Parapsicología
22/03/2010 (10:10 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

Los fantasmas de Agost

Jóvenes y cándidos, el espíritu inocente de los que siempre serán niños parece vagar por los pasillos del internado esperando la hora del recreo. El antiguo colegio de niños disminuidos psíquicos de Agost (Alicante), alza su fachada de ladrillos rojos en mitad de la sierra, invitando a jugar al escondite a todo el que traspasa el umbral. Uno, dos, tres… ¿Vamos a jugar? Una mano invisible se posa sobre tu hombro; te han encontrado…

22/03/2010 (10:10 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
Los fantasmas de Agost
Los fantasmas de Agost
Al amparo de los últimos años del régimen franquista el Ministerio de Educación y Ciencia inauguraba a bombo y platillo lo que por aquel entonces se denominaba, tal y como se recoge en los expedientes y periódicos de la época, como el "Centro de Educación Especial para niños subnormales", un colegio-internado de tres plantas y capacidad para albergar de 250 a 300 jóvenes de ambos sexos con deficiencias y minusvalías de diverso grado.

Disponía de servicios de diagnóstico, rehabilitación, educación preescolar y formación profesional. El recinto se había construido sobre una propiedad de cien mil metros cuadrados donados por don Julio de la Vega. El centro lo tenía todo: las técnicas más avanzadas en educación y asistencia, profesionales cualificados, infraestructuras modernas, funcionales y de vanguardia con talleres, teatro-auditorio, gimnasios, piscina, jardines, casa del conserje…
Pero el colegio estuvo funcionando poco tiempo, apenas unos años que no llegarían a contarse con los dedos de una mano. Los motivos de tan repentino cierre dio pie a todo tipo de especulaciones entre los habitantes del pueblo de Agost. La leyenda negra asegura que una de las internas se escapó logrando llegar hasta la carretera, donde fue atropellada por un coche, y que fue su muerte el motivo del cierre. Otras explicaciones más plausibles apuntan al hecho de que este tipo de centros dejaron de tener utilidad con la llegada de los nuevos sistemas educativos. Pero, ¿por qué se abandonaron instalaciones tan nuevas? ¿Por qué no se dio otro uso o se adecuó la infraestructura?
Durante los meses previos al cierre daría comienzo una rapiña que, todavía hoy, persiste. En la actualidad no queda nada en este recinto, salvo paredes bombardeadas por los impactos de la munición de los que acuden a este lugar para jugar al Air Soft. El recinto es tan inmenso que resulta difícil adentrarse por sus pasillos sin perderse. Es el lugar idóneo para poner en práctica este juego de simulación militar. Pero idóneo, ¿para quién? Eso se preguntan los jugadores del equipo "Spartans" que frecuentemente acuden al antiguo colegio.

Dos equipos, armamento, munición, chalecos y gafas protectoras. Todo estaba listo aquella noche. Los jugadores se dispersaron y dio comienzo la partida, como en otras ocasiones. Pero uno de los más jóvenes, "Capi", se encontró con alguien que no era de su equipo… ni del equipo contrario. Una mano le agarró repentinamente del hombro. El joven sufrió un ataque de pánico que le obligó a detener el juego y a abandonar la partida. Sus compañeros le vieron palidecer mientras el muchacho intentaba recuperarse del inexplicable encuentro, tal y como posteriormente lo confirmaron sus compañeros de juego, y el propio jefe del equipo "Spartans", José Candela.

Algo sigue queriendo jugar, alguien parece seguir teniendo curiosidad cuando llegan gentes de fuera… ¿Pero quiénes son "los otros", que diría Amenábar? Durante una jornada de investigación en la que se encontraban investigadores alicantinos en materia de fenómenos paranormales como David Mulé y Eugenia Hernández, entre otros, dos de las chicas que se encontraban presentes abandonaron la investigación debido al acoso de voces y susurros infantiles que parecían proceder del propio ambiente. Anaís Berná y María Sánchez oyeron risas de niños seguidas por una frase inocente y siniestra a partes iguales: "¿Quieres jugar?". Alteradas, las jóvenes marcharon de allí, ante la sorpresa de los miembros del equipo, que aquel día se había dividido en tres grupos, para así abarcar más espacio en el descomunal recinto.
(Continúa la información en ENIGMAS 172).

Mado Martínez


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