Historia

Mengele y los otros ángeles de la muerte

El periodista de investigación Eric Frattini acaba de publicar 'Los científicos de Hitler. Historia de la Ahnenerbe (Espasa, 2021), en el que muestra las barbaridades que llevaron a cabo investigadores que trabajaron al servicio del régimen nazi. En el siguiente extracto del citado libro, nos centramos en los terribles experimentos con humanos que llevaron a cabo médicos de campos de concentración.

25 de julio de 2021 (12:10 CET)

Mengele y los otros ángeles de la muerte
Mengele y los otros ángeles de la muerte
Nº 369, Abril de 2021
Este artículo pertenece al Nº 369, Abril de 2021

Pese al «juramento hipocrático», médicos como Sigmund Rascher o August Hirt, ambos pertenecientes al Instituto de Investigación Científica Militar de la Ahnenerbe, llevaron a cabo experimentos atroces e inhumanos con prisioneros de campos de concentración. Pero hubo muchos más. En la Alemania nazi, los preceptos del galeno griego fueron olvidados por numerosos médicos que se sirvieron de «cobayas humanas» para desarrollar sus experimentos. Como consecuencia, más de 7.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados o mutilados. En un primer momento, las víctimas eran ciudadanos alemanes que sufrían trastornos mentales, enfermedades degenerativas o discapacidades severas; después recurrieron a los prisioneros de los campos de concentración.

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Hitler declarando la guerra a Estados Unidos

En junio de 1927 se creó en Berlín el Instituto de Antropología, Herencia Humana y Eugenesia Kaiser Wilhelm, cuyo objetivo era establecer una ciencia racial. Bajo la dirección de Eugen Fischer, la institución elaboró complejas teorías raciales y animó a la población alemana «a arrancar las malas hierbas de los genéticamente inadaptados». Las ideas de Fischer sirvieron de base para la redacción de las Leyes de Núremberg de 1935, que sirvieron para justificar la idea de la superioridad racial alemana. Hitler leyó los trabajos de Fischer mientras se encontraba encarcelado en la prisión de Landsberg en 1923, y en su Mein Kampf sacó a relucir las nociones eugenésicas de Fischer para apoyar el ideal de una sociedad aria pura.

PSICÓPATAS CON UN INMESO PODER

El futuro Führer de Alemania estudió a conciencia los textos de Fischer, desde que comenzó a investigar en la colonia alemana de África occidental (la actual Namibia). Así, 1906 Fischer estudió a los basters, descendientes de alemanes, y a los boers, hombres arios que habían engendrado hijos con mujeres nativas, concluyendo que había que llamar la atención de las autoridades coloniales alemanas para evitar la aparición de una «raza mixta». Fisher aconsejó que se prohibieran los matrimonios mixtos, recomendación que las autoridades coloniales alemanas escucharon (en1912 se prohibieron las uniones interraciales). Además, Fischer recolectó huesos y cráneos de prisioneros de guerra africanos durante el genocidio de los herero y namaqua, y sus ideas sobre la pureza de razas influyeron de forma decisiva en la futura legislación alemana redactada en las Leyes de Níremberg.

El doctor Claus Schiling, especialista en medicina tropical, llevó a la tumba a muchos prisioneros inyectándoles el virus de la malaria

El 11 de noviembre de 1933, con la llegada de Hitler al poder, Fischer, que entonces era rector de la Universidad Humboldt de Berlín, fue uno de los científicos que firmó la llamada Declaración de los catedráticos de universidades y colegios alemanes a favor de Adolf Hitler y el Estado nacionalsocialista. De hecho, fue él quien recomendó la «purga de todo académico y funcionario judío en el mundo académico alemán». En aquella Declaración aparecían las firmas de casi un millar de científicos, y muchos de ellos se incorporaron dos años después a la Ahnenerbe.

Los académicos del Tercer Reich, como cualquier otro especialista, sentían curiosidad sobre las capacidades y límites de la condición humana. Pero, como estamos viendo a lo largo de este libro, carecían de límites. En el campo de concentración de Auschwitz, el doctor Horst Schumann extrajo los testículos a decenas de jóvenes prisioneros después de haberlos esterilizado con rayos X. También en Auschwitz, los doctores Eduard Wirths, jefe médico del campo desde septiembre de 1942 a enero de 1945, y el ginecólogo Carl Clauberg estudiaron los úteros extirpados a un buen número de prisioneras después de haberles inyectado diversas sustancias tóxicas. El cirujano ortopédico Karl Gebhart fracturaba brazos y piernas a jóvenes polacas en el campo de Ravensbrück y, tras amputárselos, intentaba reimplantarlos en los cuerpos de otras prisioneras.

