reinoso, uno de mis técnicos.
Psicoimagen en la Cripta Vaticana
La experiencia más impresionante ocurrió alrededor de las 16:36 horas, en la zona donde reposa el cardenal Rafael Merry del Val, la pantalla del monitor emitió una señal difusa. La forma que emergió parecía humana, era un rostro con los ojos entrecerrados y rosto parcialmente perfilado. No duró más de un segundo, pero fue suficiente para helarnos la sangre. Cuando revisaron la grabación la imagen se mantenía parcialmente visible, entendiendo que podría corresponderse con cualquiera de los pontífices enterrados allí.

La salida de la cripta, principalmente motivada por la entrada de un grupo de personas, motivó nuestra salida y, de regreso a España, junto con los miembros del grupo de investigación, interpretaron la psicoimagen como una manifestación surgida de “allí abajo”. El registro coincidía además con un leve cambio de temperatura ambiental en el que el termómetro marcó una disminución de casi cuatro grados en menos de treinta segundos. No se detectó corriente de aire ni presencia de humedad adicional que justificara tal variación y el medidor de EMF también se alteró cuando se captaban las mismas.
Por unos instantes presté atención a aquel grupo, eran franceses, el sacerdote que acompañaba al mismo, para garantizar el respeto al lugar sagrado, pidió una oración a las personas que le acompañaban. Tras una breve oración, el grupo se fue del recinto. En la superficie, el contraste con la quietud de la plaza de San Pedro resultaba abrumador. Era difícil aceptar que, bajo aquel suelo milenario, acabáramos de registrar algo que desafiaba la lógica y sin casi preparación.

Días después, los archivos de audio fueron examinados y los técnicos confirmaron que las voces registradas no correspondían a interferencias de radio ni a sonidos externos reconocibles. Una de las grabaciones, realizada junto al pasillo que conduce a sala grande donde está la tumba de san Pedro, mostraba una segunda frase apenas audible pero que creímos relacionada con una expresión litúrgica usada en la misa católica. La intensidad era tan baja que solo pudo detectarse mediante filtrado digital y no es rescatable.
Para los investigadores, para nosotros, se dieron las oportunas circunstancias para poder captar estos sonidos así como la confirmación de que el lugar conserva una energía especial, alimentada por siglos de oración, muerte y esperanza.
Hoy, al recorrer la cripta del Vaticano, de nuevo, bajo el esplendor de la cúpula de Miguel Ángel, resulta imposible no recordar aquella tarde. Entre los nichos donde descansan pontífices como Benedicto XV, Pablo VI o Juan Pablo I, el silencio parece tener un peso específico y una voz propia. Algunos visitantes afirman conmoverse allí abajo, entre tantos restos papales. Quizás sean solo ecos de la propia historia, o tal vez hay “algo” que habita las profundidades del Vaticano aún tienen algo que decir. ¿Quién sabe?








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