Historia oculta
17/07/2012 (09:16 CET) Actualizado: 13/03/2026 (08:13 CET)

BADAJOZ: BIBLIOTECA OCULTISTA TRAS UNA PARED

La Bibllioteca de Barcarrota ya tiene dueño. Quien emparedó los libros prohibidos sería un hidalgo perseguido por la Inquisición por sodomía y herejía

Juanjo autor web
17/07/2012 (09:16 CET) Actualizado: 13/03/2026 (08:13 CET)
Desvelan la identidad del presunto propietario de la Biblioteca oculta de Barcarrota
Desvelan la identidad del presunto propietario de la Biblioteca oculta de Barcarrota
Nº264, noviembre 2017
Este artículo pertenece al Nº264, noviembre 2017

Año 1557. Villanueva de Barcarrota (Badajoz), junto a la Iglesia de Nuestra Señora del Soterraño. Un hombre de unos setenta años se encuentra en el segundo piso de su casa, practicando un agujero en la pared. Se muestra intranquilo, desconfiado. A su lado, diez volúmenes impresos de diferentes tamaños, un manuscrito de sesenta folios y un diminuto pliego suelto con una extraña ilustración en su anverso: varios círculos concéntricos, una estrella de cinco puntas, diversas invocaciones a potestades espirituales y, presidiendo su centro, el nombre divino por antonomasia, el todopoderoso y esotérico Tetragrammaton.

El hombre tiene prisa. Se afana por introducir cada escrito dentro de la cavidad. Después, tapia el escondite. Lo enluce adecuadamente para que nadie pueda encontrar rastro de su obra y parte con urgencia hacia Portugal. Apenas un puñado de kilómetros lo separan de su destino. Piensa que allí estará a salvo durante algún tiempo, hasta que pueda regresar a su hogar y recuperar el «tesoro». Sin embargo, se equivoca. No volverá jamás. Pero, ¿qué contenían aquellos textos tan primorosamente camuflados tras un muro? Tendremos que esperar casi cuatro siglos y medio para hallar la respuesta.

Año 1992. Antonia Ascensión Saavedra se va a casar y decide reformar por completo la casa de sus padres. Es una vivienda antigua con una segunda planta que antaño era empleada como almacén doméstico. Antonia quiere construir allí varias habitaciones y un baño. Para ello contrata al albañil Antonio Pérez. Durante la obra, éste pica la pared una vez y otra y, cuando consigue atravesar el muro, observa con extrañeza que la punta de su pico ha quedado atrapada en el tabique, resistiéndose a salir. Se acerca y descubre que la herramienta ha traspasado la cubierta y varias páginas de un viejo libro. Con sumo cuidado, extrae de la pared un conjunto de textos, ocultados con esmero más de cuatrocientos años atrás.

BADAJOZ: BIBLIOTECA OCULTISTA TRAS UNA PARED
BADAJOZ: BIBLIOTECA OCULTISTA TRAS UNA PARED


En un principio, ni el albañil ni la dueña otorgaron gran importancia al hallazgo. Los volúmenes fueron amontonados junto a otros escombros y, finalmente, terminaron en el interior de una caja de zapatos. Pasado algún tiempo, Antonia quiso conocer el valor de sus vetustos libros, de modo que visitó a varios libreros y anticuarios de la provincia. En Mérida, uno de ellos mostró su desprecio por el «tesoro», sin embargo ofreció 6.000 euros por el mismo. Para carecer de interés, la cantidad resultaba sospechosamente importante.

Sin embargo, el enigma no terminó con el hallazgo de 1992. Durante décadas, los especialistas discutieron quién pudo esconder aquella pequeña biblioteca clandestina. Se barajaron hipótesis diversas: un médico converso, un clérigo heterodoxo, quizá algún erudito temeroso de la censura inquisitorial. Pero la historia, como tantas veces ocurre con los misterios del pasado, ha terminado revelando una pista inesperada.

La clave estaba allí desde el principio, aunque nadie supo interpretarla en su justa medida.

Entre los libros apareció aquel extraño pliego que mencionábamos al inicio: una nómina o amuleto protector, trazado con círculos concéntricos, símbolos cabalísticos y el nombre sagrado de Dios. Durante años fue considerado un simple objeto mágico de carácter popular. Sin embargo, su reverso contenía una inscripción reveladora: un nombre propio, un lugar y una fecha. “Fernão Brandão, de Évora; Roma, 23 de abril de 1551”.

Ese detalle aparentemente menor acabaría resultando decisivo.

El Tetragrammaton de Barcarrota
El Tetragrammaton de Barcarrota

Investigaciones recientes del profesor Pedro Martín Baños han permitido reconstruir la figura de ese hombre casi borrado por la historia. Fernão Brandão no era un simple vecino de Barcarrota. Era un hidalgo portugués, originario de Évora, que en algún momento de la década de 1550 había iniciado un periplo errante por Europa, pasando al parecer por Roma antes de terminar refugiándose en la frontera extremeña.

