Historia oculta
25/05/2022 (16:11 CET) Actualizado: 25/05/2022 (16:11 CET)

La mujer barbuda y su reclamo en el circo

Convertida en uno de los reclamos estrella de los freakshows a finales del siglo XIX, la figura de la mujer barbuda ya causó sorpresa, burla o fascinación muchos siglos atrás

Javier Ramos

Periodista y escritor

25/05/2022 (16:11 CET) Actualizado: 25/05/2022 (16:11 CET)
Portada mujer barbuda
Portada mujer barbuda

Siempre han sido objeto de mofa y escarnio. Desde los orígenes de la humanidad, la existencia de mujeres barbudas sobre la faz de la Tierra ha producido sorpresa, fascinación, curiosidad, burla, recelo y miedo casi a partes iguales. Marginadas por sus características físicas, fueron acusadas de brujería o exhibidas en barracas de feria y circos. La mujer barbuda se convirtió en uno de los reclamos estrella de los freakshows a finales del siglo XIX, quizá el único lugar donde podían tener cabida.

Las barbudas de los circos han sido mujeres con problemas hormonales leves, muchas de ellas casadas y con hijos. En las postales y fotos de la época se las muestra vestidas con elegancia, posando muy femeninas, con sus joyas y sus encajes. No se las relacionaba con una abierta animalidad ni con la evolución, y muchas de ellas eran buenas burguesas, madres de familia.

En las cortes europeas de los siglos XVI y XVII destacan diversas figuras de salvajes, mujeres barbudas, seres anómalos...

En el mundo del arte, la mujer barbuda ya despertó la curiosidad de grandes pintores, como el renacentista José de Ribera, quien retrató con gran realismo en 1631 a Magdalena Ventura de los Abruzos, junto a su hijo y su marido.

La mujer barbuda (Magdalena Ventura con su marido)
La mujer barbuda (Magdalena Ventura con su marido). Autor: José de Ribera. Actualmente en el Museo del Prado (Madrid)

Magdalena, nacida en los Abruzos, madre de varios hijos, se volvió barbuda a los 37 años

En las cortes europeas de los siglos XVI y XVII destacan diversas figuras de salvajes, mujeres barbudas, seres anómalos, locos y chocarreros, "sabandijas y musarañas del arca de Noé", como se les llamaba, muy abundantes en la España de los Austrias (decaen durante los Borbones y la Ilustración), que pertenecen a la órbita de la diversión palaciega, el mundo doméstico y otras facetas más turbias de la cultura de la época como el espionaje. En la corte se convivía con seres deformes pero no con anomalías extremas, que a veces se explotaban solo para enseñarlas puntualmente, pero no formaban parte de la casa salvo en las pinturas que las recordaban.

Estamos familiarizados con la mujer barbuda de Ribera como icono, pero más allá del inquietante grupo que configura la imagen sombría que muestra este cuadro, hay vida e historia. Magdalena, nacida en los Abruzos, madre de varios hijos, se volvió barbuda a los 37 años, y quince más tarde tuvo a su último hijo. El virrey de Nápoles encargó el retrato a José de Ribera como recuerdo de tan extraordinario fenómeno, cuyo pelaje se extendía por el rostro y el pecho. Es un cuadro extraño cuya clave, aunque no la encontremos, existe sin lugar a dudas.

Esta obra solo tiene parangón con otra mujer barbuda llamada Brígida del Río, la Barbuda de Peñaranda, pintada por Juan Sánchez Cotán en 1590, cuadro que se conserva en el madrileño Museo del Prado, aunque no está expuesto al público. Al igual que Magdalena Ventura, Brígida del Río había alcanzado una gran fama hasta el punto de que aparecía citada en varias obras literarias, y fue requerida desde la corte de Felipe II. Técnicamente, ambas padecieron el síndrome de Ambras, que se caracteriza por presentar un vello largo, coloreado y grueso en todas las zonas pilosas del cuerpo en especial en la cara, orejas y hombros.

