Cuenco de Fuente Magna: Un oopart boliviano
El "Plato del Chancho" puede ser la clave para reescribir nuestro pasado. Descubre por qué la verdad oficial teme este Oopart boliviano.
El Cuenco de Fuente Magna es un artefacto que se ha ganado a pulso la categoría de Oopart (Out-of-Place Artifact o artefacto fuera de lugar, por sus siglas en inglés), desafiando frontalmente la cronología histórica aceptada.
Si la narrativa oficial nos asegura que las grandes civilizaciones del Viejo y el Nuevo Mundo evolucionaron de forma aislada hasta la llegada de Colón, el Cuenco de Fuente Magna, cuyo nombre significa "Gran Fuente", posee una controvertida inscripción que plantea una pregunta incómoda: ¿Hubo contacto transoceánico miles de años antes de lo que se nos ha enseñado?
Se supone que el enigmático objeto fue encontrado en la década de los 50 por un trabajador apellidado Manjón, en la hacienda Chúa, una propiedad ubicada cerca del místico Lago Titicaca, en Bolivia, a unos setenta y tantos kilómetros de La Paz, en Bolivia. Se trata de una vasija grande de piedra que fue utilizada por su descubridos como comedero para los cerdos, por lo que también se le conoce como "el plato del chancho". El hallazgo llamó la atención de la atención del arqueólogo Max Portugal Zamora, que a la sazón era director del Museo de Metales Preciosos Precolombinos, donde fue a parar el misterioso artefacto allá por 1960.
Tiene una iconografía con un estilo que lo relaciona con la cultura Tiwanaku del Altiplano andino. Sin embargo, lo que realmente lo convierte en un Oopart y desata el debate son los grabados que contiene.

¡Sumeria en el el altiplano andino!
El Cuenco de Fuente Magna ha captado la imaginación de los creyentes en lo insólito porque en su interior, junto a los motivos locales andinos, hay una escritura que, a juicio de algunos, no corresponde a ninguna lengua precolombina conocida.
Investigadores como Mario Montaño Aragón (1979) y, posteriormente, Clyde Ahmad Winters y Hugh Bernard Fox, identificaron la inscripción como cuneiforme o proto-sumeria, y en el caso de Fox, como fenicia.
La traducción del primero dice:
“Acérquense en el futuro a una persona dotada de gran protección en el nombre de la gran Nía. Este oráculo sirve a las personas que quieren alcanzar la pureza y reforzar su carácter. La Divina Nía difundirá pureza, serenidad, carácter. Usa este talismán (la Fuente Magna), para hacer germinar en ti sabiduría y serenidad. Utilizando el santuario adecuado, el santo ungüento, el sabio jura emprender el justo camino para alcanzar la pureza y el carácter. Oh sacerdote, encuentra la luz única para todos los que desean una vida noble.”
Ni-ash (Nammu o Nía) era la diosa que dio a luz al Cielo y a la Tierra, en Sumeria. Hay un bajorrelieve en la parte interior del vaso que puede evocar una rana (símbolo de fertilidad) y que según Winters es la representación de Nía, la diosa sumeria.
El mero hecho de que una escritura del Creciente Fértil (Sumeria/Mesopotamia) o del Mediterráneo Oriental (Fenicia) aparezca en el altiplano de América del Sur es, bajo el prisma de la arqueología convencional, simplemente imposible. Las teorías oficiales sostienen que los sumerios no pudieron haber viajado a América alrededor del 3000 a.C., fecha propuesta para la inscripción. Esto convierte al cuenco en un "artefacto fuera de contexto", un enigma que socava la línea temporal de la historia.

Los escépticos dicen que la historia del hallazgo es muy endeble (basada únicamente en el testimonio de un anciano décadas después y la anécdota de haber sido el "plato del chancho").
El arqueólogo Carl Feagans escribió el artefacto "sería muy significativo y uno de los hallazgos más notables del pasado humano si: 1) pudiera datarse en un período precolombino; y 2) la escritura fuera genuinamente sumeria". Y añadió: "No hay procedencia. Nada. Nada".
Y por procedencia hay que entender cadena de custodia, incluso si el artefacto fuera genuino, lo mejor que uno podría decir es: "¿no es curioso cómo un cuenco de piedra sumerio terminó en Bolivia?" Porque los científicos pensarían de inmediato que un viajero lo sacó ilegalmente de algún lugar de Oriente Próximo para revenderlo y terminó enterrado en Bolivia.
Un análisis minucioso de las inscripciones por parte de sumeriólogos y otros expertos sugiere una conclusión incómoda: la escritura no es cuneiforme sumeria auténtica. Al comparar la "escritura" del Fuente Magna con ejemplos reales de proto-cuneiforme, las diferencias son notables. El cuneiforme real se caracteriza por filas ordenadas, mientras que los trazos en el cuenco parecen toscamente ejecutados, como si alguien sin la destreza necesaria hubiese intentado copiar un texto que vio.

Los sumeriólogos ven en las inscripciones un burdo intento de imitación y no un cuneiforme auténtico.
Además, mientras la iconografía circundante del cuenco (sus figuras y diseños) sí parece tener afinidad con la cultura Tiwanaku del Altiplano andino (c. 600-950 d.C.), la presunta escritura sumeria o fenicia simplemente no encaja en el contexto temporal ni geográfico. Para cuando los fenicios navegaban por el Mediterráneo occidental, hacía tiempo que habían abandonado el cuneiforme a favor del alfabeto. Este detalle técnico es un golpe directo a la hipótesis de un contacto fenicio.
Los críticos argumentan que la combinación de una iconografía local con un intento burdo de escritura exótica apunta a una falsificación moderna o un objeto ceremonial de la cultura andina malinterpretado.
El Cuenco de Fuente Magna nos obliga a reflexionar sobre la gestión del conocimiento. ¿Estamos ante la prueba irrefutable de que las civilizaciones antiguas fueron mucho más avanzadas y globalizadas de lo que la verdad oficial admite, ocultándonos un contacto sumerio-andino? O por el contrario, ¿es el Cuenco de Fuente Magna un fascinante fraude moderno, disfrazado de Oopart, que expone la credulidad de quienes buscan desesperadamente una anomalía inexplicable para desafiar al establishment? La duda, como siempre, es la única certeza.








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