Civilizaciones perdidas

Ruinas en el Polo

La productora de televisión Atlantis TV afirma haber grabado las ruinas de una antigua civilización en la Antártida. Los restos se encontrarían enterrados tres mil metros por debajo del hielo. Las supuestas imágenes todavía no han visto la luz, pero serían una prueba de que el derretimiento de los Polos puede traer muchas sorpresas…

1 de Mayo de 2005 (00:00 CET)

Ruinas en el Polo
Ruinas en el Polo
As ruinas habrían aparecido durante el proceso de derretimiento de grandes bloques del Polo Sur. Sin embargo, la emisión de la grabación estaría siendo paralizada por el gobierno norteamericano bajo el argumento de "proteger la seguridad nacional", una prerrogativa hasta ahora sólo utilizada para aplicar la censura en su propio país al amparo de la Patriot Act, la normativa antiterrorista aprobada tras el 11-S. De acuerdo a esas informaciones no confirmadas, dos oficiales del servicio secreto de la Marina estadounidense, que habrían tenido acceso a la grabación, la habrían transmitido a la Fundación Nacional de Ciencia al regresar a la base antártica de Amundsen. "En un primer momento, pensamos que se trataba de una alucinación producida por el frío, pero la información fue confirmada por agentes que aterrizaron en un helicóptero para rescatar a los reporteros", habría afirmado un científico del citado organismo. Los reporteros de la televisión estarían desaparecidos desde 2002. Una historia rocambolesca…
Paralelamente a este hecho, el gobierno de EEUU consiguió censurar "ciertas partes que podrían comprometer la seguridad nacional" de un libro titulado Raising Atlantis, escrito por Thomas Greanias, que novela el argumento del canal electrónico Atlantis Mapping Project, original de la citada televisión, sita en California. Según esas informaciones, agentes federales permitieron la venta de la obra en formato electrónico a través de la tienda cibernética Amazon.com, pero lograron censurar la misma en la versión impresa, que versa sobre unas supuestas ruinas aparecidas en la Antártida, bajo el amparo del "Plan de emergencia federal D". La existencia electrónica del libro, escrito para sacar a la luz estos hechos, es la única parte de las informaciones cuya existencia hemos podido confirmar.

Lo cierto es que la noticia ha generado un intenso debate acerca de la realidad o no de la trama de una novela que juega con esa dualidad, al estilo de El Código Da Vinci, y que tiene en un relato de H. P. Lovecraft el componente profético que acaba de apuntalar la trama. Realidad o truco publicitario, esta polémica se añade a un aluvión de datos relacionados con el cambio climático que se está viviendo en los Polos, y que sí han sido confirmados por medios oficiales. Eso sí, sin otorgar la trascendencia que tienen.

Numerosos informes científicos apuntan a que la Antártida está viviendo actualmente cambios traumáticos. Hace pocos años se anunció el desprendimiento de la cornisa "Larsen A", un iceberg de 10.000 años de antigüedad. En aquel momento, las autoridades restaron importancia al suceso. Dijeron que la cornisa "Larsen B", que databa de la Era Glacial –y estaba detrás de la "A"–, nunca se derretiría. Sin embargo, el año pasado "Larsen B" también se desprendió en apenas 35 días, frente a los seis meses que el proceso iba a durar de acuerdo a las primeras informaciones. Era tal su tamaño que el océano se elevó una pulgada a consecuencia de ello. El problema, cuando se escriben estas líneas, se llama "Ross's Shelf", otra cornisa que está a punto de desprenderse y cuya magnitud haría subir el nivel de las aguas entre 4,80 y 6,10 metros. ¿Consecuencias? Tremendas: podrían inundarse países como Holanda…
A mediados del pasado mes de enero, la agencia Reuters informaba de que diferentes instituciones científicas esperaban la colisión del iceberg B-15A, de 160 kilómetros de longitud –y que contiene suficiente agua como para abastecer al mundo durante meses–, con un glaciar de la Antártida llamado "Lengua Glaciar Drygalski". El científico australiano Neal Young está convencido de ello: "Parece altamente probable, teniendo en cuenta cómo se ha movido en los últimos cuatro años". La Fundación Nacional de Ciencia de los Estados Unidos predijo ese impacto para las navidades pasadas, mientras que la NASA lo situó para el 15 de enero. Ambas instituciones se equivocaron. Sin embargo, Young, del Centro de Investigación Cooperativo del Ecosistema y del Clima Antártico, ya anticipó que las corrientes y las tormentas podrían hacer variar su trayectoria. En lo que sí coinciden es en que la colisión conllevaría consecuencias importantes. Unos piensan que, de romperse, sería más fácil trasladarlo, llevándolo a lugar seguro gracias a potentes remolcadores. Otros, más economicistas, sostienen que el hecho podría abrir –o, en todo caso, cerrar– una nueva vía para el transporte marítimo.

