La inquietante profecía de Peter Thiel desde el corazón de Roma
El oligarca que financió la campaña del vicepresidente JD Vance y es aliado de Trump, revelará quién es el Anticristo que nos llevará al Apocalipsis
Hay declaraciones que pasan desapercibidas… y otras que, por su carga simbólica, parecen diseñadas para incomodar. Lo que ha deslizado el tecnooligarca Peter Thiel en círculos privados de Roma no pertenece al terreno habitual de la geopolítica ni de la innovación tecnológica. Pertenece, más bien, a un territorio mucho más resbaladizo: el de la escatología, el poder y la construcción del relato apocalíptico.
Según informaciones publicadas por medios internacionales, Thiel habría asegurado en reuniones recientes —algunas de ellas vinculadas a entornos del Vaticano— que está en condiciones de identificar al Anticristo, una figura central en la tradición cristiana asociada al engaño global y al colapso moral de la humanidad. No se trata de una declaración menor, ni de un exabrupto sin contexto.
El tecnooligarca que ha impulsado con sus donaciones el ascenso al poder del vicepresidente estadounidense JD Vance y es aliado de Donald Trump, viajó a Italia para impartir un curso sobre el Maligno, en el Palazzo Taverna, en el centro de Roma. El evento estaba respaldado por la Associazione Culturale Vincenzo Gioberti que describe la amenaza del Anticristo así: “En nuestro presente hay fuerzas incesantes, más o menos ocultas, comprometidas en destruir lo que queda del Occidente que nos es querido e hipotecar el destino de la humanidad y su dignidad”.

Thiel no es un agitador cualquiera. Cofundador de PayPal, inversor temprano en Facebook y figura influyente en la órbita tecnológica y política estadounidense, su discurso suele estar cuidadosamente calibrado.
Pero aquí surge la primera grieta: ¿qué hace un magnate de Silicon Valley hablando en términos teológicos sobre el fin de los tiempos?
Thiel creció en una familia cristiana evangélica y asegura que el cristianismo moldea su visión del mundo. Lleva años mostrando interés por cuestiones filosóficas y religiosas. Admirador del pensamiento del filósofo René Girard, ha reflexionado en diversas ocasiones sobre la violencia, el sacrificio y los mecanismos de construcción del enemigo. En ese marco, la figura del Anticristo no sería tanto un individuo concreto como un fenómeno: una narrativa capaz de unificar a la humanidad frente a una amenaza común, incluso si esa amenaza es fabricada.
Y es precisamente aquí donde el relato se vuelve inquietante.

Estas conversaciones en Roma no fueron improvisadas, sino parte de encuentros discretos donde se mezclan élites tecnológicas, inversores y figuras cercanas al poder religioso. No hay actas públicas. No hay declaraciones oficiales. Solo filtraciones parciales y testimonios indirectos porque solo se puede acceder por invitación, sin cámaras ni dispositivos de grabación. ¿Estamos ante una estrategia de provocación intelectual? ¿O ante algo más elaborado: una construcción deliberada de un nuevo marco interpretativo para una crisis global?
Porque si algo ha demostrado la historia es que el concepto de “Anticristo” ha sido utilizado una y otra vez como arma política, como etiqueta para deslegitimar adversarios o como herramienta de control social. Desde los primeros siglos del cristianismo hasta la propaganda moderna, la figura ha mutado, adaptándose a cada época.
Sin embargo, en el siglo XXI, la pregunta adquiere una nueva dimensión. En un mundo dominado por algoritmos, inteligencia artificial y plataformas globales, ¿quién tiene realmente la capacidad de construir un enemigo universal creíble? ¿Un líder político? ¿Una institución religiosa? ¿O las élites tecnológicas que controlan los canales de información?

Thiel no ha revelado aún el nombre que, supuestamente, guarda. Y quizá ahí reside la clave. Porque más allá de la identidad concreta, lo verdaderamente perturbador es el marco mental que introduce: la posibilidad de que el Anticristo no sea descubierto… sino designado.
El Periodico recoge declaraciones del historiador católico Carlo Felice Casula quien acusa al tecnooligarca de promover "una falsa religión" que buscaría quitar todo freno a la tecnología amparándose, de forma pretextuosa, en ideas pseudo-cristianas desde la mismísima cuna del catolicismo. Lo que está en la línea del también historiador y filósofo Agostino Giovagnoli, cuando califica de "pseudo-cristianismo sin cruz que, a través de la exaltación de la fuerza […], idolatra las energías destructivas de los algoritmos y de la guerra". Se da la circunstancia de que Thiel es cofundador de Palantir, una empresa que usa el famoso ICE para identificar a los migrantes a través de la inteligencia artificial y que también se emplea en la guerra de Irán.








Comentarios
Nos interesa tu opinión