Descubren en la Amazonía una enorme estructura artificial
Descubren bajo la selva Amazónica una enorme estructura artificial que abarca casi 200.000 km²
Durante décadas, la imagen que manejaban arqueólogos y público por igual era la de una Amazonía prácticamente despoblada antes de la llegada europea: un océano verde donde, como mucho, pequeños grupos dispersos sobrevivían sin alterar apenas el paisaje. Pues bien, un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature por un equipo liderado por Martti Pärssinen, arqueólogo de la Universidad de Helsinki (Finlandia), y colegas de universidades brasileñas, viene a desmontar esa idea de raíz.
Lo que han encontrado, oculto bajo la vegetación del suroeste amazónico —en el actual estado brasileño de Acre y zonas limítrofes—, no son pequeños asentamientos aislados, sino una red de recintos geométricos: cuadrados, círculos, rectángulos y hasta octógonos, delimitados por fosos de hasta trece metros de ancho y cinco de profundidad, conectados entre sí por caminos y agrupados en auténticos complejos monumentales. Algunos de esos conjuntos permanecieron en uso durante quince siglos.

El láser que le quitó la piel a la selva
La clave del descubrimiento es tecnológica. El equipo utilizó LiDAR (Light Detection and Ranging), un sistema de escaneo láser aerotransportado que dispara pulsos desde un avión y reconstruye digitalmente el relieve del terreno, atravesando virtualmente el dosel forestal. Donde el ojo humano —o incluso el satélite— solo ve una masa continua de árboles, el LiDAR dibuja el suelo desnudo, con cada zanja y cada montículo de tierra removida hace dos mil años.
El contraste con lo que se sabía hasta ahora es contundente: en zonas donde los estudios previos, apoyados en imágenes de satélite, habían catalogado unas pocas decenas de estructuras, el barrido LiDAR ha multiplicado esa cifra varias veces. La conclusión es incómoda para la arqueología amazónica clásica: todo lo que se creía conocer de esta región se quedaba corto, y probablemente se sigue quedando corto, porque solo una fracción mínima de la Amazonía ha sido explorada con esta tecnología.
Nuestros hallazgos dan un vuelco a nuestra comprensión del pasado de la región amazónica. Martti Pärssinen
Una red, no un imperio
Los investigadores agrupan a las sociedades responsables de estas construcciones bajo el nombre de civilización Aquiry, un término que designa no un reino unificado con una capital y un soberano, sino un entramado multicultural de comunidades que compartían técnicas constructivas y, probablemente, calendarios ceremoniales. Su territorio se extendería a lo largo de unos 183.000 kilómetros cuadrados, el triple de lo que se pensaba hasta ahora, y en su momento de mayor esplendor —entre los años 100 y 300 de nuestra era— pudo albergar entre uno y tres millones de personas. Algunos cálculos, que tratan de estimar lo que aún permanece sin detectar bajo la selva más densa, elevan esa cifra hasta cerca de los cuatro millones.

No se trataba, además, de ciudades permanentes en el sentido clásico. Los arqueólogos creen que buena parte de estos recintos funcionaba como centros ceremoniales, de encuentro y de gobierno, donde comunidades dispersas por el territorio se congregaban periódicamente para celebrar rituales, resolver disputas o tomar decisiones colectivas, en un modelo que recuerda al que siglos después emplearía el imperio inca en los Andes.
Una selva domesticada, no virgen
Quizá el hallazgo más inquietante no sea el número de estructuras, sino lo que implica sobre el propio bosque. El estudio sostiene que la Amazonía que hoy asociamos con naturaleza prístina es, en realidad, un paisaje profundamente gestionado por el ser humano durante siglos: cultivos de maíz, yuca, calabaza y cacahuete, junto con el manejo deliberado de palmeras y castañales, moldearon la composición y la distribución de la vegetación que todavía hoy puede rastrearse sobre el terreno.
Cifras clave del hallazgo
20.000 a 30.000 estructuras estimadas · 183.000 km² de territorio · entre 1,25 y 3 millones de habitantes en su apogeo · años 100 a 300 d.C. · hasta 1.500 años de continuidad en algunos centros
Dicho de otro modo: buena parte de lo que los primeros naturalistas europeos describieron como "selva virgen" era, en realidad, el eco silencioso de una civilización que había gestionado ese territorio durante mil quinientos años y que colapsó, por razones que los investigadores todavía no logran explicar del todo, hacia el año 850 de nuestra era.
La Amazonía sigue guardando muchos más secretos de los que le suponíamos, y palabras como "vacío" o "virgen" aplicadas a esta selva cada vez tienen menos sentido a medida que el láser sigue quitándole la piel, hectárea a hectárea, a uno de los últimos grandes misterios arqueológicos del planeta.
Añade Espacio Misterio como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad








Comentarios
Nos interesa tu opinión