Historia oculta
10/09/2026 (12:05 CET) Actualizado: 10/09/2026 (12:05 CET)

El extraño archivo secreto de la Ahnenerbe

Un nuevo estudio analiza las expediciones de la Ahnenerbe a Escandinavia durante los años 1935 y 1936. Los nazis reprodujeron más de doscientos moldes de grabados prehistóricos

Josep Guijarro

Periodista y escritor

10/09/2026 (12:05 CET) Actualizado: 10/09/2026 (12:05 CET)
La Ahnenerbe realizó más de 200 copias exactas del arte rupestre escandinavo de la Edad del Bronce
La Ahnenerbe realizó más de 200 copias exactas del arte rupestre escandinavo de la Edad del Bronce

Entre 1935 y 1936, mientras el Tercer Reich empezaba a levantar su maquinaria de propaganda, un equipo enviado por Heinrich Himmler recorrió Suecia, Dinamarca y Noruega copiando, piedra a piedra, más de dos siglos de grabados prehistóricos. No buscaban tesoros ni oro: buscaban una escritura. Y estaban dispuestos a jurar que la habían encontrado.

La organización responsable se llamaba oficialmente Forschungsgemeinschaft Deutsches Ahnenerbe, «Comunidad de Investigación Herencia Ancestral», fundada el 1 de julio de 1935 por Heinrich Himmler, jefe de las SS y una de las figuras más poderosas del aparato represivo nazi. A su lado estaban Richard Walther Darré, ministro de Agricultura e ideólogo de la «sangre y la tierra», y un tercer hombre menos conocido pero decisivo en esta historia: el filólogo germano-neerlandés Herman Wirth.

Herman Wirth resigue con tiza petroglifos nórdicos
Herman Wirth resigue con tiza petroglifos nórdicos
 

La misión que Himmler encomendó a la Ahnenerbe apenas tres días después de su fundación no tenía nada que ver con excavar tumbas ni desenterrar armas. Consistía en viajar hasta la costa occidental de Suecia y fabricar, con yeso, arpillera y una malla de hierro, copias exactas de las rocas grabadas por los pueblos de la Edad del Bronce nórdica. "Si el objetivo último era inventar un pasado glorioso para la raza germánica -se pregunta Mattias Legnér, en un estudio de la revista científica Antiquity-, ¿por qué invertir tanto esfuerzo en que las copias fueran perfectas?

Ficha del hallazgo

Qué se ha publicado: un análisis de archivo sobre las expediciones de la Ahnenerbe a Escandinavia

Autor: Mattias Legnér, arqueólogo de la Universidad de Upsala (Suecia)

Dónde: revista científica Antiquity (Cambridge University Press), septiembre de 2026

El objeto de estudio: 221 moldes de yeso de grabados rupestres de la Edad del Bronce, hoy conservados en Suecia

Un profeta con un libro de éxito y una teoría sobre la Atlántida

Para entender qué esperaban encontrar hay que detenerse en Herman Wirth. En 1928 había publicado Der Aufgang der Menschheit («El ascenso de la humanidad»), un éxito editorial en la Alemania de entreguerras que lo convirtió en una figura pública. Su tesis era tan audaz como indemostrable: una raza nórdica primigenia, llegada de una Atlántida hundida en el Atlántico norte, habría creado la primera religión, la primera escritura y el primer culto solar de la humanidad. Los académicos alemanes de la época ya lo acusaban de sustituir el conocimiento por la creencia.

Fotografía tomada por Wirth en 1936 de uno de los moldes de Bohuslän (cortesía de Antikvarisk topografiska arkivet, Estocolmo)
Fotografía tomada por Wirth en 1936 de uno de los moldes de Bohuslän (cortesía de Antikvarisk topografiska arkivet, Estocolmo)

Wirth sostenía que los grabados de Bohuslän —la región sueca con la mayor concentración de arte rupestre de Europa, más de mil rocas y unas cuarenta mil imágenes talladas entre el 1800 y el 300 a.C.— contenían los símbolos más antiguos jamás producidos por el ser humano. Para él existía una continuidad ininterrumpida entre esos signos y las runas germánicas que los campesinos escandinavos seguían tallando todavía en el siglo XVIII. Descifrar ese código equivalía, en su cabeza, a recuperar el Ur-Monotheismus: el monoteísmo original, agrario y solar, anterior al cristianismo y a cualquier influencia que él considerase extranjera.

