Ciencia
20/07/2009 (10:50 CET)
Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
La historia real en la que se inspira la terrorífica novela
¿Quién no se ha sobrecogido leyendo la novela de terror Frankenstein? Ningún otro escrito hasta la fecha de su publicación había mostrado de una forma tan "real" y "científica" que era posible devolver la vida a un cadáver. Sin embargo, más allá de la imaginación de la joven Mary W. Shelley, la historia narrada en las páginas de su inmortal obra pudo estar inspirada en hechos y personas reales. Esta es la verdadera historia de los hombres que pretendieron ocupar el lugar de "Dios" Libros Recomendados : MISTERIOS DEL PASADO LA MEMORIA RECOBRADA ¡ Visita nuestra Tienda !
La biografía de la famosa escritora Mary W. Shelley recoge que una noche despertó angustiada en medio de una extraña pesadilla: "Vi con los ojos cerrados, pero a través de una aguda visión mental, vi al pálido estudiante de artes diabólicas arrodillado al lado de aquella cosa que había conseguido juntar. Vi el horrendo fantasma de un hombre yacente, y entonces, bajo el poder de una enorme fuerza, aquello dio señales de vida y se agitó con un torpe, casi vital, movimiento. Era espantoso (
). La idea había tomado posesión de mi mente de tal manera que el miedo recorría todo mi cuerpo como un escalofrío y traté de cambiar las fantasmales imágenes de mi fantasía por la realidad que me circundaba
".
Fruto de dicha alucinación, la joven comenzó a escribir una novela, sin imaginar siquiera la repercusión que tendría. El episodio de la visión sucedió durante el lluvioso verano de 1816, cuando Mary Shelley, en compañía de su marido Percy Bysshe Shelley, pasaba unos días en una casa alquilada junto al afamado poeta Lord Byron. Durante una de las interminables veladas, los artistas, entre los que estaba el escritor y médico John William Polidori, se retaron a crear una historia de terror sólo el escrito de Mary consiguió atraer la atención de millones de lectores. Así se gestó Frankenstein o el moderno Prometeo (1818). La trama era cautivadora y herética a partes iguales: un excéntrico científico que robaba cadáveres de los cementerios al amparo de la noche consigue crear una horrenda criatura a la que insufla un hálito de vida.
Pero, ¿se basó Shelley solo en su grotesca visión para escribir la genial novela o por el contrario centró su narración en hechos reales? Algunos especialistas consideran que Mary pudo inspirarse en los macabros experimentos de algunos científicos de las postrimerías del siglo XVIII e inicios del XIX para crear al protagonista de su novela. Por aquellos años no fueron pocos los médicos que abordaron siniestros proyectos para devolver de entre los muertos a los difuntos.
(Continúa la información en revista ENIGMAS 164)
José Antonio Caravaca
Fruto de dicha alucinación, la joven comenzó a escribir una novela, sin imaginar siquiera la repercusión que tendría. El episodio de la visión sucedió durante el lluvioso verano de 1816, cuando Mary Shelley, en compañía de su marido Percy Bysshe Shelley, pasaba unos días en una casa alquilada junto al afamado poeta Lord Byron. Durante una de las interminables veladas, los artistas, entre los que estaba el escritor y médico John William Polidori, se retaron a crear una historia de terror sólo el escrito de Mary consiguió atraer la atención de millones de lectores. Así se gestó Frankenstein o el moderno Prometeo (1818). La trama era cautivadora y herética a partes iguales: un excéntrico científico que robaba cadáveres de los cementerios al amparo de la noche consigue crear una horrenda criatura a la que insufla un hálito de vida.
Pero, ¿se basó Shelley solo en su grotesca visión para escribir la genial novela o por el contrario centró su narración en hechos reales? Algunos especialistas consideran que Mary pudo inspirarse en los macabros experimentos de algunos científicos de las postrimerías del siglo XVIII e inicios del XIX para crear al protagonista de su novela. Por aquellos años no fueron pocos los médicos que abordaron siniestros proyectos para devolver de entre los muertos a los difuntos.
(Continúa la información en revista ENIGMAS 164)
José Antonio Caravaca







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