El general McCasland era un 'testigo hostil'
El general desaparecido de la Fuerza Aérea resultó ser un "testigo" clave para exponer programas secretos de ovnis, según David Grusch
Hay un tipo de silencio que no es ausencia de ruido. Es el silencio que se produce cuando alguien que sabe demasiado deja de estar disponible para contarlo. En los últimos meses, ese silencio se ha repetido con una cadencia que ha obligado al propio gobierno de Estados Unidos a sentarse a examinarlo.
El nombre más reciente en esa lista es el del general retirado William Neil McCasland, de 68 años. Su última ubicación conocida fue cerca de su residencia en el área de Quail Run Court NE, en Albuquerque, Nuevo México, la mañana del viernes 27 de febrero de 2026. Su teléfono, sus gafas de prescripción y sus dispositivos portátiles quedaron en casa. Lo que faltaba: sus botas de montaña, la cartera y un revólver calibre .38.
Lo que convierte esta desaparición en algo más que un caso de persona mayor extraviada es quién era McCasland, lo que sabía, y —ahora lo sabemos— lo que se negó a revelar.

El testigo que no quiso hablar
Esta semana, David Grusch —el exoficial de inteligencia que en 2023 sacudió el Congreso al declarar bajo juramento que el gobierno estadounidense llevaba décadas ocultando programas de recuperación de objetos y entidades de origen no humano— ha ido más lejos que nunca.
Grusch, que hoy ejerce como asesor del congresista republicano Eric Burlison, ha mencionado específicamente a McCasland como uno de los oficiales que habrían estado al frente de programas clasificados relacionados con la recuperación e ingeniería inversa de naves no tripuladas. Pero ha añadido algo que lo cambia todo: ha calificado al general desaparecido de "testigo hostil", alguien que se habría negado a cooperar con los legisladores que buscaban entrevistar a personas con conocimiento del supuesto contacto de Estados Unidos con inteligencia no humana.
En sus propias palabras: «Ya tienen la lista de algunos de estos individuos hostiles que dirigían esos programas. Desafortunadamente, uno de ellos, el general de división retirado Neil McCasland, se encuentra desaparecido, lo cual también me preocupa mucho».

Es una frase que debería leerse despacio. Grusch no dice que McCasland haya sido silenciado. Dice que era alguien que sabía, que se negó a hablar, y que ahora ha desaparecido. Y que eso le preocupa. Mucho.
Grusch también ha advertido que fuerzas dentro del propio gobierno estadounidense siguen trabajando activamente para bloquear el intento de la administración Trump de desclasificar todos los archivos relacionados con los ovnis, y ha recomendado que el Congreso comience a emitir citaciones formales a quienes se han negado a testificar, a medida que se acerca la fecha límite para que la Casa Blanca revele su información.
El hombre que mandaba en Wright-Patterson
Para entender el peso de lo que Grusch afirma, hay que entender quién era McCasland.
Durante su carrera militar, supervisó programas de armas espaciales clasificadas y dirigió la investigación en la Base de la Fuerza Aérea de Wright-Patterson, en Dayton, Ohio, una instalación que lleva décadas siendo objeto de rumores sobre la posible presencia de restos extraterrestres procedentes del accidente de Roswell.
Según CNN, McCasland desempeñó un papel central en las investigaciones reales del Ejército estadounidense sobre objetos misteriosos en el cielo, desde los programas de investigación de la Guerra Fría hasta los esfuerzos por estudiar los fenómenos aéreos no identificados.

Su vínculo con la comunidad ovni era conocido antes de su desaparición. Correos electrónicos de John Podesta filtrados por WikiLeaks en 2016 revelaron su colaboración con Tom DeLonge en el marco del proyecto To The Stars. Algunos han especulado que funcionarios como McCasland estaban utilizando a DeLonge para construir una coartada pública sobre nueva tecnología de defensa terrestre clasificada, más que extraterrestre.
El periodista de investigación Ross Coulthart no se anduvo con rodeos al valorar el caso. Describió la desaparición como una "grave crisis de seguridad nacional", señalando que la forma en que McCasland se esfumó —aparentemente por un sendero sin reloj ni teléfono— sugería algo nefasto, y recordó que era considerado un repositorio de los secretos más sensibles de Estados Unidos.
La esposa de McCasland, Susan Wilkerson, se ha mostrado categórica en sentido contrario: escribió en Facebook que su marido llevaba casi 13 años retirado y que desde entonces solo había mantenido autorizaciones de seguridad muy comunes, añadiendo que tenía una condición médica crónica en el momento de desaparecer. Y el Sheriff del condado de Bernalillo ha declarado que, hasta la fecha, no se ha encontrado evidencia que vincule la desaparición con el trabajo clasificado del general.
El problema es que la declaración de Grusch no habla de los secretos de McCasland tras su jubilación. Habla de lo que supo durante su carrera activa y de su negativa a compartirlo con el Congreso. Eso es algo diferente.

