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25/03/2025 (12:41 CET) Actualizado: 25/03/2025 (12:41 CET)

Barbie: de un proyecto nazi a ícono mundial

La improbable conexión entre un proyecto nazi llamado Borghild y la muñeca más famosa del mundo: Barbie

mercedes Pullman

Antropóloga

25/03/2025 (12:41 CET) Actualizado: 25/03/2025 (12:41 CET)
Una recreación de la IA Grok de muñeca nazi que inspiró a Barbie
Una recreación de la IA Grok de muñeca nazi que inspiró a Barbie

A finales de la primavera de 1940, las unidades de la Wehrmacht marchaban victoriosas por las calles de Francia. Emocionados por la rápida y fácil victoria, los soldados alemanes se lanzaron de inmediato a los brazos de las “mariposas nocturnas”. Los numerosos y descontrolados actos sexuales con las prostitutas llevaron a consecuencias nefastas. Un brote de sífilis y otras enfermedades venéreas se apoderó impiadosamente de los soldados alemanes. A diferencia de la heroína del cuento Bola de Sebo de Guy de Maupassant, que se entregó a un oficial prusiano solo después de mucha persuasión, las mujeres francesas del siglo XX compartieron noches con los ocupantes sin ningún remordimiento de conciencia particular. Y los “verdaderos arios”, contrariamente a la propaganda nazi, utilizaron voluntariamente sus valiosos servicios.

Con el brote de enfermedades venéreas, los altos mandos del ejército alemán se vieron en la necesidad de hacer algo al respecto. Era evidente que una simple prohibición no resolvería nada, porque el fruto prohibido siempre es mucho más dulce y, en consecuencia, puede llevar a consecuencias exactamente opuestas. Por ello, tomaron un camino contrario y muy original. Según varios historiadores, el propio Führer intervino en la solución de este problema. Bueno, para ser exactos, solo dio la orden a Himmler para que resolviera este problema, desarrollando algún tipo de reemplazo de una mujer real por una artificial, que se suponía que satisfaría las necesidades sexuales de sus soldados. Y este “reemplazo” debía ser una determinada muñeca, lo que inicialmente se denominó «El Proyecto de Higiene de Campo». Así comenzó una extraña aventura que se denominó El Proyecto Borghild.

En 1940, Heinrich Himmler escribió lo siguiente: «El mayor peligro en París son las prostitutas, que abundan y consiguen clientes en bares, bailes y otros lugares. Es nuestro deber evitar que el personal militar ponga en riesgo su salud». Las enfermedades venéreas fueron un gran problema para las fuerzas de las SS y la Wehrmacht. Los soldados con sífilis no solo quedaban incapacitados para el servicio, sino que además su tratamiento costaba una cantidad considerable de dinero». Los ideólogos nazis tampoco podían ignorar el aspecto racial de la cuestión: en su opinión, la mayoría de las mujeres francesas no pertenecían al tipo “nórdico” y, por lo tanto, consideraban indeseables sus vínculos.

Nada de amor verdadero

Para crear la muñeca de goma, los funcionarios de las SS contrataron al científico Franz Tschackert del Museo Alemán de Higiene. Esta elección, bien meditada, se basaba en la «mujer de cristal» anatómicamente perfecta que elaboró este científico y que causó un gran revuelo en los años 30. Curiosamente, el prototipo original de la mujer «aria» debía ser la actriz húngara Käthe von Nagy.

Käthe von Nagy
Käthe von Nagy

¿Morena, en serio? Señoras y señores, aquí estamos una vez más ante la evidencia de que la doctrina racial nazi era sorprendentemente flexible. Aunque los húngaros eran considerados aliados políticos, en términos de lengua y apariencia estaban muy alejados del ideal ario. Sin embargo, la propia von Nagy, al enterarse del “honor” que le había correspondido, se indignó y prohibió el uso de su imagen para estos fines. Este hecho no desanimó a los dirigentes de las SS, así que, sin más, reemplazaron a la belleza húngara por una “belleza aria lujuriosa”: rubia, de ojos azules y rasgos faciales modelados artificialmente.

El prototipo recibió el nombre de Borghild. Las grandes mentes alemanas consideraron que: «cuando un soldado hace el amor a Borghild, no tiene nada que ver con el amor verdadero. Por lo tanto, la cara de esa impresionante máquina sexual antropomórfica debería ser exactamente la misma que la cara libertina descrita en el libro 'Sexo y carácter' del filósofo austriaco Otto Weininger», señaló Olen Hannussen, un legionario de las SS danesas y uno de los desarrolladores del proyecto.

El nombre de "Borghild" proviene de una epopeya alemana, pero no era momento para sentimentalismos; oficialmente, se le llamó «El Kit de Higiene de Campo». El plan original consistía en crear un modelo de plástico duro con extremidades flexibles, transportado por el ejército en una camioneta especial. Sin embargo, se optó por una versión inflable de polímero, lo más parecida posible a la piel humana según la tecnología de IG Farben, el imperio químico nazi, en la década de 1940.