LOS OTROS MENGELE

El cirujano Erwin Ding-Schuler llevó a cabo experimentos médicos con más de mil prisioneros en el terrorífico Bloque 46 de Estación Experimental de Buchenwald, inoculando diversos agentes infecciosos, como fiebre amarilla, viruela, tifus o cólera. El doctor Fritz Klein, en el campo de Bergen-Belsen, inyectó colorantes en el globo ocular de sus víctimas. El doctor Claus Schilling, especialista en medicina tropical, mató a entre trescientos y cuatrocientos prisioneros inyectándoles el virus de la malaria. El doctor Karl Brandt, jefe de los servicios médicos alemanes, autorizó al doctor Heinrich Baumkötter que experimentara con prisioneros del campo de Sachsenhausen con fósforo y gas mostaza, y al doctor Walter Sonntag le permitió que inyectara gasolina en vena a decenas de prisioneras de Ravensbrück, así como la inoculación de sífilis y gonorrea en adolescentes. El bacteriólogo Arnold Dohmen infectó a más de un centenar de prisioneros de Sachsenhausen con hepatitis, y el doctor Ernst Grawitz, jefe de los servicios médicos de las SS, inoculó el bacilo que provocaba la gangrena a prisioneros del mismo campo. En Buchenwald, el doctor Karl Genzken infectó de tifus a centenares de hombres.

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Josef Mengele (en el centro) con dos miembros de las SS

Pero si había alguien que representaba la maldad y la perversión de la medicina nazi, ese fue el doctor Josef Mengele, conocido como el «Ángel de la muerte» (Todesengel) o el «Ángel blanco» (Weisse Engel). Mengele sentía una especial fascinación por los gemelos, a los que intentó cambiar el color de los ojos aplicándoles productos químicos. También transformó en siameses a bebés gemelos que habían nacido en perfecto estado y realizó un sinfín de operaciones quirúrgicas tras inyectarles cloroformo directamente en el corazón. En una ocasión, al hermano menor de trillizos de un año le realizó una autopsia estando el pequeño aún con vida.

LA «SELECCIÓN»

Rudolf Vrba, un prisionero que sobrevivió al Holocausto, describió las Selektions (selecciones) de la siguiente forma: «Había un lugar llamado ‘la rampa’ a donde llegaban los trenes cargados de judíos. (…) Llegaban día y noche, y a veces uno cada día y cinco cada noche, desde todos los lugares del mundo. Trabajé ahí desde el 18 de agosto de 1942 hasta el 7 de junio de 1943. Vi esos transportes uno tras otro, y he visto al menos doscientos. Lo vi tantas veces que se convirtió en una rutina. La gente del centro de Europa desaparecía constantemente. (…) Y llegaban al mismo lugar y sin saber nada del transporte anterior. Y la gente en masa (…) yo sabía, por supuesto, que un par de horas después de que llegara, el 90 por ciento entrarían en la cámara de gas».

En «la rampa», Josef Mengele y otros médicos de las SS decidían quién viviría y quién moriría. Ancianos y discapacitados, los demasiado jóvenes o los demasiado débiles, las mujeres con niños en brazos y las que sujetaban a su anciano padre o madre entre los suyos. La única Selektion posible era entre quienes podían trabajar y quienes no. A estos últimos se les aplicaba la «acción especial»; es decir, se les enviaba a las cámaras de gas. Posteriormente, lo que hubiera de valor en sus cuerpos se les arrancaba, sobre todo dientes de oro, que eran enviados al Reichsbank, donde se transformaban en lingotes que terminaban en la cámara acorazada de un banco suizo. A los «capaces» se les destinaba como «mano de obra esclava» a diferentes lugares en función de las necesidades de producción de empresas como Krupp, AEG Telefunken, Siemens, Bayer o IG Farben, estos últimos fabricantes del Zyklon B.

