La KGB señaló a Lyndon B. Johnson como cerebro del asesinato de JFK
Un informe secreto soviético acusa a la cúpula del poder estadounidense de orquestar la muerte del presidente Kennedy
A veces, la historia tiene doble fondo. Lo que aparenta ser un crimen cometido por un francotirador solitario puede esconder una trama digna de un thriller geopolítico. Eso es exactamente lo que plantea un informe de la KGB, desclasificado recientemente y entregado a la congresista estadounidense Anna Paulina Luna. El documento, dirigido en su momento al primer ministro soviético Nikita Khrushchev, asegura que el asesinato de John F. Kennedy en 1963 fue obra de una conspiración interna encabezada por el entonces vicepresidente Lyndon B. Johnson, con la colaboración nada menos que del director del FBI y de la CIA.
La existencia de este informe, durante décadas confinado en archivos soviéticos, arroja una luz siniestra sobre uno de los episodios más analizados —y más oscuros— del siglo XX.
Below is the PDF link to the report from the Russian government regarding the assassination of JFK.
— Anna Paulina Luna (@realannapaulina) October 16, 2025
Authentication and translation has already begun and translated pages will be released in the coming days. https://t.co/NCLLhXyV9g
De acuerdo a la inteligencia soviética, 'no una persona, sino dos dispararon al presidente' JKF
El Dossier de Moscú
El informe soviético, traducido y publicado por el portal JFK Facts, detalla que la inteligencia rusa había recopilado información según la cual el FBI estaba en posesión de una grabación amateur filmada por un testigo ocular. Esa película, de acuerdo con los agentes soviéticos, “solo permite suponer que no una persona, sino dos dispararon al presidente”.
La referencia recuerda inevitablemente a la célebre película Zapruder, aunque el informe sugiere la existencia de otro metraje que podría haber aportado pruebas cruciales de la existencia de un segundo tirador.
El documento subraya además la rapidez —sospechosamente eficiente— con la que se señaló a Lee Harvey Oswald como único culpable. “Sin hacer una investigación exhaustiva”, escribe la KGB, “Oswald fue efectivamente el sospechoso inmediato, y el Ministerio de Justicia declaró el 27 de noviembre que no tenemos evidencia de que alguien más estuviera involucrado”.
Un cierre de caso tan fulminante que incluso los soviéticos, acostumbrados a los procesos sumarísimos, lo encontraron poco creíble.

El sospechoso ignorado
Otro dato inquietante emerge de las páginas del dossier: el FBI había interrogado a Oswald apenas dos semanas antes del asesinato de Kennedy. Sin embargo, esta información nunca fue compartida con la policía de Dallas ni con el Servicio Secreto.
¿Por qué ese silencio? ¿Era simple negligencia… o parte de un entramado más profundo?
La KGB no se andaba con rodeos. Para los analistas soviéticos, el asesinato no fue un acto aislado, sino una operación interna para cambiar el rumbo del país. Johnson, que juró el cargo como presidente a bordo del Air Force One pocas horas después del asesinato, aparece en el informe como “líder de la conspiración”, apoyado por altos mandos de seguridad nacional.
En plena Guerra Fría, este tipo de acusaciones no era baladí: para Moscú, la muerte de Kennedy representaba una lucha intestina dentro del poder estadounidense, entre facciones con visiones opuestas sobre Cuba, Vietnam y la carrera espacial.

El eco en la actualidad
El dossier, custodiado durante décadas en archivos rusos, fue entregado físicamente a la congresista Anna Paulina Luna, quien lo ha hecho público a través de Substack y ha generado un revuelo inmediato. Paralelamente, el portal The Black Vault, especializado en documentos desclasificados, ha analizado el contenido, subrayando el interés histórico y la potencial carga política de estas revelaciones.
Más de sesenta años después, el magnicidio de Dallas sigue produciendo ondas sísmicas. A la maraña de teorías sobre francotiradores ocultos, la CIA, la mafia, exiliados cubanos o agentes dobles, ahora se suma un actor inesperado: la mirada soviética, que desde el otro lado del Telón de Acero veía en el asesinato de JFK no un misterio… sino una conspiración palaciega.








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