El proyecto Borghild
El proyecto Borghild

En 1941, en las instalaciones de la isla británica de Jersey, ocupada por los nazis, se fabricaron y probaron 50 ejemplares del Borghild. Pero la implementación del “Kit de Higiene de Campo” enfrentó problemas desde el inicio: los soldados se sentían avergonzados de llevar consigo a las muñecas de goma, temiendo ser objeto de burla si los capturaban. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

El psiquiatra Rudolf Chargeheimer, contratado para el proyecto, afirmaba que los soldados nunca preferirían una muñeca a una mujer real. Por ello, estableció requisitos estrictos para el “nuevo producto”: la piel debía sentirse como la humana, el cuerpo debía ser flexible y los genitales debían parecer realistas al tacto. Hitler, según se dice, propuso características precisas: labios carnosos, pechos grandes, ojos azules, cabello rubio y cuerpo de tamaño natural, siguiendo los estándares de la estética nazi.

Franz Tschackert junto a la mujer de cristal
Franz Tschackert junto a la mujer de cristal

El desarrollo del “Proyecto de Higiene de Campo” se abordó con la meticulosidad alemana. Inicialmente, se planeó crear una muñeca con un “esqueleto” de aluminio, pero Tschackert, especialista en polímeros, rechazó esta idea y optó por silicona. Borghild tenía el pelo corto, alejándose de cualquier idealización femenina; debía ser una compañera de lucha, no un símbolo romántico.

Para el cuerpo de la muñeca se consideró a Wilhelmina von Bremen, corredora y campeona olímpica en 1932. Aunque se realizaron moldes de su cuerpo, las medidas humanas no se ajustaban a los estándares deseados y se optó por una figura estilizada y atlética con seis variaciones faciales.

Wilhelmina von Bremen
Wilhelmina von Bremen

Mientras los técnicos moldeaban los cuerpos, los médicos y psiquiatras diseñaron un programa para que las muñecas siguieran a las tropas en remolques especiales, desinfectándose rigurosamente tras cada uso. Sin embargo, la desinfección fue un desafío: no se lograba un plástico suave y sin residuos del procesamiento.

El primer modelo de Borghild se presentó en Berlín en septiembre de 1941 y fue evaluado por Himmler, quien ordenó fabricar cincuenta copias y probarlas en Jersey. Hitler, satisfecho con los resultados, solicitó 5,000 unidades para la Leibstandarte SS Adolf Hitler, pero la capacidad de producción era insuficiente. Además, los soldados seguían desechando las muñecas, considerándolas una carga y un riesgo de humillación si eran capturados.

Con la campaña del Este y el desgaste del ejército alemán, el interés por el proyecto decayó. Tras la derrota en Stalingrado, la falta de recursos y los recortes presupuestarios llevaron al cierre definitivo del proyecto en 1943. Las muñecas producidas fueron destruidas, posiblemente durante el bombardeo de Dresde. La documentación del proyecto, según algunos informes, se perdió en el bombardeo del Instituto de Medicina Laboral.

Así, la Borghild, creada para satisfacer necesidades sexuales y evitar enfermedades venéreas, se convirtió en una nota a pie de página olvidada en la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Pero, si toda la documentación se ha quemado, ¿cómo llegó esta información?

Ruth y Elliot Handler
Ruth y Elliot Handler

Conocemos «El proyecto Borghild» gracias al escritor Donald Graham, quien investigó los orígenes de la muñeca Barbie. En uno de sus libros, describió la historia de los estadounidenses Ruth y Elliot Handler que, en 1956, visitaron Europa. Habían pasado más de diez años desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y los estadounidenses querían echar un vistazo al Viejo Mundo. Al llegar a Europa, la pareja visitó lugares de interés turístico y, un día, decidieron entrar en un sex shop en algún lugar de Suiza. Europa había avanzado mucho en la lucha por la liberación humana, separándose del Nuevo Mundo, por lo que la pareja estaba interesada en despejarse de las normas puritanas estadounidenses de los años 50. ¿Quién hubiera pensado que pronto estallaría la Gran Revolución Sexual?

Cuando estaban a punto de irse de la tienda, Ruth vio una pequeña muñeca, casi igual a las que se venden en las tiendas infantiles. La única diferencia era la vestimenta del juguete: pantalones ajustados y una blusa cuyos extremos estaban atados de modo muy sexy sobre su barriguita desnuda. La dependienta les explicó que el nombre de la muñeca era Lilly y que era casi una copia exacta de su madre, la legendaria Borghild. Cuando le preguntaron quién era esta Borghild, la vendedora lo descartó, diciendo que era un estúpido proyecto nazi.