Su vida, sin embargo, estaba marcada por una sombra peligrosa: la Inquisición portuguesa. Los documentos lo describen con términos demoledores para la mentalidad de la época. Se le acusaba de herejía, de conductas consideradas “impías” e incluso de sodomía, cargos que podían arruinar no sólo su reputación, sino también su vida.

¿Fue ese el motivo de su huida hacia Barcarrota?

La frontera con Portugal, a escasos kilómetros, ofrecía entonces una oportunidad de desaparecer. Un lugar discreto donde un hombre perseguido podía recomponer su existencia… al menos durante un tiempo. Allí, en esa casa cercana a la iglesia del Soterraño, Brandão reunió una colección de textos que hoy nos permite asomarnos a su mente.

No era una biblioteca cualquiera.

Entre los volúmenes hallados se encontraban obras profundamente incómodas para la ortodoxia religiosa del siglo XVI: tratados de quiromancia, textos espirituales heterodoxos, escritos eróticos italianos, obras de Erasmo y una rarísima edición del “Lazarillo de Tormes”, una novela que ridiculizaba sin pudor la hipocresía social y eclesiástica.

Algunos de esos títulos aparecerían poco después en los índices de libros prohibidos promulgados por el inquisidor Fernando de Valdés en 1559.

Poseerlos no era un simple acto intelectual. Era un riesgo.

Los libros prohibidos hallados en Barcarrota (Badajoz)
Los libros prohibidos hallados en Barcarrota (Badajoz)

De pronto, el episodio narrado al comienzo cobra un sentido mucho más nítido. Aquel anciano inquieto que emparedaba sus libros no estaba ocultando simples lecturas. Estaba salvando una biblioteca peligrosa, una colección de ideas capaces de convertir a su dueño en sospechoso ante el Santo Oficio.

Martín Baños halló varias denuncias registradas en el Tribunal de la Inquisición de Évora sobre Fernão Brandão en la plataforma DigitArq, Este hidalgo de la familia de los Brandões de Évora, señor de São Manços, se habría exiliado a Castilla "por los excesos cometidos" en el reino portugués. Las denuncias registradas entre 1547 y 1549, le acusaban de impiedad por comer pescado y carne los viernes, domingos y fiestas de guardar, por no rezar nunca, por jugar a la pelota con sus criados en lugar de ir a misa o por desaparecer de la ciudad y refugiarse en su casa de campo durante la Cuaresma. Según recoge Mónica Arrizabalaga, autora de 'España, la historia imaginada' (Espasa), en un artículo del diario ABC, también se decía que blasfemaba contra Dios y los santos y que poseía algunas figurillas de metal con las que practicaba rituales de magia o hechicería.

Además, se le acusaba de haberse acostado con varios criados y de poseer un libro de sodomía que Baños relaciona con 'La Cazzaria' (1525), del italiano Antonio Vignali, una obra de cariz abiertamente homosexual que se difundió en Europa de forma clandestina y se halló entre los libros ocultos de Barcarrota.

Un ejemplar de La Cazzaria
Un ejemplar de La Cazzaria

Tal vez Brandão intuyó que su refugio en Barcarrota estaba a punto de terminar.

Quizá recibió noticias de un proceso abierto contra él. Tal vez algún vecino habló demasiado. O acaso, simplemente, comprendió que el clima de vigilancia intelectual que recorría Europa en plena Contrarreforma acabaría alcanzándolo tarde o temprano.

Sea como fuere, tomó una decisión desesperada: esconder su tesoro entre los muros y cruzar la frontera hacia Portugal.

Lo que ocurrió después sigue siendo un vacío documental.

Sabemos que jamás regresó a recuperar sus libros. Sabemos también que el escondite permaneció intacto durante más de cuatro siglos, como si el propio muro hubiera decidido custodiar aquel secreto hasta tiempos más tolerantes.

Y ahora, tras siglos de silencio, el nombre de su propietario vuelve a emerger del polvo de los archivos.

Pero la pregunta de fondo sigue ahí, intacta.

Porque aquellos libros no eran simples objetos prohibidos. Eran fragmentos de pensamiento libre en una época en la que leer podía ser un acto subversivo.

Y eso nos conduce a una reflexión inquietante: si Fernão Brandão tuvo que emparedar su biblioteca para protegerla de la censura inquisitorial… ¿cuántas otras bibliotecas clandestinas, cuántos otros secretos intelectuales, permanecerán todavía ocultos en los muros de la historia esperando a ser descubiertos?

Sobre el autor
Juanjo autor web

Colaborador habitual de la revista Año/Cero y los programas La Rosa de los Vientos y El Dragón Invisible, entre otros. Actualmente, forma parte del podcast Falsa Bandera.

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