Historia oculta
15/09/2025 (08:00 CET) Actualizado: 15/09/2025 (08:00 CET)

El rostro prohibido de Göbekli Tepe

Un hallazgo en la estructura "F" de Göbekly Tepe pone en duda el simbolismo original del santuario más antiguo del mundo.

Josep Guijarro

Periodista y escritor

15/09/2025 (08:00 CET) Actualizado: 15/09/2025 (08:00 CET)
La figura humanoide hallada en Göbekly Tepe
La figura humanoide hallada en Göbekly Tepe

Durante más de dos décadas, los arqueólogos han excavado pacientemente los recintos circulares de Göbekli Tepe, en lo que hoy es el sur de Turquía. Y aunque las gigantescas columnas en forma de T que definen estas estructuras evocan siluetas humanas —con cinturones tallados, manos reposando sobre el vientre y la ausencia intencionada de un rostro—, ninguna representaba explícitamente a un ser humano. Hasta ahora.

Una imagen publicada recientemente por el equipo oficial de Göbekli Tepe ha sacudido los cimientos de nuestras certezas. Se trata de una piedra tallada hallada en la Estructura F, un recinto ovalado, semienterrado y aparentemente olvidado desde su descubrimiento en 2009. En ella, se distingue una figura humana esculpida con cabeza y rasgos claramente antropomorfos, algo sin precedentes en el santuario más antiguo del mundo.

La figura tallada, caracterizada por su abstracción, simplificación y posiblemente cualidades sobrenaturales, se sitúa cerca de la periferia de una forma arquitectónica ovalada sin entrada conocida. Fue bautizada como estructura F y los investigadores proponen que el acceso a esta estructura se realizaba a través del techo, lo que refuerza la interpretación de un espacio oculto y sagrado. La morfología y la posición estratégica de la figura sugieren asimismo una función simbólica o protectora dentro de uno de los complejos rituales más antiguos conocidos de la historia de la humanidad.

Imagen humana esculpida en la estructura F de Göbekly Tepe
Imagen humana esculpida en la estructura F de Göbekly Tepe

La estructura F, aislada del conjunto monumental central formado por los recintos A, B, C y D, se considera una de las más enigmáticas. Al igual que sus “hermanas mayores”, alberga columnas en forma de T en su centro. Pero la talla de este pequeño ser humano de apenas 25 o 30 centímetros, mirando hacia el exterior de uno de los pilares, sugiere que algo distinto ocurrió allí.

El propio Klaus Schmidt, arqueólogo alemán que lideró las excavaciones hasta su fallecimiento, llegó a especular que estas estructuras podrían estar relacionadas con un cementerio. “Hicieron preparativos para el cementerio, pero tal vez no llegaron a enterrar a nadie”, dijo una vez, tras comprobar la completa ausencia de restos humanos en el recinto. Una paradoja que aún persiste. ¿Cómo puede un lugar construido con tanta intención ritual no contener a sus muertos?

Esquema de las estructuras de Göbekly Tepe
Esquema de las estructuras de Göbekly Tepe

La mutilación del rostro

Otro dato desconcertante es que las figuras humanas halladas en Göbekly y Karahan Tepe muestran signos de mutilación, especialmente en el rostro: narices rotas, rostros desfigurados. ¿Se trata de un ritual deliberado? ¿Una damnatio memoriae del Neolítico? ¿O simplemente daño accidental con el paso del tiempo?

Este nuevo hallazgo en la estructura F plantea otra pregunta incómoda: ¿Por qué alguien esculpió una figura humana entera, con cabeza y cuerpo, cuando todo el simbolismo del lugar evitaba esa representación directa?

Cabezas encontradas en Göbeckly Tepe
Cabezas encontradas en Göbeckly Tepe

Una orientación solar con mensaje

A esta incertidumbre se suma otra capa: la orientación astronómica del recinto F. Un estudio firmado por Alessandro De Lorenzis y Vincenzo Orofino, del Departamento de Matemáticas y Física de la Universidad del Salento (Italia), analizó la disposición de los pilares de los recintos A y F. Su orientación (acimut de 67˚ - 68˚) sugiere un posible alineamiento con el punto de salida del Sol en el solsticio de verano o su puesta en el solsticio de invierno.

Sin embargo, si extrapolamos la posición solar al 8500 a. C., fecha estimada de construcción de la estructura F, descubrimos algo asombroso: no coincide con ningún solsticio. En cambio, sí encaja con la salida del Sol durante la Fiesta de la Cosecha, un día entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño, cuando el astro nacía en un acimut entre 66,4˚ y 67,8˚.

La vinculación astronómica es soprendente porque guarda íntima relación con Soğmatar, un lugar de peregrinación para rendir culto al Sol y la Luna que es representada de forma muy similar a la figura hallada en la estructura F.

Representación de la Luna en Soğmatar
Representación de la Luna en Soğmatar

¿Una fiesta agrícola?

En 2002, un estudio de Salamini y su equipo apuntó a la domesticación de cereales silvestres en el Creciente Fértil —la región donde se asienta Göbekli Tepe—, en fechas cercanas al 10.000 a. C.. Es decir, mil años antes de la estructura F. También en yacimientos cercanos, como Çayönü, se han documentado actividades agrícolas organizadas.

¿Y si Göbekli Tepe no solo era un templo, sino también el calendario ritual de los primeros agricultores? ¿Y si los hombres que tallaron sus piedras adoraban al Sol no solo como deidad celeste, sino como marcador de la cosecha, garante de su incipiente supervivencia?

¿Un cementerio sin muertos, una figura humana que no debía estar, un sol alineado con la siembra?

Para Shanaka Anslem Perera, propulsor de teorías épicas sobre Ravana, stargates en Sri Lanka y misterios cósmicos, "la postura de la figura —con las manos rodeando el ombligo— refleja un motivo simbólico presente en las culturas antiguas: la protección del 'ombligo del mundo', el punto de origen del nacimiento cósmico. Situado en una entrada a una cámara sellada, con solo el techo, este ser no era solo decorativo. Era un guardián. Una frontera consciente entre el tiempo profano y la memoria sagrada".

Göbekli Tepe sigue planteando más preguntas que respuestas. Pero quizás sea precisamente ahí donde reside su poder: en desafiar lo que creíamos saber sobre nuestros orígenes. No solo en piedra, sino en símbolos, en alineamientos solares y en una humanidad que, hace más de 11.000 años, ya se hacía las mismas preguntas que hoy tú estás haciéndote.

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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