Enigmas y analogía

La población zombi de Haití crece año a año por las mafias del crimen

Haití es un país peculiar donde, no es broma, existen los zombis. Sin embargo, no son exactamente la definición clásica de zombi que puedes imaginar.

21 de Febrero de 2019 (18:47 CET)

La población zombi de Haití crece año a año por las mafias del crimen
La población zombi de Haití crece año a año por las mafias del crimen

Mucho se habla en nuestra sociedad postmoderna y su cultura pop sobre los zombis, los no muertos y otro tipo de figuras encarnadas por el hecho de ser criaturas que, una vez experimentan una muerte clínina, siguen vivas. Estas figuras siempre han sido consideradas propias de la ficción y la fantasía, protagonizando montones de películas, libros, cómics, etc.

Sin embargo, su presencia en la ficción ha llegado a trasladarse a huecos de la realidad, como por ejemplo, el político, dado que no son pocos los gobiernos que tienen definido un programa de acción contra una posible amenaza zombi, como este de Estados Unidos, entre otros. 

No obstante, no son sólo esos campos en que los zombis son "reales". Los muertos vivientes disfrutan de una presencia real en Haití. Cada año, se reportan varios casos nuevos de zombis descubiertos entre la población. Nuevamente, las apariencias engañan pero, esta vez, la realidad acaba convertida en un territorio más tétrico que la ficción.

En 1997, la prestigiosa revista médica The Lancet publicó un artículo firmado por el profesor Roland Littlewood, del departamento de Antropología y Psiquiatría del University College London, y por Chavannes Douyon, médico de la Policlínica Médica en Puerto Príncipe. Ambos investigadores habían localizado a varios zombis en la isla y los habían estudiado. En concreto, se trataba de tres personas identificadas después de fallecer como muertos vivientes por sus allegados y familiares.

La denominada "FI" era una mujer de 30 años, difunta tras sufrir una corta enfermedad. Había sido enterrada junto a su casa, pero al cabo de tres años, se la vio en estado zombi paseando cerca de la aldea y fue acogida por la familia.

La segunda persona una joven fallecida a los 18 años tras una breve enfermedad. Ya habían trascurrido estudiada, "WD", murió con 18 años después de que sus "ojos se volvieran amarillos" y su cuerpo se hinchara. Terminó sepultada en la tumba familiar, pero ocho años más tarde alguien la identificó como zombi mientras asistía a una pelea de gallos.

Por último, "MM" era 13 años desde su muerte cuando la observaron caminar vacilante en el mercado de la ciudad.

Los dos médicos determinaron que "FI" no mostraba ningún daño neurológico, aunque sí una esquizofrenia catatónica. A "WD" le encontraron un daño cerebral, probablemente por falta de oxígeno y le diagnosticaron epilepsia. A su vez, "MM" evidenciaba una discapacidad de aprendizaje.

Sin embargo, la mayor sorpresa provino al recibir los resultados de las pruebas de ADN y cotejar las huellas digitales. Dos de los zombis tenían una identidad equivocada. No eran los parientes muertos que suponían sus familias. Este artículo puso en evidencia las carencias sanitarias de Haití, donde muchos sujetos con déficits cognitivos vagan desatendidos por la isla.

Es entonces cuando las familias, bajo el influjo de las creencias mágicas, terminan confundiendo con zombis a individuos que simplemente padecen trastornos psicológicos.

El considerable paso del tiempo entre la muerte del allegado y el momento en el que se le cree reconocer, facilita la confusión. Paradójicamente, esta falsa zombificación vendría a paliar la falta de un sistema público y adecuado de salud mental en Haití.

Pero también existe otro tipo de zombi haitiano mucho más siniestro. El antropólogo Frantz Alix Lubin, en su trabajo de campo The Process of Zombification in Haiti (2016) defiende la realidad del fenómeno aunque mostrando su auténtico rostro. Un lado oscuro que tendría más que ver con el crimen organizado que con cuestiones sobrenaturales.

Y es que, según Lubin, en Haití existen dos tipos de justicias: la oficial y la zombi. La segunda viene de antiguo y opera como sistema de represalias entre las sociedades secretas del país.

Éstas, muy extendidas, funcionan a modo de contrapoder en la sombra. Están bastante jerarquizadas e incluso federadas y sus mandos ordenan ejecutar la zombificación como castigo contra aquellos que no actuaron conforme a lo esperado. Sacudido por dictaduras, extrema pobreza y cataclismos naturales, la justicia institucional propia del Estado de derecho brilla por su ausencia en muchos rincones de Haití.

Así que ese hueco ha sido ocupado por la justicia clandestina zombi en el marco del vudú, declarada religión oficial en 1987. El brujo o bokor se convierte entonces en un sicario del jefe de la sociedad secreta y a través del vudú y el diestro manejo de toxinas naturales efectúa una puesta en escena que inspira temor popular.

El bokor sería capaz de emplear sustancias químicas extraídas del rico ecosistema haitiano para dejar en estado letárgico a un individuo, hacerlo pasar por fallecido y luego reanimarlo en condiciones mermadas psicológicamente para dominar su voluntad de por vida.

En consecuencia, la zombificación sería un crimen practicado con "fines de venganza" y "un arma para la conquista de poder".

Sin embargo, a la hora de convertirlo en figura jurídica y llevarlo al código penal haitiano surgen los problemas. En 2017 comenzó a redactarse el nuevo código penal para el país y el asunto de los zombis trató de incluirse en el mismo para proteger a las víctimas y castigar a los instigadores.

Pero entre los propios miembros de la comisión senatorial abundaron las confusiones y los prejuicios. Uno de los principales activistas y defensor de los zombis en Haití es el abogado Emmanuel Jeanty, quien lleva años intentando cambiar el marco jurídico.

Denuncia que resulta muy fácil declarar a alguien muerto. Basta con dos testigos. Y es que en el país hay sólo dos médicos forenses para 10 millones de habitantes, así que una defunción no requiere examen médico, lo que permite todo tipo de abusos y márgenes para esclavizar o zombificar sujetos y extender así la leyenda zombi en la isla.

De hecho, dos parientes pueden deshacerse de un familiar molesto con la ayuda de un bokor que lo zombifica y todo esto amparado por la ley que consideraría a la víctima como fallecida. Estos agujeros legales y administrativos dan oxígeno al imaginario de los muertos vivientes en el país y continuarán preservando su misterio durante mucho tiempo más si nadie le pone remedio. Así, los "muertos" continúan caminando entre los vivos.

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