Un 'asteroide' sufre un cambio orbital inexplicable
Un 'asteroide' se desvió de su trayectoria calculada. La explicación obliga a repensar cómo vigilamos el cielo cercano a la Tierra.
Desde su descubrimiento en 1998, los astrónomos monitorean a un objeto que ha sido denominado como 1998 SH2. Durante casi tres décadas, los astrónomos lo consideraban uno de los cuerpos más predecibles del vecindario terrestre: veintisiete años de mediciones orbitales que, en teoría, dejaban poco margen para las sorpresas. Pero el 28 de agosto de 2025, cuando el objeto debía pasar a algo más de tres millones de kilómetros de la Tierra, los radares del Deep Space Network —la red de radiotelescopios que la NASA emplea para rastrear objetos del espacio profundo— apuntaron hacia el punto exacto de su cita... y no encontraron nada.
¿Había cambiado de rumbo por sí solo? ¿Qué —o quién— podía explicar una desviación de esa magnitud en un objeto cuya órbita se consideraba prácticamente cerrada? La respuesta, publicada semanas después en la revista Nature Astronomy, resultó ser tan inesperada como la propia desaparición, aunque no en el sentido que muchos habrían imaginado en un primer momento.
Ficha técnica del objeto
- Clasificado como un asteroide de clase Apolo.
- De tamaño comparable al del Capitolio de los Estados Unidos (0,38 km de diámetro).
- Pasará a 3.108.396 km de la Tierra en 2025.
- Clasificado como asteroide cercano a la Tierra (NEA, por sus siglas en inglés).
- Clasificado como asteroide potencialmente peligroso (PHA, por sus siglas en inglés).
Este cuerpo celeste que se creía era una roca espacial común, ahora está trastocando las ideas previas sobre cómo proteger a la Tierra de los posibles riesgos de impacto meteórico.
El equipo que investigó la anomalía, liderado por Davide Farnocchia —investigador del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y del Instituto de Tecnología de California (Caltech)—, comprobó que los modelos puramente gravitacionales, suficientes para predecir el movimiento de un asteroide normal, fallaban por completo con 1998 SH2. La posición real del objeto se desviaba nada menos que 19 desviaciones estándar de la calculada, lo que explicaba por qué el radar no lo había encontrado donde debía estar.
La posición real del objeto se desviaba nada menos que 19 desviaciones estándar de la calculada
El objeto no reapareció hasta finales de agosto, cuando fue localizado de nuevo por el observatorio brasileño Sonear (Southern Observatory for Near Earth Asteroids Research), instalado en Serra da Piedade, en el estado de Minas Gerais. A partir de ahí, los investigadores recurrieron a algunos de los telescopios más potentes del planeta, en Chile y Hawái, apilando múltiples exposiciones de larga duración hasta lograr captar un resplandor extremadamente débil alrededor del objeto: una coma tenue y una cola de más de 20 segundos de arco de longitud, invisibles en las observaciones convencionales.
Esa cola resolvía el misterio. 1998 SH2 no había cambiado de rumbo por voluntad propia ni por la intervención de nada ajeno a la física conocida: se trataba de un "cometa oscuro", un objeto que a simple vista se comporta como una roca inerte pero que libera, de forma tan débil que había pasado inadvertida durante 27 años de seguimiento, pequeñas cantidades de gas. Ese escape actúa como un minúsculo motor que, con el tiempo, va desviando la trayectoria del objeto de manera imperceptible para los modelos gravitacionales estándar. Un comportamiento similar al detectado con 3i/ATLAS, un objeto interestelar cuyas aceleraciones podían explicarse a través del criovulcanismo.

Según explicó Farnocchia, este trabajo demuestra la importancia de vigilar de forma continuada los objetos cercanos a la Tierra, ya que la desgasificación hace que el movimiento de los cometas se vea alterado de un modo mucho más apreciable que el de los asteroides; detectar esas alteraciones, señaló, puede convertirse en una herramienta de diagnóstico valiosa para la defensa planetaria, al ayudar a determinar qué objetos son en realidad cometas, cómo evolucionan sus órbitas y de qué manera eso condiciona el riesgo de impacto que representan.
La implicación de fondo es la que más preocupa a la comunidad de defensa planetaria: si un objeto seguido durante casi tres décadas pudo ocultar su verdadera naturaleza hasta el último momento, ¿cuántos otros "asteroides" catalogados podrían ser en realidad cometas oscuros con capacidad de desviarse de las trayectorias que les tenemos asignadas? Los autores del estudio sostienen que, por ahora, no existe ningún indicio de que 1998 SH2 suponga una amenaza de impacto para la Tierra en el futuro previsible. Pero el caso deja abierta una pregunta incómoda sobre cuántos más de estos objetos, aparentemente dóciles, guardan secretos similares.








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