EE.UU. probó 'mosquitos asesinos' como arma de guerra biológica
Un informe desclasificado en 1977 detalla cómo el Ejército de EE.UU estudió liberar mosquitos infectados sobre poblaciones enemigas. Los experimentos se realizaron en secreto sobre ciudadanos estadounidenses
En algún momento de 1977, sin comunicados de prensa, sin rueda de prensa y sin que nadie lo advirtiera, el Ejército de los Estados Unidos dejó accesible en el portal del Defense Technical Information Center (DTIC) un documento de 69 páginas que describe con frialdad burocrática algo que, de haber sido conocido entonces, habría provocado una tormenta política. El informe, clasificado bajo el nombre clave Project Bellwether, detalla experimentos reales realizados entre septiembre y octubre de 1959 para evaluar la capacidad del mosquito Aedes aegypti —el mismo que transmite el dengue, la fiebre amarilla, el virus del Zika y el chikungunya— como vector de un arma biológica ofensiva contra tropas enemigas o zonas pobladas.
El documento permanece accesible hoy en el servidor del DTIC con el número de acceso AD0596046. No hubo escándalo. No hubo titulares. Sencillamente apareció allí, como si el tiempo hubiera sepultado su capacidad de sorprender.
Ahora, casi cincuenta años después de esa silenciosa desclasificación, hemos recuperado el expediente y vuelto a colocarlo bajo el foco. Y la pregunta que se impone no es solo qué se hizo entonces, sino qué podría estar haciéndose ahora.
Desierto, calor y mosquitos hambrientos
El objetivo declarado del Project Bellwether era medir la actividad de picadura de los mosquitos en condiciones de desierto caluroso. El propósito real, según se detalla en el propio informe, era recopilar datos para evaluar cómo actuarían esos enjambres como arma biológica si se liberaban sobre soldados enemigos o zonas de población civil. No era investigación médica. Era ingeniería de guerra.
Los experimentos se realizaron con Aedes aegypti, una especie conocida por ser portadora de algunas de las enfermedades más devastadoras que puede transmitir un insecto. Los investigadores analizaron cuántas personas eran picadas, en qué circunstancias, a qué horas del día y bajo qué condiciones climáticas. Era, en esencia, un estudio de eficiencia letal con seres humanos como sujetos.
El expediente desclasificado refiere otras operaciones que combinan lo kafkiano con lo directamente criminal

Operación Big Buzz y Operación Drop Kick
El Project Bellwether no fue un caso aislado. El mismo expediente desclasificado hace referencia a operaciones anteriores que combinan lo kafkiano con lo directamente criminal.
En junio de 1955, el Cuerpo Químico del Ejército llevó a cabo la Operación Big Buzz. Más de 300.000 mosquitos Aedes aegypti —aunque en este caso sin infectar— fueron lanzados desde aviones y dispersados desde tierra sobre el barrio de Carver Village, en Savannah, Georgia. El vecindario era de mayoría afroamericana. El experimento confirmó que los mosquitos sobrevivían al lanzamiento aéreo, se dispersaban hasta 600 metros del punto de suelta y buscaban activamente víctimas humanas para alimentarse.

Un año después, en 1956, llegó la Operación Drop Kick. Esta vez el escenario fue Avon Park, Florida. El Cuerpo Químico liberó primero 600.000 mosquitos sin infectar desde aviones sobre el área de bombardeo de Avon Park, y en 1958 elevó la cifra al millón. Los resultados, según los documentos, fueron igualmente satisfactorios desde el punto de vista operacional: los insectos sobrevivían, se dispersaban y picaban. Un vector biológico funcional estaba al alcance de la mano.
Los experimentos de la Operación Big Buzz se realizaron presuntamente sobre población no informada. Los documentos desclasificados no establecen con claridad si los residentes de Carver Village fueron advertidos ni si dieron su consentimiento. Espacio Misterio no ha podido verificar de forma independiente el estado de infectados o no infectados de los mosquitos utilizados en cada operación.
Además de los experimentos sobre población civil, el proyecto contempló también pruebas sobre voluntarios militares. Según el informe, soldados del Ejército de los Estados Unidos en Utah aceptaron ser picados por mosquitos en el marco del programa de investigación. El nivel de voluntariedad real de esos consentimientos, en un contexto militar donde la presión jerárquica es estructural, es una pregunta que el documento no responde.
La URSS tomó nota. Y lo publicó.
Uno de los detalles más inquietantes que recoge el medio británico Daily Mail es que estos experimentos fueron recogidos y publicados en revistas soviéticas de la época. La URSS monitorizaba el programa de armas biológicas con insectos del Ejército americano —al menos en sus aspectos más visibles— y los usaba como propaganda en el contexto de la Guerra Fría. Lo que Washington hacía en nombre de la defensa nacional, Moscú lo exhibía como evidencia de agresión biológica.
El hecho de que un programa de esta envergadura fuera visible para los servicios de inteligencia soviéticos mucho antes de que lo supiera el ciudadano americano medio dice mucho sobre quién consideraba el Pentágono que merecía estar informado.
¿En qué punto se encuentra ese programa hoy?
En 2016, DARPA —la agencia de investigación avanzada del Pentágono— anunció el programa Insect Allies, dotado inicialmente con más de 27 millones de dólares y ampliado posteriormente a 45 millones. El objetivo declarado era usar insectos como vectores para transmitir virus modificados genéticamente a cultivos agrícolas, supuestamente para proteger la seguridad alimentaria de EE.UU. frente a amenazas naturales o inducidas.
En 2018, un grupo de científicos publicó en la revista Science una carta de alarma que no dejaba lugar a interpretaciones benévolas: el programa podría violar la Convención de Armas Biológicas, ya que la tecnología desarrollada —insectos modificados con CRISPR portadores de virus— es funcionalmente indistinguible de un arma biológica de nueva generación. "Utilizar insectos como vector para diseminar enfermedades es la definición clásica de un arma biológica", escribieron.
De los mosquitos del Cuerpo Químico lanzados sobre barrios negros en Georgia en los años 50 a los insectos modificados con CRISPR financiados por DARPA en el siglo XXI, el hilo conductor es el mismo: insectos como plataforma de entrega de agentes biológicos. Lo que cambió es la precisión, la escala y la capacidad de modificar el propio patógeno que transportan.

Lo que los archivos de 1977 revelan no es solo historia. Es el punto de partida documentado de una línea de investigación que nadie ha desmentido oficialmente que haya terminado.
Hay un patrón que se repite en la historia de los programas clasificados estadounidenses: los experimentos más perturbadores no se destruyen. Se archivan. Se desclasifican décadas después, cuando ya no pueden cambiar nada. Y se alojan en servidores públicos a los que nadie presta atención hasta que alguien, casi por casualidad, encuentra el número de acceso correcto.
El informe AD0596046 del DTIC lleva décadas disponible. Lo que no estaba disponible era la voluntad de mirarlo directamente.








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