Civilizaciones perdidas
01/01/2006 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)

La vida oculta de Franco

Franco ha sido un mito exaltado y vilmente denostado (…). ¿Elegido de Dios? ¿Predestinado? ¿Visionario? Quizás ninguna de estas tres cosas y quizás las tres. Dios rige los destinos del hombre». Ésta es la opinión de Pilar Franco, hermana del general.l Durante los primeros días del alzamiento militar de 1936, las tropas africanas de Franco se encontraban paralizadas en Marruecos.

01/01/2006 (00:00 CET) Actualizado: 06/11/2014 (09:58 CET)
La vida oculta de Franco
La vida oculta de Franco
El salto a la Península sólo podía realizarse por aire, un tránsito lento y penoso. Entonces Franco presentó un proyecto para cruzar el estrecho por vía marítima. La mayoría de los jefes militares opinaba que era una temeridad. El comandante del cañonero Dato, una de las naves que debía cruzar esa ruta, afirmó con rotundidad: «Los rojos tienen acorazados, cruceros, destructores modernos y muy rápidos… Vamos a una verdadera catástrofe». Finalmente se impuso la voluntad de Franco. A las cinco de la mañana del 5 de agosto de 1936, festividad de la Virgen de África, Franco y sus ayudantes entraron en el santuario de esta virgen en Ceuta. Invocaron durante unos minutos su protección y, tras abandonar el recinto, una densa y espesa niebla obligó a aplazar la salida del convoy hasta las seis de la tarde.

Al poco de zarpar hizo su aparición en el horizonte la silueta del destructor gubernamental Alcalá Galiano, superior en potencia y velocidad al Dato. Pese a todo, gracias a la ayuda de los cazas italianos y a otras circunstancias, el Dato llegó al puerto de Algeciras, sin que los republicanos pudieran impedirlo. Franco exclamó: «Ni un momento he dudado del éxito». El general Yagüe declaró: «Es la burrada que he visto hacer con más suerte». Para el general Díaz de Villegada fue «la Virgen, que respondió a la imploración, realizando el milagro».
«¿Visionario? En el aspecto de si oía voces y tenía visiones, creo que no –afirmaba su hermana–. Lo que puedo decir es que desde que asumió la jefatura del Estado su religiosidad se hizo patente. Antes no era igual de piadoso. Con el transcurso del tiempo su misticismo aumentó y pasaba muchas horas en el oratorio privado de El Pardo».

Se conocen varios momentos clave en los que Franco dejó en suspenso sus decisiones a la espera de una «inspiración» que le llegara desde las alturas. La primera fue durante la Guerra Civil, en un momento difícil en el que su ejército se había quedado casi sin armas. El general Mola le hizo una angustiosa llamada telefónica. Tras colgar, Franco se retiró a su dormitorio y llamó a su capellán: «Expóngame el Santísimo». Y allí se quedó rezando durante una hora. Poco después era capturado el mercante Mar Cantábrico, que transportaba una importante partida de armamento para la República.
«Los moros decían de él que tenía baraca, una suerte especial contra las balas». Este comentario fue escrito por Pilar Franco tras la muerte de su hermano. Desde entonces mucho se ha dicho sobre esa buena estrella de Franco en sus años de juventud. Pero, ¿hasta qué punto era cierto? La «leyenda» se fraguó en África, junto a los combatientes rifeños. A mediados de 1916 Franco llevaba tres años integrado en las fuerzas regulares, peleando casi a diario. Para entonces su suerte en combate había comenzado a alcanzar cierta fama, porque de los 42 jefes y oficiales que habían ingresado con él en esas unidades, sólo quedaban ilesos 7, Franco entre ellos. Una de las anécdotas de esa época, mitificada con el paso del tiempo, tuvo lugar en un parapeto mientras Franco tomaba su termo para beber algo de café. En ese momento, una bala disparada por el enemigo le arrancó de entre los dedos el tapón. Sin embargo, el entonces oficial, según testigos presenciales, siguió bebiendo impertérrito.