¿Ruinas en los Polos?
La controversia alrededor de las ruinas en la Antártida y el libro Raising Atlantis presenta unas derivaciones en las cuales se mezcla lo real, lo imaginario y lo profético. Según esa noticia, algunos párrafos del relato de Lovecraft Las montañas de la locura, escrito en el año 1931, describían con minuciosidad los restos de una antigua civilización en la Antártida. Dichos vestigios serían los que ahora habrían descubierto los periodistas de Atlantis TV, setenta años después. Esto fue parte de lo que escribió Lovecraft sobre las ruinas de Kadath: "El objeto saliente del lugar era una rampa titánica de piedra que, eludiendo las bóvedas mediante un afilado recodo visible en el suelo abierto, se envolvía espiralmente mediante un estupendo muro cilíndrico como un duplicado interior de aquellos que una vez ascendieron fuera de las monstruosas torres o zigurats de la anciana Babilonia. El conjunto estaba excelentemente preservado en el punto alto de la torre –una circunstancia destacable a tenor de la visión–, y su refugio había contribuido a proteger este extraño y desasosegante bajorrelieve de las paredes". Más adelante, Lovecraft detalla: "Cuando salimos a la imponente luz semidiurna de la base de este monstruoso cilindro de 50 millones de años, y sin duda la estructura más arcaica que nuestros ojos habían nunca visto, vimos que la rampa transversal se estrechaba vertiginosamente a una altura de diez metros. De acuerdo a las inscripciones, la torre original se había levantado en el centro de una plaza circular inmensa, que tenía de 150 a 180 metros de altura, con tiras de discos horizontales cerca de la cumbre y una hilera de espirales como agujas a lo largo del borde superior". Si en el continente antártico el derretimiento está abriendo las puertas al hallazgo de viejas civilizaciones, en el océano Ártico –donde no hay tierra firme, al menos que se sepa– este proceso ha reavivado el viejo mito de la "tierra hueca". Con este motivo, Steve Currey, reputado explorador que ha alcanzado las fuentes de los ríos Brahmaputra (India), Ganges (India), Futaleufu (Chile), Shangpó (Tíbet) y Yangtsé (China), ha decidido contratar un buque rompehielos ruso con objeto de llegar al Polo magnético norte, por donde según las leyendas se entraría al interior de la Tierra.

Se dice que Olaf Jansen y su padre lo alcanzaron navegando en 1829, y que el almirante norteamericano Byrd lo logró –vía aérea– en 1947 y 1956. En la primera ocasión, Byrd habría alcanzado la Tierra hueca por el Polo Norte, y en la segunda lo habría logrado a través de la Antártida, en donde establecería contacto con seres intraterrenos, altos y rubios, pues así serían los habitantes de la mítica civilización de Agartha. El descubrimiento de "nuevas tierras" fue divulgado en prensa en 1956, pero poco después –y debido, según Byrd, a las presiones de los servicios secretos– la información fue silenciada. En su diario, custodiado por la "Sociedad de la Tierra Hueca" de Australia, Byrd dejó escrita la siguiente nota a sabiendas de que su crónica sería borrada de las páginas de la historia: "Debo indicar que he guardado fielmente esta materia secreta como se me ordenó todos estos años. Ha sido totalmente contra mis valores y derechos morales. Ahora detecto que viene una noche larga, y este secreto no morirá conmigo, pero como la verdad triunfará, así lo haré yo. Es la única esperanza para toda la humanidad. Lo he visto, ha acelerado mi espíritu y me ha liberado. He cumplido con mi deber hacia un complejo monstruoso de industria militar. Ahora termina la larga noche de los extremos del Ártico, el brillante amanecer de la verdad vendrá otra vez, y los que están en la oscuridad fracasarán en volar. Porque yo he visto esa tierra más allá de los Polos, el centro de lo gran desconocido".

