Avistan aves gigantescas ¿fraude o realidad?
Gigantes alados entre la ciencia y la leyenda: ¿sobreviven aún criaturas que creíamos desaparecidas?
Varios vídeos difundidos a través de las redes sociales aseguran mostrar aves extintas volando en los cielos de distintos estados de Norteamérica. En uno de ellos, supuestamente grabado en la isla de Hawái, se aprecia una figura oscura que recuerda a un pterodáctilo, reptil volador cuyos fósiles fueron hallados en la Caliza de Solnhofen, en Baviera (Alemania), y que datan de finales del período Jurásico, hace unos 150 millones de años. La pregunta es inevitable: ¿podría un animal extinguido hace más de 66 millones de años seguir entre nosotros?
Los expertos lo consideran altamente improbable. La hipótesis más plausible apunta a una confusión con aves de gran envergadura, como las fragatas —muy comunes en Hawái y con un perfil alar similar—, o bien a un elaborado montaje con efectos digitales. De hecho, un segundo vídeo, filmado en Idaho, fue desmentido por analistas de portales como IFLScience y YouTube, que identificaron claros signos de edición.
This video has been making the rounds for years and allegedly shows a pterodactyl in Hawaii.🧐🤔 pic.twitter.com/UPnQBq1Bm6
— UFO mania (@maniaUFO) September 10, 2025
Sin embargo, el hecho de que algunos clips resulten falsos no ha frenado la fascinación por estas criaturas aladas. Un ejemplo clásico es el fragmento de un documental emitido en 1977 que muestra lo que muchos identificaron como un Thunderbird sobrevolando el centro de Illinois. La grabación, atribuida a un jefe tribal contratado por CBS News, fue revisada con inteligencia artificial, revelando que la silueta y el patrón de vuelo coinciden más con los de un águila calva o un pavo buitre, especies habituales en la región.
Este video fue grabado por un jefe tribal nativo americano contratado por CBS News para obtener imágenes de un supuesto Thunderbird en el centro de Illinois, en 1977. Hoy en #Rosavientos hablo de pájaros 🦅 gigantes pic.twitter.com/jCXinQuSKD
— Josep Guijarro (@josepguijarro) September 13, 2025
El Thunderbird ocupa un lugar central en la mitología de los pueblos indígenas de Norteamérica, especialmente en la costa noroeste y Alaska. Según la tradición, estas aves gigantescas eran capaces de provocar truenos con el batir de sus alas, lanzar rayos y atrapar ballenas enteras. Se decía que habitaban en las cimas de las montañas más altas, ocultas entre las nubes. Su imagen, imponente y sagrada, se ha transmitido a lo largo de generaciones, y algunos aseguran que los avistamientos modernos son prueba de que la leyenda podría tener un fondo de realidad.

El misterio no se limita a Estados Unidos. Hace apenas unos meses, en los ranchos de Paredoncito y Paredón Colorado, en el municipio de Benito Juárez (Sonora, México), se desató el pánico tras el avistamiento de un ave gigantesca que sobrevolaba la zona ganadera. Vecinos afirmaron que podría llevarse a niños o mascotas, mientras que los más ancianos recordaban historias de los años 70 sobre la misma criatura, considerada entonces extinguida o proveniente de las sierras cercanas.
“Decían los viejitos que venía un ave que tenía luces, en las noches salían. Yo jamás lo vi, pero ellos sí lo miraron, y ese ave desapareció hasta que ahora vuelve a aparecer”, relató uno de los testigos. Otros pobladores, más tranquilos, creen que simplemente se trata de un ave natural de gran tamaño, aunque reconocen desconocer dónde habita o anida. Lo cierto es que, por precaución, muchas familias han optado por cerrar sus puertas antes del anochecer y mantener a los menores dentro de casa.

Entre montajes digitales, confusiones ornitológicas y relatos transmitidos de generación en generación, los avistamientos de aves colosales mantienen vivo un enigma que ni la ciencia ni la tradición han logrado disipar. Para la mayoría de los especialistas, se trata de un fenómeno explicable; pero la criptozoología abre una puerta a lo imposible: la posibilidad de que, en regiones muy concretas y aisladas, se hayan conservado las condiciones idóneas para que un reducido número de ejemplares de especies consideradas extintas haya logrado sobrevivir.
Y si así fuera… ¿podría ser que en los cielos de América aún batan sus alas criaturas que creíamos desaparecidas para siempre?








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