Una casa encantada aterró a cinco jugadores del Betis
Un inquietante episodio vivido por jugadores del Real Betis en una vivienda de Sevilla-Este que sigue provocando miedo más de dos décadas después
El periodista deportivo Enrique Olivares, de Radio Nacional de España, especializado en el deporte sevillano, compartió conmigo una experiencia inenarrable, un relato que se cuenta entre muchos profesionales del balompié en nuestro país.
Estando en la redacción de Rne en Sevilla me comentó que quería hablar conmigo teniendo al teléfono a uno de los implicados. Su protagonista es Juanito, exjugador del Real Betis Balompié y del Atlético de Madrid, jugador de la selección española en su día y quien, junto a sus compañeros Pinto, Pablo Niño, Robles y Pedro Curtido, vivió una experiencia aterradora en una casa alquilada en la zona de Ciudad Blanca, en Sevilla-Este, cuando eran jugadores del Betis Deportivo.
Corría mediado de los años 90 y lo que comenzó como un alojamiento temporal para varios jóvenes futbolistas acabó por ser un episodio de miedo que, con el paso del tiempo, han querido olvidar. Según el propio Juanito, al teléfono, narrando su testimonio directo, en primera persona, aquel grupo de amigos y jugadores comenzaron a experimentar una serie de fenómenos inexplicables tales como espejos que aparecían rotos, luces que se apagaban y encendías solas, puertas arañadas desde el interior, ruidos sin origen aparente y una sensación constante de estar acompañados y no poder dormir o descansar mal.

Durante los primeros días, los futbolistas intentaron mantener la calma. Pensaron que se trataba de coincidencias o fallos eléctricos y también de la propia estructura de la casa, siempre tirando a una explicación racional. Pero la frecuencia e intensidad de los sucesos fue en aumento. “Aquello era un no parar”, recordaba Juanito al narrar los hechos. Uno a uno, los jugadores comenzaron a sentir miedo de permanecer solos en la casa, y pronto las bromas se transformaron en miedo a la casa.
Preocupados, decidieron preguntar a los vecinos si conocían el pasado del inmueble. Nadie supo darles una explicación. Ninguna historia de tragedias previas, ningún rumor de sucesos extraños.
Momento de miedo extremo
Uno de los episodios más sobrecogedores tuvo lugar cuando llamaron al padre de Pedro Curtido, conocido por no ser creyente de lo sobrenatural; decidió visitar la casa para comprobar los hechos. Durante su estancia no ocurrió nada extraño. Al marcharse, los jugadores decidieron salir y apagaron las luces antes de cerrar la puerta. Al girarse desde la calle, todas las lámparas del interior estaban encendidas nuevamente. Un detalle que a todos les inquietó tremendamente.
La tensión se disparó cuando, al regresar hallaron las ventanas abiertas de par en par, los cuadros dañados junto con un “ambiente irrespirable que nos obligó a salir de la casa”.

Los hechos, recogidos posteriormente en el libro Sevilla Terrorífica 2 (ed. Samarcanda, 2024), continúan siendo objeto de conversación entre quienes estudian los casos paranormales ocurridos en Andalucía. Incluso años después, los protagonistas recordaban el suceso con cierto temor e incapaces de ofrecer una explicación racional. De ello también pude hablar con Susana Saborido, compañera en Canal Sur y esposa de Joaquín Sánchez.
Juanito aseguró que lo vivido en aquella casa fue “una de las experiencias más aterradoras y extrañas” de su vida. Según explicó, la convivencia en el inmueble se volvió insostenible ya que el miedo se adueñó del grupo y la única solución fue marcharse.
El episodio, bautizado por muchos como “la casa embrujada de los jugadores del Betis” no es una anécdota futbolística, se trata de un testimonio ante vivencias con lo inexplicable.
Este tipo de fenómenos paranormales presenta elementos comunes con episodios análogos en otros puntos en los que una serie de hechos extraños se manifiestan a un grupo que están lejos de querer experimentar manifestaciones físicas inexplicables y que, desde luego, muchos se manifestaban escépticos antes de vivir todo ello.

El misterio de Ciudad Blanca sigue sin resolverse. La casa, cuyo paradero exacto pocos conocen hoy, continúa siendo objeto de curiosidad para aficionados a lo oculto que tratan de ubicarla Algunos vecinos del barrio indican que el inmueble fue reformado y vendido tiempo después, aunque ninguno puede asegurar si los nuevos inquilinos experimentaron o experimentan algo similar “son gente muy reservada”.
Sólo cabe una pregunta: ¿Qué haríamos nosotros si, de pronto, lo imposible se volviera cotidiano y se viviera en su propia casa?
Los recuerdos de aquella experiencia afloran entre aquellos que la vivieron, no es solo del miedo a lo sobrenatural sino que es convivir en un espacio tan “sagrado” como tu propia casa con lo imposible y aquello que se escapa a tu comprensión generando miedo.
Cada vez que paso por esta zona me acuerdo de la conversación con Juanito o de las veces que lo hemos hablado con Susana Saborido y que, desde luego, está muy lejos de ser fruto de la sugestión colectiva. Para ello pregunté a mi buen amigo el doctor Antonio Petit-Gancedo que me sentenció: “Hay mucho mito pero quédate con algo José Manuel: es más fácil vivir un fenómeno de ese tipo que tener una sugestión colectiva prolongada en el tiempo en un grupo tan dispar”.








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