Cuando seguíamos los rastros dejados por esa baraca que siempre se le atribuyó a Franco, un amigo nos aconsejó que habláramos con Alberto Borrás, alguien que había conocido a muchas de las personas que trataron al joven Franco en Marruecos. Entre otras a Mersida, una enigmática mujer, con fama de hechicera, que se relacionó con el entonces oficial y que vivía al sur del Atlas rifeño. Según Borrás, Franco preguntaba a la supuesta bruja sobre cuestiones de la guerra de Marruecos y acerca de determinadas personas: si éste era fiable, si el otro no… Borrás también cuenta una curiosa anécdota. Sucedió estando Franco en el frente, un cuarto de siglo atrás. Estaba agachado, haciendo sus necesidades, cuando un tábano le picó en el trasero. El movimiento repentino que hizo le salvó la vida, porque un «pako», un francotirador rifeño, le había disparado en ese mismo momento. La bala le arañó la mejilla, pero si hubiera seguido inmóvil, es seguro que le habría reventado el cráneo, con lo que la historia de España hubiera cambiado drásticamente.

Menos audaz, pero más inteligente, Nicolás Franco era el mayor de los cuatro hermanos. Sin su participación y sin las intrigas que generó al inicio de la guerra es prácticamente seguro que no habría existido un «Caudillo».

En un documento que habíamos encontrado en un montón de papeles arrugados y amarillos, se leía que a Jesús Franco de Aponte Abona le había costado veinte maravedíes demostrar documentalmente que «padres y abuelos, y más descendientes unos y otros, no han sido castigados ni penitenciados por el Santo Oficio». El documento estaba fechado el 14 de mayo de 1793 (…). La verdad es que desconocemos la causa de todo el enredo, pero se puede aventurar una teoría: aquellos antepasados del general Franco eran de origen judío y querían limpiar su pasado a toda costa. Si uno hojea el Manual enciclopédico judío de Pablo Link, verá que en la voz «Franco» aparece lo siguiente: «Familia sefardí de poetas, sabios y banqueros. Holanda y Turquía. Siglos XVII y XX» (…). Por lo tanto, el apellido Franco tiene al menos dos orígenes distintos. Por una parte tenemos a los ';Franco' aragoneses, que provienen de un linaje francés, y por otro a los judíos sefarditas que habían adoptado ese mismo nombre.

El 18 de julio de 1936, Franco subió al Dragon Rapide para poder volar desde Canarias hasta Marruecos y así unirse al golpe militar. Horas después de llegar a Tetuán mantuvo una vital entrevista con un misterioso judío sefardita que le había enviado una enigmática nota. Se trataba de Corintio Haza, afincado en Tánger, quien compaginaba su labor de comerciante local con la de vidente y curandero. Poco tiempo después se supo que Corintio predijo a Franco que sería el hombre destinado a capitanear la sublevación militar. También le advirtió de que ésta traería como trágica necesidad una larga y terrible guerra.

Al parecer, Haza elaboró para el «Caudillo» un poderosísimo talismán que le sirviera de escudo protector para afrontar la Guerra Civil. Sería lo se conoció como «Víctor», un símbolo absolutamente desconocido hasta la fecha, que no apareció hasta el nombramiento de Franco como Generalísimo, el 1 de octubre de 1936. Según la revista Halada, «su elemento central es la milenaria Tau, la energía para iniciar el camino con Dios. A eso se le une el martillo del poderoso Thor, que simboliza el guerrero de Marte hundiendo su ariete en la Tierra y en sus enemigos; por un lado el martillo, por el otro la punta de la flecha, lanza o ariete. A este simbolismo se le añade el poder del mando real, supremo, la energía solar, la fuerza de la cruz, martillo y flecha. Se suman dos cruces más que protegen el símbolo interior, dándole cobertura a ambos lados y más fuerza de penetración. Otro elemento que se añade al talismán es la Luna, que ofrece inspiración, videncia y fecundación de sus obras o victorias. Finalmente, el planeta Saturno pone punto final al simbolismo, dándole la fuerza del «Señor de la Vida y de la Muerte», defendiéndole de sus enemigos».

Acabada la guerra, y convertido en Caudillo, las loas hacia la figura de Franco por parte de la prensa, los políticos y los jerarcas de la Iglesia no tuvieron medida durante la dictadura: «Elegido por la benevolencia de Dios»; «hombre de unción religiosa»; «dádiva espléndida de la Providencia Divina»; «cruzado de Occidente»; «instrumento de Dios para la salvación de las almas»; «el primer Caudillo de la Tierra»… Franco terminó creyéndose un elegido de las alturas para llevar a cabo un plan divino.