Dos expediciones, 221 moldes

 
Verano-otoño de 1935 — Primer viaje, equipo reducido. 113 moldes en el sur y el centro de Suecia.
 
1936 — Segunda expedición, mayor presupuesto. Se amplía a Dinamarca y Noruega.
Total — 221 moldes, 172 de ellos en territorio sueco, la mayoría en Bohuslän.

La luz rasante y el control absoluto de la interpretación

El método de trabajo era tan meticuloso que resulta desconcertante para lo que, en teoría, era una operación de propaganda. Sobre la roca se montaba un marco de madera sellado con arcilla; la superficie se enjabonaba para que el yeso no se adhiriera; el material, reforzado con tela de saco y una rejilla metálica, se vertía y se dejaba secar antes de transportarlo en camión. Wirth supervisaba personalmente cada pieza y, si el resultado no le convencía, ordenaba repetir el molde.

Existían alternativas mucho más rápidas y baratas —el dibujo, la fotografía, el cartón mojado— que otros investigadores del arte rupestre ya empleaban con buenos resultados. Wirth las descartó todas. Según Legnér, la razón tiene un punto inquietante: solo examinando los moldes bajo una luz oblicua en su propio estudio, lejos de Suecia y de cualquier colega que pudiera contradecirle, Wirth podía «ver» los detalles que sostenían su teoría. Grietas naturales de la roca, erosionadas durante milenios, se convertían así en trazos deliberados en cuanto la luz incidía desde el ángulo correcto. El molde no era solo un documento: era una herramienta para fabricar evidencia bajo su exclusivo control.

Preparativos para la fundición de una imagen en Bohuslän, Suecia (cortesía del Museo Vitlycke)
Preparativos para la fundición de una imagen en Bohuslän, Suecia (cortesía del Museo Vitlycke)

El disco de Fossum y la runa que acabó en el emblema de las SS

Entre las más de doscientas piezas, una concentró toda la obsesión de Wirth: el llamado disco de Fossum, un molde de 89 por 72 centímetros con dos plantas de pies, una embarcación, varias cazoletas y dos discos de los que salen líneas onduladas. En un manuscrito inédito de 1939 titulado Den store Gudens äldsta runor («Las runas más antiguas del gran dios»), Wirth interpretó ese círculo como un calendario solar que marcaba los solsticios, y las líneas que lo rodeaban como runas primitivas, precursoras de los calendarios rúnicos tallados en madera que se usaron en Escandinavia hasta bien entrada la Edad Moderna.

De ahí extrajo lo que consideraba el hallazgo definitivo: una forma primitiva de la runa odal —una línea vertical rematada por un círculo en cada extremo—, símbolo del vínculo entre la raza y la tierra. Esa runa, en su versión ya estilizada, era la que había adoptado la Oficina de Raza y Asentamiento de las SS (RuSHA), el organismo encargado de vigilar la «pureza racial» de los matrimonios entre miembros de la organización. Para Wirth, sus moldes demostraban que aquel emblema tenía un origen nórdico de miles de años de antigüedad; llegó a proponer que Hitler recibiera una copia del disco de Fossum como regalo de Navidad en 1936.

El molde del disco de Fossum (izquierda), y la interpretación de Wirth en su manuscrito Las runas más antiguas del gran dios» (derecha)
El molde del disco de Fossum (izquierda), y la interpretación de Wirth en su manuscrito Las runas más antiguas del gran dios» (derecha)

No todos se lo tragaron. El prehistoriador sueco T. J. Arne rechazó de plano la lectura de Wirth y, en una carta de 1939, le acusó directamente de falsificar los moldes para que encajaran con su teoría.

La obsesión nazi por lo «auténtico»

Aquí aparece la paradoja que da título al estudio de Legnér. El nazismo no tenía escrúpulos a la hora de tergiversar la historia, pero Himmler exigía que los objetos que sostenían esa mentira fueran materialmente genuinos. Prohibió expresamente que Wirth fabricara moldes a partir de fotografías o sin haber estado en contacto físico con la roca original: solo las piezas tomadas in situ se consideraban válidas, porque —en sus propias palabras, según recoge el estudio— habían «tocado» la piedra ancestral.

