Misterios
14/03/2017 (09:06 CET) Actualizado: 14/03/2017 (09:06 CET)

Investigan si las misteriosas señales FRB propulsan naves extraterrestres

Científicos de Harvard estudian si los estallidos rápidos de radio (FRB por sus siglas en inglés) podrían ser evidencia de una tecnología extraterrestre de propulsión de naves interestelares.

14/03/2017 (09:06 CET) Actualizado: 14/03/2017 (09:06 CET)
Investigan si las misteriosas señales FRB propulsan naves extraterrestres
Investigan si las misteriosas señales FRB propulsan naves extraterrestres

A finales de 2016 un equipo de científicos de la Universidad McGill, en Canadá, detectó seis misteriosas señales procedentes de un mismo lugar, más allá de nuestra Vía Láctea, concretamente en una región conocida como FRB 121102.

Se dijo que estas ráfagas rápidas de radio (FRB – fast radio bursts) creaban un patrón de repetición de señales diferentes a todo lo que habíamos visto antes por lo que se especuló con la posibilidad de que fueran comunicaciones interestelares de una civilización extraterrestre. Pero no se tardó en desmentir esta hipótesis apriorando que provenían de un objeto exótico como una estrella de neutrones, que giraba con suficiente potencia para emitir regularmente estos pulsos extremadamente brillantes. Vamos que de alienígenas nada de nada.

Ahora, un artículo del Astrophysical Journal Letters disponible on line, el teórico Avi Loeb del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (CFA) asegura que podrían ser la evidencia de una tecnología extraterrestre de propulsión de naves interestelares. ¿En qué quedamos?

Específicamente, el CFA dice que estas ráfagas podrían ser fugas de transmisores de tamaño planetario que alimentan sondas interestelares en galaxias distantes y que "vale la pena contemplar y comprobar un origen artificial".

Loeb y su coautor Manasvi Lingam (Universidad de Harvard) examinaron la factibilidad de crear un transmisor de radio lo suficientemente fuerte como para que fuera detectable a través de esas inmensas distancias. Encontraron que, si el transmisor estuviera alimentado por energía solar, la luz del sol que cae sobre un área de un planeta dos veces el tamaño de la Tierra sería suficiente para generar la energía necesaria. Un proyecto de construcción tan vasto está más allá de nuestra tecnología, pero dentro del ámbito de la posibilidad según las leyes de la física.

Lingam y Loeb también consideraron si tal transmisor sería viable desde una perspectiva de ingeniería, o si las enormes energías involucradas fundirían cualquier estructura subyacente. Una vez más, encontraron que un dispositivo refrigerado por agua dos veces el tamaño de la Tierra podría soportar el calor.

Luego se preguntaron, ¿por qué construir ese instrumento en primer lugar? Argumentan que el uso más plausible de tal energía está impulsando velas ligeras interestelares. La cantidad de energía involucrada sería suficiente para empujar una carga útil de un millón de toneladas, o alrededor de 20 veces los buques de crucero más grandes de la Tierra.

"Eso es lo suficientemente grande como para llevar pasajeros a través de distancias interestelares o incluso intergalácticas", agregó Lingam.

Para alimentar una vela ligera, el transmisor necesitaría enfocar un rayo en ella continuamente. Los observadores en la Tierra verían un breve destello porque la vela y su planeta, estrella y galaxia anfitriona se están moviendo en relación con nosotros. Como resultado, el rayo barre el cielo y sólo apunta en nuestra dirección por un momento. Las apariciones repetidas del haz, que fueron observadas pero no pueden ser explicadas por eventos catastróficos astrofísicos, podrían proporcionar pistas importantes sobre su origen artificial.

Loeb admite que este trabajo es especulativo. Preguntado si realmente cree que cualquier ráfaga rápida de radio se debe a los extraterrestres, responde: "La ciencia no es una cuestión de creencia, es una cuestión de evidencia. Decidir lo que es probable antes de tiempo limita las posibilidades. Hay que dejar que los datos sean el juez".

Descubiertos por primera vez en 2007, menos de dos docenas han sido detectados por gigantescos radiotelescopios como el Observatorio Parkes en Australia o el Observatorio Arecibo en Puerto Rico. Se infiere que provienen de galaxias distantes, a miles de millones de años luz de distancia.

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