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Momento de "selección" de los prisioneros judíos en el campo de Auschwitz

El doctor Johann Kremer15, colega de Mengele, explica con frialdad las llamadas «acciones especiales» en Auschwitz: «(…) Esta tarde de domingo he escuchado de tres a seis un concierto de la orquesta de prisioneros bajo un sol glorioso: el director de orquesta era el director de la Ópera Estatal de Varsovia. Dieciocho músicos. Cerdo asado para comer. (…) Esta noche estuve presente en las acciones especiales sexta y séptima. Han llegado 981 judíos desde el campo de Drancy (Francia). 16 hombres y 38 mujeres han sido admitidas como prisioneros en el campo. 927 enviados a las cámaras de gas. (…) A las ocho, cena en casa del Gruppenführer (Oswald) Pohl. Tomaremos lucio al horno, todo lo que queramos, café de verdad, cerveza excelente y bocadillos».

En 1940, el doctor Josef Mengele expuso sus ideas sobre la raza aria alemana en la reseña que escribió sobre el libro Fundamentos de genética e higiene racial, de Stenel von Rutkowski: «El último capítulo explica (…) los peligros biológicos que amenazan al pueblo alemán. (…) Cuando se discute sobre las razas, sería de desear que se hubiera hecho un análisis más claro sobre los méritos y las características desfavorables de todas las razas europeas. También eché de menos una descripción adecuada de la relación entre las principales razas que se pueden encontrar en Alemania y de los logros culturales del pueblo alemán. También podía haber algo más de buen juicio al explicar los contenidos en vez de los aspectos de procedimiento de las leyes para evitar descendientes con enfermedades hereditarias y para la protección de la salud hereditaria de la nación alemana».

Desde que fue nombrado miembro del Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial su labor se centró en la destrucción de los enemigos del nacionalsocialismo

Mengele nació el 16 de marzo de 1911 en Günzburg, en el seno de una rica familia que fabricaba maquinaria agrícola, la Karl Mengele e Hijos. El monstruo en el que llegó a convertirse Josef Mengele sentía pasión por Bach, Verdi, Strauss o Wagner, de modo que solía silbar arias de alguno de esos músicos mientras llevaba a cabo la Selektion. En 1935 se doctoró en Antropología por la Universidad de Múnich, y en 1938 en Medicina por la Universidad de Frankfurt. Fue nombrado miembro del Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, y desde entonces su labor se centró en la destrucción de los enemigos del nacionalsocialismo, como los judíos, con el fin de proteger a la raza aria.

EL HUMANO INHUMANO

Cautivado por los fenómenos genéticos, elegía a las víctimas de sus experimentos en función de su color de ojos, de si tenían o no anomalías de crecimiento, como pies torcidos, jorobas, gigantismo o enanismo, o si eran gemelos o gitanos. Su objeto de estudio favorito era la cabeza de un niño judío de doce años a la que diseccionó y posteriormente depositó en un recipiente de cristal trasparente lleno de conservantes.

Entre 1941 y 1943, Josef Mengele tuvo varios destinos: Polonia (para la Sección Genealógica de la RuSHA), Ucrania, en el Frente Ruso (cuerpo médico de la División Wiking de las Waffen-SS), y Berlín (Departamento Central para la Raza y la Repoblación). En la Polonia ocupada, y bajo órdenes directas de Himmler, Mengele participó en la aplicación de los llamados cuatro puntos raciales:

–Los territorios anexionados deben quedar totalmente limpios de no-alemanes.

–Las personas que afirmen que tienen algo de «sangre alemana» deben ser clasificadas, en principio, según las pruebas documentales que aporten y, en su ausencia, por medio de exámenes raciales. Se separará a los que pertenezcan a categorías dudosas y también a los alemanes «renegados» (antinazis o pro-polacos), y serán sometidos a condiciones especiales para garantizar su reeducación y buen comportamiento.

–Las personas que exhiban rasgos alemanes también deben pasar por los exámenes raciales para determinar si sus antepasados han sido «polonizados». En caso afirmativo, hay que sacarlos de Polonia para una mejor realemanización del Reich.

–Se debe utilizar un método semejante con los huérfanos de los orfanatos polacos y con los niños acogidos en instituciones.

