Tres reliquias en Europa dicen tener el rostro de Cristo
La tradición del velo de la Verónica dio lugar, con el paso de los siglos, a varias reliquias que distintas comunidades cristianas identificaron como que eran el verdadero rostro de Cristo.
Las reliquias relacionadas al rostro de Jesucristo ocupan un lugar singular en la historia del cristianismo. Entre ellas, la Santa Faz de Manoppello, la Santa Faz de Alicante y el Santo Rostro de Jaén destacan por su tremendo arraigo devocional y por la complejidad de sus trayectorias históricas, en muchas ocasiones muy difíciles de rastrear. Las tres remiten a la tradición del paño o velo de la Verónica, aunque cada una ha desarrollado un relato propio.
La Santa Faz de Manopello
El caso de Manoppello, que está en la región italiana de los Abruzos, es probablemente el que más debate ha suscitado en las últimas décadas. La pieza conservada por los capuchinos es una tela muy fina en la que se aprecia un rostro aparentemente masculino. En el año1999, el jesuita Heinrich Pfeiffer sostuvo que podía tratarse del legendario velo de Verónica desaparecido de Roma, una hipótesis que dio nueva proyección a esta llamativa reliquia. La tradición local sitúa su llegada en el año 1508, cuando un desconocido la habría entregado a Giacomo Antonio Leonelli. Después pasó por manos privadas hasta terminar en el convento capuchino.

No obstante, la identificación de Manoppello con la reliquia romana carece de elementos o documentos que la verifiquen amén que parece claramente una pintura. Parte del interés en torno a la pieza se ha concentrado en el tejido, descrito por algunos autores como biso o seda marina, y en la aparente visibilidad de la imagen por ambas caras. A partir de ahí surgieron interpretaciones que eran muy opuestas. Algunos investigadores han defendido que presenta rasgos difíciles de explicar mediante técnicas pictóricas convencionales e incluso la han comparado con la imagen extraordinaria y diferente de la Sábana Santa de Turín. Otros especialistas consideran que responde a una elaboración humana, compatible con modelos iconográficos tardomedievales o renacentistas. El debate se ha alimentado además por la presencia o no de pigmentos, un punto en el que tampoco existe consenso.
La Santa Faz de Alicante
La reliquia alicantina pertenece a otro registro, más ligado a la historia de esta zona del Mediterráneo y a la devoción popular sostenida durante siglos. La Santa Faz de Alicante se venera en el monasterio situado en el entorno de la ciudad y es uno de los grandes e indudables símbolos religiosos de la provincia. La tradición remonta su llegada al siglo XV, cuando el sacerdote Pedro Mena habría traído desde Roma un lienzo asociado al rostro de Cristo. El episodio decisivo en su memoria colectiva se sitúa en el año1489: durante una rogativa por la sequía, el paño habría mostrado una lágrima en el barranco de Lloixa. A partir de ese momento se afianzó enormemente una devoción que terminó convirtiendo el lugar en centro de peregrinación.

Con el tiempo, la pieza original sufrió alteraciones materiales. El lienzo, que presentaba manchas interpretadas como huellas de sangre, siendo retocado con pintura roja y reducido de tamaño por la costumbre de extraer fragmentos con fines devocionales. Esa transformación explica que hoy se conserve en relicario y que su contemplación esté mediada por una historia de restauraciones, de traslados y de protección. En el transcurso de la Guerra Civil española añadió un nuevo capítulo. En julio del año 1936, en medio del asalto al monasterio, varios vecinos lograron sacar la reliquia del camarín y esconderla para evitar su destrucción. El objeto sagrado sobrevivió, mientras el resto del templo sufría graves daños.
El Santo Rostro de Jaén
El Santo Rostro de Jaén se sitúa en un plano diferente, porque su importancia deriva tanto de la reliquia en sí como de la tradición más dilatada en la que se inserta. En el contexto español, la expresión “Santo Rostro” suele reservarse para la pieza custodiada en la catedral jiennense, en la llamada Capital del Santo Reino, mientras que “Santa Faz” se asocia sobre todo a Alicante. Pero ambas denominaciones remiten a un mismo universo de imágenes consideradas vera icon (verdadera imagen), es decir, representaciones verdaderas o milagrosas del rostro de Cristo. En esa genealogía aparecen también el Mandylion de Edesa, la Verónica romana o la Sábana Santa.

La principal dificultad para el historiador y el científico estriba en saber separar tradición, costumbres religioso-piadosa y documentos. El episodio de Verónica no figura en los evangelios canónicos y su consolidación literaria es tardía, aunque acabó integrándose de forma decisiva en la espiritualidad cristiana y en el Vía Crucis. A partir de la Edad Media, Roma difundió el prestigio del velo conservado en San Pedro, mientras distintas iglesias europeas afirmaban custodiar imágenes relacionadas con ese mismo origen. La multiplicación de reliquias no debe entenderse solo como una contradicción, sino también como una práctica habitual en el mundo medieval, en el que cabe decir que la fragmentación, copia o reproducción reforzaba el alcance del culto.
Manoppello, Alicante y Jaén resumen tres maneras de leer una misma herencia en el que más que certidumbres absolutas, estas reliquias ofrecen una ventana a la forma en que la fe y la Historia han construido durante siglos el rostro de… ¿Cristo?









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