El terrible exorcismo del Albaicín
Una vivienda del barrio del Albaicín, en Granada, se convirtió en 1990 en el escenario de un ritual que terminó en una desgarradora tragedia
El llamado “Exorcismo del Albaicín” es uno de los episodios más asombrosos e inquietantes de la crónica negra española contemporánea. Lo que comenzó como un ritual con el fin de poder liberar a una mujer de una supuesta posesión terminó derivando en un suceso marcado por la violencia extrema, la ignorancia y el fanatismo. La víctima fue Encarnación Guardia Moreno, una mujer granadina que falleció tras horas de sufrimiento durante un ritual practicado por familiares y un curandero en una casa del histórico barrio del Albaicín.
Encarnación había pasado varios años trabajando en Francia antes de regresar a Granada. Durante su estancia en ese país entró en contacto con ambientes que estaba relacionado a lo oculto, al espiritismo y a prácticas esotéricas. Según relataría posteriormente su entorno, participó en rituales donde se mezclaban creencias ocultistas, invocaciones y experiencias que, con el tiempo, marcaron profundamente su visión de la realidad. Aquellas vivencias tuvieron una notable influencia en su percepción de estar bajo la influencia de fuerzas malignas.
Al regresar a Granada, Encarnación se reencontró con un entorno familiar donde también existía una fuerte presencia de creencias espiritistas. Algunos parientes afirmaban mantener contacto con un primo fallecido, José Guardia Alonso, lo que potenció sobremanera un clima de sugestión en el que lo sobrenatural se interpretaba como parte de la vida cotidiana. En ese entorno tan extremo comenzaron a celebrarse sesiones espiritistas en las que la mujer participaba activamente.

Durante una de esas reuniones, Encarnación sufrió un episodio de trance o alteración emocional en el que aseguró tener dentro de su cuerpo una entidad demoníaca. Convencida de que debía expulsarla, pidió ayuda a sus primas Enriqueta e Isabel, así como a un curandero conocido en el barrio como Mariano “el pastelero”. Aquella petición sería mortal, desencadenó la organización de un exorcismo improvisado que se desarrolló durante horas dentro de una vivienda familiar.
Sucedió el 1 de febrero de 1990, en una vivienda del barrio del Albaicín de Granada. El ritual incluyó prácticas extremas que buscaban forzar la salida del supuesto espíritu maligno. En un primer momento se administró a la víctima una mezcla de vinagre y sal en grandes cantidades, algo que sería fatal. La ingestión del brebaje provocó vómitos y espasmos, pero los participantes interpretaron esas reacciones como señales de que el demonio se resistía a abandonar el cuerpo. La situación degeneró en una escalada de violencia física que incluyó golpes, inmovilización y actos de extrema brutalidad.
Las consecuencias fueron devastadoras. Encarnación fue trasladada finalmente al hospital Ruiz de Alda de Granada, en el que ingresaría en estado crítico. Los médicos confirmaron que sufría un grave daño neurológico provocado por una intoxicación masiva de sodio, que había desencadenado un edema cerebral irreversible. Falleció al día siguiente.

El caso provocó una fuerte conmoción tanto en Granada como a nivel mediático. La investigación judicial derivó en la detención de los implicados y en un proceso celebrado en el año 1992. Durante el juicio, los acusados ofrecieron versiones contradictorias sobre lo ocurrido. Muchos insistieron en que actuaron convencidos de estar ayudando a la víctima y que el ritual se había realizado a petición de la propia Encarnación.
La Audiencia Provincial de Granada consideró que los hechos constituían delitos de lesiones y de imprudencia temeraria, pero no homicidio intencionado. Las penas solicitadas fueron relativamente moderadas, una decisión que generó polémica debido a la gravedad de lo sucedido pues, en síntesis, se había matado a una persona. El tribunal interpretó que los participantes actuaron bajo una creencia errónea pero sincera en la necesidad de realizar el exorcismo.

Uno de los aspectos más comentados del caso surgió durante la autopsia realizada por el médico forense Manuel García Blázquez, quien documentó detalladamente el estado del cuerpo. El informe recogía hallazgos físicos que llamaron la atención de los investigadores, entre ellos una inusual laxitud muscular en el cuello y fenómenos observados durante el proceso de documentación fotográfica que dificultaron el registro visual de las pruebas.
El doctor García Blázquez publicó posteriormente el libro “El exorcismo del Albaicín,” en el que recopiló el análisis forense del caso y el contexto en el que se produjeron los hechos. Su estudio contribuyó a consolidar la dimensión histórica del suceso dentro de la criminología española.
Más de tres décadas después, el caso sigue siendo recordado tanto en la crónica negra como en el mundo del misterio, siendo un ejemplo de superstición y desconocimiento que derivó en una tragedia irreparable.








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