Auschwitz era un inmenso laboratorio, porque sus 140.000 prisioneros se convirtieron en los perfectos conejillos de indias que Mengele necesitaba para sus ensayos

A finales de 1942, estando destinado en Berlín, Mengele descubrió la gran cantidad de material humano disponible en los campos de exterminio de la Aktion Reinhard. Su biógrafo, Gerald Posner, cree que fue entonces cuando Mengele comenzó a allanarse el camino para que lo destinasen al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. El doctor Mengele debió de pensar: «Es una gran oportunidad para mí y para la ciencia. En Auschwitz hay muchas razas, muchos pueblos». En mayo de 1943, Mengele llegó a su deseado destino, un vasto recinto rodeado de alambres de púas y barro, en mitad de un valle, a una hora de Cracovia, al sur de Polonia. Una inmensa chimenea cuadrada hecha de ladrillo rojo se elevaba como una aguja hacia el cielo gris. Al doctor Mengele le llamó la atención el hecho de que nunca se veía el sol, debido a la neblina que sobrevolaba toda la extensión del campo. Ese lugar se convirtió en un inmenso laboratorio, mientras los 140.000 prisioneros que allí se encontraban eran los perfectos conejillos de indias que necesitaba.

LOS PEORES CRÍMENES

Pocos meses después de su llegada, Mengele contaba ya con una «colección» de 732 pares de gemelos para experimentar. El doctor Miklós Nyiszli, prisionero judío de Auschwitz, que formó parte del 12º Sonderkommando destinado en el Crematorio II, bajo supervisión de Mengele en el tristemente famoso «Bloque 10», relató ante el Tribunal de Núremberg cómo se llevaba a cabo la selección de gemelos tras la llegada de los convoyes al andén de Auschwitz:

«Al llegar los convoyes, los guardias de las SS entraban entre las filas de los deportados, delante de los vagones, en busca de enanos y gemelos. Las madres, confiando en un trato especial, entregaban sin vacilar a sus hijos gemelos. Los gemelos adultos, sabiendo que presentaban cierto interés desde el punto de vista científico, se presentaban voluntariamente, esperando un trato mejor. (…) Era así cómo iban a morir en uno de los barracones del campo de Auschwitz, en el sector B10, a manos del doctor Mengele…

…En aquel barracón se producía un acontecimiento único en la historia de las ciencias médicas de todo el mundo: dos hermanos gemelos que morían juntos y en el mismo momento, a los cuales se podía practicar la autopsia. ¿Cuándo se había podido disponer antes de unos gemelos muertos en el mismo lugar y momento? Los gemelos suelen estar separados por las circunstancias de la vida, viviendo lejos uno de otro y muriendo en momentos diversos. Uno, por ejemplo, muere a los diez años y el otro a los cincuenta. En estas circunstancias es imposible proceder a la disección comparada…

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En el campo de Auschwitz no solo se asesinó a miles de personas en la cámara de gas, sino que los prisioneros eran sometidos a terribles experimentos 

…En el campo de Auschwitz había decenas de gemelos y otras tantas posibilidades de investigaciones científicas. Este es el fin por el que los enanos y gemelos eran apartados en el andén por orden del doctor Mengele. También por ello eran enviados a la derecha, al barracón de los privilegiados, recibiendo una buena alimentación y condiciones higiénicas buenas para que no contrajesen infecciones y muriesen antes de lo previsto. Debían morir juntos y con buenas condiciones de salud. El kapo del Sonderkommando vino a buscarme y me indicó que en la puerta del crematorio me esperaba un SS, acompañado por un Kommando de transporte de cadáveres. Me dirigí allí. Ellos tenían prohibida la entrada en el patio. Recogí de manos del SS los documentos referentes a aquellos cadáveres… …El Kommando, compuesto de mujeres, me entregó la camilla cubierta con una manta. Alcé la manta, que tapaba los cuerpos de dos gemelos que no tendrían más de dos años. Di orden a dos de mis hombres de transportar los cadáveres y depositarlos en la mesa de disección. Abrí la carpeta y la ojeé: exámenes clínicos profundos, radiografías, descripciones y dibujos documentaban los aspectos científicos del fenómeno de los dos niños gemelos. Solamente faltaban los datos de anatomía patológica, que debía realizar yo. Los dos gemelos habían muerto en el mismo instante y reposaban uno junto al otro en medio de la gran mesa de disección. Con su muerte y con sus pequeños cuerpos dispuestos para la disección deberían resolver el enigma de la multiplicación de la especie».

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