El hombre que David Grusch quería que hablara antes
La figura de McCasland como "testigo hostil" cobra todo su sentido cuando se pone en contexto con lo que ya hemos publicado en Espacio Misterio: el caso de Matthew Sullivan.
Sullivan, subdirector del Centro Nacional de Inteligencia del Aire y del Espacio en Wright-Patterson —la misma base que McCasland dirigió—, fue contactado por Grusch para testificar ante el Congreso. Burlison reveló que Sullivan murió por suicidio en circunstancias que el propio congresista calificó de sospechosas, en el plazo de dos semanas desde que fue convocado para una entrevista. El Inspector General de la Comunidad de Inteligencia encontró indicios de "mala conducta y actividades potencialmente ilegales" en relación con el caso.
Sullivan quiso hablar. No pudo.
McCasland, según Grusch, no quiso hablar. Y ahora tampoco puede.
El paralelismo es incómodo. Y la pregunta que genera lo es más todavía: ¿importa la dirección del silencio si el resultado es el mismo?

Chandra Levy, 25 años después
Y entonces llegó una voz del pasado para añadir otra capa a todo esto.
El 1 de mayo de 2026, exactamente 25 años después de la desaparición de Chandra Levy, sus padres concedieron una entrevista en exclusiva a NewsNation. Susan y Robert Levy sostienen que el conocimiento y la curiosidad de su hija sobre los ovnis pudieron contribuir a su muerte.
La historia de Chandra Levy es uno de los misterios sin resolver más célebres de Washington D.C. La joven de 24 años, becaria en la Oficina Federal de Prisiones, desapareció en 2001 y sus restos fueron hallados en el parque Rock Creek al año siguiente. Su muerte fue calificada de homicidio. El caso quedó asociado en la memoria colectiva a su relación con el entonces congresista Gary Condit, aunque la policía lo descartó como sospechoso.
Lo que ahora revelan sus padres es diferente. Robert Levy declaró que Chandra le mencionó que sabía algo sobre los ovnis, y que el congresista Condit formaba parte del comité que trataba ese tema. Condit había pertenecido al Comité de Inteligencia de la Cámara entre 1999 y 2001.

Susan Levy relató que, en la conferencia ovni "Contact in the Desert", sintió con fuerza la intuición de que podría haber una conexión entre la muerte de su hija y la CIA, y declaro a NewsNation: "No sabemos lo que realmente ocurre en el gobierno. Muchos de nosotros no conocemos la verdad sobre muchas cosas."
La pareja también aseguró haber recibido advertencias para no investigar esa línea, alegando que elementos de la CIA habrían actuado contra personas "demasiado involucradas" en el tema.
Los propios Levy reconocen que no tienen pruebas directas. Su teoría es especulación. Pero en el contexto actual, incluso la especulación tiene un peso diferente.
El FBI habla. Pero con cuentagotas.
La presión institucional se ha vuelto imposible de ignorar. La Casa Blanca, el Comité de Supervisión de la Cámara y el propio FBI están ahora oficialmente implicados.
Según CNN, el FBI ha declarado que está "liderando el esfuerzo para buscar conexiones entre los científicos desaparecidos y fallecidos", trabajando con el Departamento de Energía, el Departamento de Guerra y con las fuerzas del orden estatales y locales.
El director del FBI, Kash Patel, ha confirmado que la agencia buscará vínculos relacionados con el acceso a información clasificada y con actores extranjeros, y ha prometido: "Si hay alguna conexión que conduzca a una conducta nefasta o a una conspiración, este FBI realizará los arrestos pertinentes."
Patel también ha anunciado que el FBI producirá un informe "en breve" tras revisar múltiples investigaciones estatales, a petición de la Casa Blanca.
En paralelo, el propio Patel ha confirmado que el gobierno ha completado un "esfuerzo interagencial" para reunir registros relacionados con ovnis, y que los archivos han sido preparados y entregados para su publicación pública.

El patrón que nadie quiere nombrar
El Comité de Supervisión de la Cámara ha enviado cartas a múltiples agencias solicitando información. Su presidente, James Comer, declaró que la acumulación de muertes y desapariciones tiene pocas probabilidades de ser una coincidencia.
Los casos documentados incluyen, además de McCasland y Sullivan: Monica Reza, ingeniera del JPL de la NASA desaparecida durante una excursión; Melissa Casias, empleada del Laboratorio Nacional de Los Álamos; Joshua LeBlanc, ingeniero vinculado a la NASA cuyo cuerpo fue hallado en un vehículo calcinado; y varios más, con perfiles que abarcan la física nuclear, la astrofísica y la aeronáutica. Entre los casos documentados, dos personas murieron por disparos de arma de fuego, se cree que el cuerpo de otra fue hallado en el fondo de un lago, y el resto desapareció desde sus hogares, una carretera o una ruta de senderismo.
La voz más cautelosa sigue siendo la del astrofísico de Harvard Avi Loeb, que ha advertido contra la atribución de excesiva importancia a la coincidencia de perfiles. El sociólogo médico Robert Bartholomew ha descrito la creencia en un patrón como un ejemplo de apofenia, la tendencia del cerebro humano a percibir conexiones significativas en eventos no relacionados.
Son voces necesarias. Pero el problema con la apofenia como explicación es que, en este caso concreto, no solo los ciudadanos ven el patrón: también lo ven el Congreso, el FBI y la Casa Blanca. Y ninguno de ellos ha dicho todavía que no hay nada que ver.
Y ahora David Grusch ha puesto nombre, rango y motivación a uno de los silenciados. Ha dicho que McCasland era un testigo que se negaba a hablar. Ha dicho que eso le preocupa mucho. Y lo ha dicho esta semana, con el general todavía desaparecido.









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