Adolescentes abren fuego contra varios bigfoots
Adolescentes abren fuego contra varios bigfoots en un bosque de Idaho, en Estados Unidos. Los homínidos medían más de tres metros y les rodearon
Un grupo de once jóvenes de entre 17 y 19 años vivió el fin de semana comprendido entre el 22 y el 25 de mayo uno de los encuentros más perturbadores registrados en los anales de la investigación sobre el Bigfoot. El lugar: el Bosque Nacional Payette, en el estado de Idaho, a unos 26 kilómetros al noroeste de la localidad de McCall. El desenlace: disparos contra las criaturas, huellas encontradas al amanecer y una noche que ninguno de los implicados parece haber olvidado.
El testimonio fue presentado ante la Bigfoot Field Researchers Organization (BFRO), la organización de investigación más veterana del país en este campo, y ha sido clasificado como Clase A, la categoría reservada a los avistamientos directos e inequívocos. El investigador Matthew Moneymaker, fundador de la BFRO y conocido del gran público por el programa Finding Bigfoot de Animal Planet, habló por teléfono con varios de los testigos y fue categórico en su valoración: "Están diciendo la verdad. La única cuestión es si hubo una mala interpretación de lo que vieron."
Una acampada que empezó normal
El grupo, compuesto principalmente por jóvenes de la localidad de Parma, Idaho, se instaló en un claro de montaña accesible desde la carretera Lost Valley Road, en una zona tan apartada que, según los propios testigos, el área de acampada más cercana se encontraba a treinta minutos de trayecto en coche. No era un camping. Era el tipo de lugar al que se llega cuando se quiere estar verdaderamente solo.

Las primeras anomalías pasaron casi desapercibidas. El viernes por la noche, una de las chicas del grupo, Abi, vio una silueta oscura y alta a pocos metros de la tienda de dos de sus amigos. Decidió no decir nada para no alarmar al grupo. Esa misma noche, una joven que exploró el bosque en busca de su novio escuchó algo que la seguía entre los árboles y que parecía silbarle desde distintas direcciones, como si intentara desorientarla. En su momento, lo atribuyó a su pareja. Poco después, ruidos de ramas al romperse y una llamada de coyotes resolvieron provisionalmente cualquier inquietud.
La madrugada del sábado al domingo, otra de las chicas del grupo escuchó un golpeteo agresivo y rítmico en los árboles que inicialmente identificó como un pájaro carpintero. Nadie le dio más vueltas.
Varios testigos reportaron migrañas repentinas justo antes de los avistamientos
El encuentro del domingo
Todo cambió en la madrugada del domingo 24 de mayo. Uno de los jóvenes, Daniel, se levantó con un dolor de cabeza intenso —varios testigos reportaron migrañas repentinas justo antes de los avistamientos— y se alejó unos metros del campamento para ir al baño. Entonces lo vio.
Una figura bípeda de aproximadamente tres metros de altura, con ojos reflectantes y vacíos, caminando directamente hacia él. Daniel corrió hacia sus amigos, cogió el rifle calibre 22 que llevaban en el coche y ordenó que las chicas y el bebé del grupo —una niña de cuatro meses— se refugiaran en la camioneta de Jacob. Varios de los chicos se internaron en el bosque.

Dispararon tiros de advertencia. La criatura pareció huir en dirección al campamento de otros amigos suyos, Dillion y Sabrina, que acampaban en una pista abandonada cercana. Los jóvenes se dirigieron allí.
Lo que encontraron fue más inquietante que el primer avistamiento.
Según declararon después, fueron rodeados por tres o más criaturas en el bosque. Las describieron como animales de aspecto humanoide, de tres metros de altura, con pelaje oscuro y ojos reflectantes. Demasiado altos para ser personas. Demasiado rápidos para ser humanos. Sabían cómo ocultarse detrás de los árboles y parecían intentar activamente separar al grupo. Uno de ellos, Colton, afirmó haber disparado directamente a una de las criaturas, además de otros cinco tiros de advertencia.
Las huellas de la mañana
Al amanecer del lunes, el grupo recorrió la zona con otra mirada. Lo que encontraron añadió una capa adicional de extrañeza al relato.
Huellas de manos en los cristales de dos vehículos —los únicos en los que habían dormido personas esa noche—, huellas de pisadas en el perímetro del campamento, y lo más llamativo: árboles rotos y ensamblados formando cruces laterales dispuestas en un gran círculo, con estructuras que recordaban a tipis construidas con troncos, justo en el centro de las cuales se encontraba el campamento de sus amigos.

La madre de una de las testigos, al escuchar el relato, no dudó: le dijo a su hija que había muchos avistamientos conocidos en esa zona. En efecto, los registros de la BFRO incluyen un caso del año anterior en ese mismo entorno: dos personas en tabla de paddle en el lago Lost vieron dos criaturas similares observándolas desde la orilla. share
La valoración del investigador
Moneymaker, que lleva más de tres décadas documentando este tipo de casos, fue prudente pero claro en su nota de seguimiento. Señaló que cuatro de los diez testigos tuvieron avistamientos visuales directos, la mayoría del resto del grupo escuchó sonidos en algún momento, y que dado el historial de la zona y el número de testimonios oculares, "es bastante obvio que había sasquatches allí, al menos tres de ellos".
También descartó la hipótesis de que otros campistas pudieran estar gastándoles una broma: la ubicación estaba a kilómetros de cualquier otro punto habitado del bosque, y el área de acampada más cercana se encontraba a treinta minutos en coche.








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