En la madrugada del 15 de octubre de 1975, Franco comenzó a encontrarse mal. El doctor Pozuelo, su médico de cabecera, le administró un calmante y el Caudillo volvió a dormirse. Sólo parecía un susto, pero en realidad era el principio del largo camino que llevaría al Generalísimo a la fosa.

Para sus seguidores toda ayuda era poca. La noche del 29 de octubre, el arzobispo Pedro Cantero colocó, en presencia de toda la familia del dictador, un manto de la Virgen sobre su cama. Era el manto de Capitanía General y había sido confeccionado por las religiosas del Pilar, que bordaron la tela con la intención de que fuese estrenado por la Virgen el día en que Franco entrara con sus tropas en Madrid al final de la guerra, como así se hizo. Según uno de los médicos presentes, Franco abrió los ojos, besó el manto comenzó a llorar.

Ese manto, haciendo juego con la mano de Santa Teresa en el oratorio privado del dormitorio de Franco, inauguraba una larga lista de reliquias y objetos sagrados que le fueron llevando al enfermo con la intención de que sanara milagrosamente. Y quién sabe si funcionaron, porque la madrugada del 7 de noviembre eso fue lo que se comentó, tras las circunstancias excepcionales que les tocó vivir a algunos de los presentes. Nos referimos a la intervención a vida a muerte a la que se sometió el Caudillo.

Así recuerda uno de los médicos la situación: «Se instaló todo, se inició la intervención quirúrgica y se fundieron los plomos. En plena operación nos quedamos sin luz. Llamaron al electricista de El Pardo, un hombre que estaba en la cama en ese momento, y ahí teníamos a Franco, con la tripa abierta y la luz apagada en un quirófano improvisado. Se dio la orden de que todo el regimiento se quedara a oscuras y la potencia eléctrica de El Pardo se centralizara en aquella angosta habitación. Un testigo de excepción, el doctor Alonso Castillo, se vio envuelto en una curiosa escena: «Volvió la luz y me convertí en lámpara; me dieron una y me colocaron encima de allí como pude. Me daban unos chispazos tremendos, porque el suelo estaba húmedo». Mientras tanto, el padre Bulart comenzó a dar la extremaunción a Franco, inconsciente. Ya lo daban por muerto, pero al final se le cortaron las hemorragias. Fue una gran sorpresa para los médicos, que vieron a Franco al filo de la muerte. Para muchos, aquella situación fue milagrosa, beneficiada por los objetos sagrados que le rodeaban en su lecho.

Días después, Franco fue trasladado a la residencia hospitalaria de La Paz. Hasta allí llegó el reverendo Severino Domingo Palacios. Muy emocionado, aguardó en el vestíbulo a que le permitieran entrar. Finalmente accedió a un lugar al que tenían vedado el paso incluso la mayor parte de los ministros. La razón: portaba consigo una parte del cuerpo incorrupto de San Diego de Alcalá, que se conserva en una iglesia de Alcalá de Henares, donde falleció en 1463. Se dice que curó insospechadamente al hijo de Felipe II, por lo que su cuerpo fue paseado por las cámaras reales para atraer la buena suerte. Quizá se pensaba que también podría hacer algo por Franco (…). El goteo de objetos curiosos no se detenía.

Pero no podía resistir más. Para que Franco saliera por su pie del hospital hacía falta más que un milagro. A las pocas horas de empezar todo ese maremagnum se decidió desconectar los aparatos que le mantenían con vida. Murió la madrugada del 20 de noviembre de 1975, a las 2.40 horas, debido a «una parada cardiaca como final deun shock tóxico por peritonitis». Eso decía el «tecnificado» parte médico, pero incluso en este dato hay un trasfondo bastante misterioso y nunca aclarado.

Muchos acusaron a los médicos de alargar la vida del enfermo por presiones políticas y razones de Estado. Ellos lo negaron entonces y también ahora. Al parecer, no hubo presión alguna por parte del ejército, ni del Gobierno, ni de la familia. Aún así, no deja de resultar curioso que la fecha de su muerte coincidiera exactamente con la de José Antonio Primo de Rivera, el fundador de la Falange, que, además, está enterrado junto a Franco en el Valle de los Caídos.
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Comentarios (1)

Moe Hace 5 años
aEso de que el Vitor era un símbolo totalmente desconocido... Algunas universidades, como la de Salamanca o la de Seviĺla, lo usan desde tiempos inmemoriales.

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