Esa misma fijación se repite en otros proyectos de la época: en el monumento de Sachsenhain, Himmler exigió que solo se usaran bloques de piedra arrastrados por los glaciares desde Escandinavia, para que el paisaje pareciera intacto desde la matanza de sajones que se suponía conmemoraba. La misma lógica rigió las excavaciones de las Externsteine y las reformas del castillo de Wewelsburg, convertido en centro espiritual de las SS. El objetivo, en todos los casos, era el mismo: que la gente sintiera que estaba en contacto directo con sus antepasados, no ante un decorado.

Wewelsburg, el Vaticano de las SS nazis
Wewelsburg, el Vaticano de las SS nazis

La caída de Wirth y un archivo bajo llave

El propio Wirth acabó siendo una molestia para sus patrocinadores. Defendía que las mujeres, no los guerreros, habían ejercido el liderazgo espiritual y político en la sociedad germánica primitiva, una idea que chocaba frontalmente con el culto al varón combatiente que el nazismo quería proyectar. A eso se sumó un escándalo: una supuesta crónica genealógica nórdica que había publicado como auténtica resultó ser una falsificación decimonónica. En 1937, cuando la Ahnenerbe se reorganizó para orientarse a la preparación bélica, Wirth quedó marginado; en 1938 fue expulsado.

Himmler le prohibió una tercera expedición y ordenó al director de la organización, Wolfram Sievers, que le exigiera destruir los moldes que aún conservaba, para que no pudieran poner en duda la credibilidad de la Ahnenerbe. Wirth ignoró la orden. Las piezas quedaron guardadas bajo llave en la sede berlinesa de la organización, sin que quede claro qué uso final se les habría dado: el estudio apunta a que algunos símbolos podrían haberse incorporado al diseño de cementerios y monumentos de las SS, un plan que la guerra y la caída del Tercer Reich dejaron sin ejecutar. Wirth murió en 1981, sin haber renunciado nunca a su proyecto de abrir un museo dedicado a esa religión primordial que solo él decía haber descifrado.

La pregunta que se hace el propio estudio

¿Por qué gastar recursos y tiempo en copias precisas si el objetivo era, de todos modos, inventar un pasado? Legnér concluye que la Ahnenerbe, más allá de su fama de pseudociencia burda, llegó a desplegar un rigor casi obsesivo para sostener con pruebas «de alta calidad» ideas que en sí mismas eran absurdas.

De reliquia de propaganda a instrumento científico

El destino final de los moldes añade una última vuelta de tuerca. Tras la guerra permanecieron en Austria, hasta que el país empezó a revisar su pasado nazi y su presencia allí se volvió incómoda. En 2018 la mayor parte de la colección se donó a la Universidad de Gotemburgo, que la mantiene depositada en el Museo de Västergötland, con algunas piezas en los Museos Históricos Nacionales de Estocolmo. Lejos de descartarlas, los arqueólogos suecos descubrieron que aquellas copias «congeladas» en los años treinta permitían algo muy distinto de lo que Wirth había imaginado: medir, mediante escaneado 3D, cuánto han erosionado las rocas originales por la lluvia ácida, el cambio climático y las obras públicas en los últimos noventa años.

Lista de Wirth que describe los moldes producidos en 1936
Lista de Wirth que describe los moldes producidos en 1936

La misma región de Bohuslän y el mismo arte rupestre de la Edad del Bronce que fascinaban a Wirth han sido, curiosamente, protagonistas recientes de otra historia que ya contamos en Espacio Misterio: la de las redes marítimas que conectaban la Iberia atlántica con la Escandinavia nórdica durante ese mismo periodo, mucho antes de que nadie hablara de razas superiores ni de Atlántidas perdidas.

Legnér no oculta la incomodidad de fondo: Wirth se ha convertido, décadas después de su muerte, en una figura de culto para movimientos ecofeministas, neopaganos y de extrema derecha en distintos países. El arqueólogo sueco defiende que precisamente por eso el origen oscuro de estos moldes no debe archivarse en silencio, sino examinarse con toda la luz posible —esta vez, la luz de la historia, no la luz rasante de un estudio en Berlín pensado para ver runas donde solo había grietas en la piedra.

Queda, en el fondo, una lección incómoda que trasciende la anécdota de la Ahnenerbe: la autenticidad material de un objeto no garantiza en absoluto la veracidad de lo que se dice sobre él. A veces, la copia más exacta y mejor hecha es precisamente la que sirve para sostener la mentira más grande.

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Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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