Pero, al buscar la historia del origen de Barbie, encontramos la interesante historia contada por Ruth sobre cómo encontró el prototipo en una pequeña tienda de regalos en Suiza. Lilly fue inventada en Alemania en 1952, inspirada en un personaje de cómic del periódico de Hamburgo Bild-Zeitung. El personaje de Lilly era conocido por su ingenio y libertinaje sexual, y su frívola naturaleza rápidamente ganó el cariño de lectores de todos los géneros. En respuesta a su extrema popularidad, se creó una versión plástica del famoso personaje. Ciertamente, no fue pensada para niños, como la mayoría de las muñecas, por eso se vendió como una novedad en tiendas de juguetes para adultos, bares e incluso estancos de toda Europa. Los hombres a menudo recibían estas muñecas como regalo de broma y las colgaban en sus espejos retrovisores; también se las regalaban a sus novias como recuerdos que invitaban a la reflexión.

La muñeca Lilly y su cómic
La muñeca Lilly y su cómic

La empresa de Ruth y Elliot Handler, Mattel, compró los derechos de la muñeca Lilly, que empezaron a vender en Estados Unidos como muñeca para adultos. Graham incluyó esta historia en su colección histórica, El barbero de Mussolini, donde afirma que Borghild se convirtió en el prototipo de Lilly, una muñeca sexual que se vendió en clubes nocturnos y tiendas para adultos.

Si observamos las fotos de la muñeca Lilly original, no es difícil ver de dónde surgió la inspiración para la muñeca Barbie. Lilly medía poco menos de 30 centímetros, tenía cabello rubio y pechos grandes. También llevaba sombra de ojos azul, labios rojos y cejas marcadas. A diferencia de la muñeca alemana, la Barbie estadounidense tenía rasgos faciales ligeramente más nobles. Su cuerpo era similar al de Lilly; sin embargo, había menos maquillaje, lo que ayudaba a la percepción más infantil de la muñeca americana.

Tres años después de presentar por primera vez las muñecas Lilly, Ruth presentó su propia versión el 9 de marzo de 1959. La muñeca recibió el nombre de su hija Barbie. En una entrevista de 1977, Handler admitió que su muñeca era más sexy que la mayoría de los juguetes estadounidenses. Sin embargo, a ella no le importó y dijo que quería crear algo que una niña pudiera usar para «proyectar su fantasía del futuro sobre sí misma».

Tres ejemplares de Lilly
Tres ejemplares de Lilly

Si bien Ruth Handler defendió que Barbie permitiría a las niñas proyectar sus aspiraciones y fantasías sobre su futuro, la muñeca ha sido criticada por promover un estándar de belleza poco realista y una imagen idealizada de la mujer. Aunque Barbie ha evolucionado con el tiempo para representar más diversidad e independencia, en sus primeras versiones reflejaba un ideal limitado que podía influir negativamente en la autoimagen de las niñas, restringiendo, en lugar de expandir, sus posibilidades de identificación.

¿Realmente existió la muñeca?

Pues no está claro. Como cualquier historia interesante con un pasado oscuro, se resiste a enseñar al mundo la verdad. No está claro si las 50 muñecas Borghild realmente se produjeran. Algunos investigadores afirman que sí y otros que no. Parece ser que la historia de la muñeca hinchable fue una invención del periódico sensacionalista alemán 'Bild' que, a fuerza de ser reproducida y ampliada en internet, ha acabado siendo aceptada y asumida como real. Tampoco sabremos nunca si Himmler cortó la financiación antes de que las muñecas vieran la luz, porque la situación en la frente se empeoraba por momentos en 1942. Lo que sí podemos afirmar que el Museo de la Higiene realmente fue gravemente dañado por los proyectiles aliados durante el bombardeo de Dresde, que destruyó convenientemente la evidencia del proyecto, si es que existía alguna. Lo único que sobrevivió fueron algunas fotos, que supuestamente fueron rescatadas de la basura por un escultor y entregadas a un reportero llamado Norbert Lenz. Lo que sí que está claro es que inspirados por la sensual muñeca Lilly, los Handler crearon la legendaria muñeca rubia Barbie, que conquistó los corazones de miles de millones de niñas. Pero la identidad de la “madre” se intenta ocultar de las miradas curiosas, aunque para su época fue un “juguete” revolucionario que con el tiempo cayó en el olvido...

Sobre el autor
mercedes Pullman

Graduada en Trabajo Social y licenciada en la Antropología Social y Cultural.
Vicepresidente de la Sociedad Española de Antropología y Tradiciones Populares.
Directora de la Revista Digital Antropología y Tradiciones Ppulares. Colaboradora de Cuarto Milenio.
Autora de libros: Ovnis en Ucrania y Los secretos mejor guardados de la KGB

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