Ciencia

Nuevas reacciones nucleares en Chernobyl 35 años después

El reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl preocupa de nuevo a los científicos.

irene foto autor

Periodista e Historiadora

10 de mayo de 2021 (12:17 CET)

Nuevas reacciones nucleares en Chernobyl 35 años después
Nuevas reacciones nucleares en Chernobyl 35 años después

El 26 de abril de 1986, el reactor de la central nuclear Vládimir Ilich Lenin, a 18 kilómetros de la ciudad de Chernobyl (Ucrania), explotó. Fue de madrugada, durante una prueba de seguridad que simulaba un corte de energía eléctrica para que se desencadenase un proceso de seguridad en el que el agua se encargaría de enfriar el reactor hasta que los generadores eléctricos produjeran suficiente energía. Sin embargo, una demora de 10 horas y una acusada falta de potencia fueron algunos de los desencadenantes que condujeron a un accidente fatal: el sobrecalentamiento del núcleo del reactor.

A día de hoy, este desastre nuclear sigue dando bastante que hablar. Se ha descubierto, a partir de los sensores que están monitoreando el reactor, que la cantidad de neutrones está aumentando. Las reacciones de fisión están volviendo a activarse, ardiendo en las masas de combustible de uranio que fueron enterradas. Esto, en palabras de Neil Hyatt, químico de materiales nucleares de la Universidad de Sheffield, "es como si hubiera brasas en una barbacoa".

Hay muchas incertidumbres, pero no podemos descartar la posibilidad de un accidente

Las alarmas, inevitablemente, se han activado. Los investigadores ucranianos intentan entender si este suceso supondrá tener que intervenir de manera extraordinaria en el lugar del accidente o si, por el contrario, este tipo de reacciones acabarán desapareciendo sin necesidad de actuar. Como especifica Maxim Saveliev, del Instituto de Problemas de Seguridad de las Plantas Nucleares en Kiev (ISPNPP): "Hay muchas incertidumbres, pero no podemos descartar la posibilidad de un accidente". Al menos, debido a la lentitud a la que los neutrones están aumentando, los investigadores cuentan todavía con varios años por delante para poder hacer frente al problema.

Durante el accidente en la Unidad Cuatro, las varillas de combustible de uranio, su revestimiento con circonio, junto con las varillas de control compuestas de grafito y la arena que fue arrojada en el núcleo para acabar con el fuego, acabaron fundiéndose en una lava. Ésta acabó fluyendo hacia el sótano de la sala del reactor y, allí, se endureció conformándose los conocidos como materiales que contienen combustible (FCM), que constan de 170 toneladas de uranio irradiado, lo que supone el 95% de combustible original.

Chernobyl INT 01
Jardín de infancia abandonado en la zona de exclusión 

El sarcófago de hormigón que se construyó alrededor del sector un año después de que se produjera el accidente, el Refugio, ha ido dejando pasar el agua durante todo este tiempo. Esto ha provocado una ralentización de los neutrones y ha aumentado la posibilidad de que colisionen con el uranio. Precisamente, durante periodos de fuertes lluvias, el contador de neutrones se disparaba, pero posteriormente volvía a la normalidad.  

Tras uno de estos fuertes chaparrones, en junio de 1990, un “acechador”, un científico que se atreve a exponerse a la radiación de Chernobyl para poder llegar a la sala del reactor, roció nitrato de gadolinio, para que este absorbiera los neutrones y evitara que esta FCM entrara completamente en crisis. Posteriormente se siguió su ejemplo y se colocaron rociadores de nitrato de gadolinio en el techo del Refugio. Sin embargo, este rociador no alcanzó de manera eficaz todas las habitaciones del sótano.

Si se derribasen las partes más inestables del refugio, el polvo radiactivo podría disiparse

El Nuevo Confinamiento Seguro, la estructura que se encargó de sellar el refugio en noviembre de 2016, era la gran esperanza de los responsables de Chernobyl, ya que llegaron a asegurar que esta acabaría con cualquier riesgo existente. Al menos, tras la colocación de esta estructura de 1500 millones de euros, con la que se pretendía desmantelar el Refugio posteriormente, el agua no podía entrar y el número de neutrones se mantuvo estable o incluso disminuyó. Pero progresivamente, estos empezaron a aumentar en ciertos puntos y el secado de combustible desencadenó que estos neutrones fueran aún más eficaces a la hora de dividir los núcleos de uranio.

Chernobyl INT 02
Ciudad abandonada de Pripyat después del desastre

¿HAY RIESGO DE ACCIDENTE?

La amenaza, aunque no sea inminente, es un hecho a día de hoy. "La reacción de fisión se acelera exponencialmente", y esto desembocaría en "una liberación incontrolada de energía nuclear", como ha asegurado Hyatt. Aunque se podría contener a la perfección una reacción explosiva, lo que impediría que un desastre como el de 1986 volviera a ocurrir, sí puede desencadenarse el derribo de las partes más inestables del refugio y esto disiparía el polvo radiactivo.

La cifra de muertes nunca podrá saberse con exactitud, pero algunos estudios calculan hasta medio millón de fallecidos

Esta nueva amenaza supone todo un reto ya que la radiación impide acercarse para instalar sensores. Volver a pulverizar nitrato de gadolinio no serviría, porque los restos nucleares se encuentran sepultados bajo el hormigón. Una de las ideas que podría ser más plausible sería el desarrollo de un robot que, soportando altos niveles de radiación, pudiera perforar agujeros en estos FCM y así poder insertar cilindros de boro, que conseguirían absorber los neutrones. Además, ante tan grandes niveles de radiación y humedad, cada vez se genera más polvo radiactivo que dificulta más si cabe el correcto desmantelamiento del Refugio. De hecho en Ucrania llevan tiempo intentando erradicar los FCM mediante su almacenaje en un depósito geológico.

No hay duda de que las secuelas del gran desastre que se produjo en Chernobyl el 26 de abril de 1986 todavía están muy presentes. Los efectos inmediatos fueron ya significativos, con 135 000 personas teniendo que ser evacuadas de sus hogares y entre 300.000 y 600.000 liquidadores que se encargaron de limpiar la zona de evacuación alrededor del reactor. Sin embargo, la cifra de muertes nunca podrá saberse con exactitud, pero algunos estudios calculan hasta medio millón de fallecidos, teniendo en cuenta la expansión posterior de la nube de contaminación radiactiva por Europa. Aunque no se pueda volver a producir una explosión como la de 1986, es necesario hacer frente a esta situación de manera efectiva.

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