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SERPIENTE EMPLUMADA

17 de julio de 2009 (12:46 CET)

Este mes les invitamos a un recorrido por algunos de los portentosos conocimientos que albergan las pirámides mesoamericanas. En ellas, como en las tradiciones de las culturas que las tomaron como centro de sus prácticas rituales, observamos interesantes correlaciones con Venus y constelaciones como Orión y las Pléyades, consideradas como cuna de sus dioses por civilizaciones de todo el planeta.Tanto el origen de esta sabiduría como sus rituales están íntimamente asociados a un mito, omnipresente en toda América Central: el del Quetzalcóatl azteca o el Kukulcán maya, iniciador de la civilización en tiempos remotos, al que otros pueblos mesoamericanos conocieron por nombres de idéntico significado: Serpiente Emplumada, símbolo dual del ser que repta por la materia terrestre y en cambio es capaz de liberarse de esa atadura, elevando el vuelo hacia el cielo; figuras –serpiente y ave– que identifican en las más diversas civilizaciones a los seres que trajeron a los humanos la civilización y las enseñanzas trascendentes, y también a las encarnaciones mesiánicas y a los sumos sacerdotes que fueron continuadores de sus enseñanzas. Como en todas ellas, la figura de Quetzalcóatl está estrechamente vinculada a ese Sol que es la clave de la vida, y también de la iluminación, de la regeneración, de la resurrección, de la inmortalidad, del ascenso hacia otro mundo. Por ello, la serpiente es el motivo omnipresente que encontramos en los puntos más importantes de todas estas pirámides. Por eso, la escalinata principal de la gran pirámide de Kukulcán, en Chichén Itzá, fue dispuesta por sus creadores de tal forma que, cuando el Sol incide sobre sus escalones durante los atardeceres de los dos equinoccios, el juego de luces y sombras va formando una sucesión de 7 triángulos isósceles (similares a los que observamos en el cuerpo de una serpiente de cascabel o de una boa constrictor) y tenemos la impresión de ver el movimiento ondulatorio de una serpiente que asciende hacia la cumbre de la misma, en dirección al cielo. Es sólo una de las mil maravillas que seguimos descubriendo en ésta y en otras muchas edificaciones mesoamericanas, que denotan los extraordinarios conocimientos de sus constructores en los campos más diversos, y que apuntan hacia 2012 como punto culminante de la aceleración que vivimos.
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