El hirsutismo es una enfermedad que altera el nivel de las hormonas y motiva la aparición de pelo corporal allí donde es habitual en los varones

la Barbuda de Peñaranda
La Barbuda de Peñaranda (Brígida del Río). Autor: Juan Sánchez Cotán. Crédito: Museo del Prado

La existencia de mujeres que lucían frondosa vellosidad en su cara y mejillas era debido al hirsutismo, una enfermedad que altera el nivel de las hormonas (sobre todo genera un exceso de andrógenos u hormonas masculinas) y motiva la aparición de pelo corporal allí donde es habitual en los varones. Las féminas tienen también la capacidad de producir cierta cantidad de andrógenos como la testosterona, pero en mucha menos proporción que los varones. Sin embargo, existen dolencias como el hirsutismo que desnivelan esos niveles y elevan los andrógenos, originando la masculinización de la mujer. ¿Por qué se dan esas alteraciones en las hormonas? Pueden venir motivadas por los esfuerzos de un parto, por enfermedades de nacimiento, tumores o quistes en los ovarios de las mujeres.

El historiador Ambroise Paré explica el hirsutismo en las mujeres como consecuencia de los caprichos y fijaciones de las madres durante el coito o el embarazo. Habla de una joven velluda como un oso cuya madre estuvo mirando fijamente durante el coito una imagen de san Juan cubierto de pieles peludas.

EL SÍNDROME DEL HOMBRE LOBO

También existe otra enfermedad que provoca la aparición anormal de vello por todo el cuerpo. Se trata de la hipertricosis, también conocida como 'Síndrome del hombre lobo', una extraña dolencia congénita que al parecer sufrió la mujer barbuda mexicana Julia Pastrana (1835-1860), cuyo aspecto simiesco y con abundancia de cabellos llegó a ser estudiado por médicos y científicos como Charles Darwin. Hirsuta y de rasgos simiescos, esta mexicana está considerada como la primera 'mujer barbuda' de la que se tiene conocimiento. Lo que los médicos definieron entonces como el fruto de una relación antinatural entre un humano y un gorila, desde hoy se sabe que es el resultado de una alteración localizada en el cromosoma 17. Allí, en la región 17q24.2-24-3, los individuos que padecían este trastorno tenían microdeleciones, es decir, les faltaban pequeños fragmentos de ADN.

Una especie distinta, la indescriptible, el eslabón perdido... Así describían a Julia Pastrana los cronistas de la época

Julia Pastrana
Cuerpo embalsamado de Julia Pastrana

Julia Pastrana tenía el rostro completamente cubierto de pelo, de gruesos labios y encías prominentes. Una especie distinta, la indescriptible, el eslabón perdido... Así la describían los cronistas de la época en sus giras por América y Europa

Quienes la conocieron manifestaron que se trató de una mujer dulce, educada e inteligente que sabía hablar y escribir correctamente tres idiomas

Nacida en el país azteca en 1834 con el síndrome de hirsutismo y con fibromatosis gingival, llegó a medir sólo 137 centímetros de altura. Todo su cuerpo estaba cubierto de abundante pelo negro, su mandíbula era inusualmente prominente (prognatismo facial), sus encías presentaban una hipertrofia que las llenaba de bultos y sus enormes e irregulares dientes se apilaban y retorcían en dos hileras.

Debido a su enfermedad, la vida de esta mujer indígena de Sierra Madre fue trágica. Quienes la conocieron manifestaron que se trató de una mujer dulce, educada e inteligente que sabía hablar y escribir correctamente tres idiomas, y a la que le apasionaba la lectura. Era bailarina, mezzosoprano, sabía montar a caballo y tocaba la guitarra. Trabajaba como empleada de hogar para una autoridad mexicana cuando Theodore Lent, empresario artístico y hombre sin escrúpulos, la conoció cuando solo contaba Julia con veinte años. Le convenció para que le acompañara a Estados Unidos donde la convirtió en una estrella de circo, exhibiéndola por todo el país, cómo 'El Híbrido Maravilloso', 'La mujer más fea del mundo' o 'La mujer oso'. Con el tiempo se convertiría en su esposo.

Para saber más:

Portada Circo
Portada de Eso no estaba en mi libro de historia del circo (Almuzara), de Javier Ramos

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Sobre el autor
Javier Ramos

Apasionado por la historia y los viajes, colabora para diferentes publicaciones relacionadas con estas temáticas. Es autor, entre otros trabajos, de Historia maldita del Rock y Eso no estaba en mi libro de Historia de Roma. Administra el blog lugaresconhistoria.com.

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