También en el Polo Norte
Los cambios asociados al calentamiento del planeta, y que podrían suponer la aparición de restos arqueológicos bajo el hielo, afectan, del mismo modo, al Polo Norte. En septiembre del año pasado, el periodista Dirk Dunning publicaba en el medio electrónico Rense lo que había visto en una reciente visita al extremo septentrional de la Tierra: "Estoy atónito, casi sin habla. El pasaje nordeste que cruza el hielo polar siberiano está abierto. Los glaciares en la isla de Ellesmere y las costas norte y nororiental de Groenlandia están derrumbándose en cosa de días. El canal entre Groenlandia y la isla Ellesmere está abierto. Y sólo aproximadamente 400 kilómetros de hielo quedan en la orilla norte de Groenlandia, conectándolo con el hielo polar. Y eso está separándose. Grandes superficies de hielo polar se han pulverizado y vagan libremente en el océano Ártico. Miles de km3 de hielo están flotando, al borde de quebrarse en miles de millones de montañas de hielo. Una grieta aún más grande alcanza desde Siberia hasta el Polo. Toda la costa norte de Alaska está libre de hielo, al igual que toda la costa norte siberiana. Los últimos hielos que bloquean el pasaje de Northwestr hasta el final oriental de la isla Reina Elisabeth se están separando".

El apocalíptico relato de Dunning ha dado la vuelta al mundo a través de Internet. Al tiempo, surgen alarmantes noticias. Hacen referencia a corrientes de agua fría procedentes del Polo Norte, que están llegando al Golfo de México, algo que ya había anticipado la revista Discovery en el año 2002 cuando publicó la siguiente alerta: "Oceanógrafos han descubierto un gran río de agua fresca en el Atlántico formado por el derretimiento del hielo polar. Ellos advierten que pronto puede ser que sepulte a la corriente del Golfo, lanzando a Norteamérica y Europa hacia inviernos frígidos".

El asesor de Tony Blair
Según Discovery, a comienzos de 2004, el científico británico David King se entrevistó con el primer ministro británico Tony Blair, a quien le mostró su preocupación acerca de los cambios que estaban a punto de producirse en el planeta por culpa del licuado de los Polos. La respuesta de éste fue, según David King, que esa era una información que el mundo no podía conocer, a lo que el científico –en muestra de rechazo– replicó enviando la noticia a una publicación americana.

En febrero de 2004, el gobierno estadounidense sí se dio por enterado de la amenaza y puso en marcha un departamento capitaneado por Andrew Marshall bajo el nombre de Red de Contactos de Negocios Globales. El grupo es el responsable de la puesta en órbita de una sonda, con la única misión de verificar los cambios climáticos, a la que seguirán otras dos naves. En octubre de 2003, el gobierno de EEUU había encargado un estudio sobre el tema que se dio en llamar Escenario de un cambio abrupto en el clima y sus implicaciones para los Estados Unidos. En él se demostraba, mediante fotografías por satélite realizadas por el propio Pentágono, que entre 1970 y 2003, la superficie del Polo Norte había disminuido en un 40%. En aquel momento, Marshall, al igual que King y Grenias, también fue censurado por las autoridades, pero tuvo arrestos para publicar su estudio en la revista Fortune.

En ese artículo, Andrew Marshall explicaba las consecuencias de la corriente del Golfo. A medida que se enfría, cae hacia el fondo, regresando al hemisferio sur, para calentarse y regresar al norte, componiendo en definitiva un gigantesco "ocho". El motor de este movimiento en el Atlántico está en el norte, donde esta corriente adquiere salinidad, lo que la impulsa a irse hacia el fondo. La novedad actual es la llegada de nuevas corrientes gélidas, procedentes de los casquetes derretidos del Polo, cuya principal característica es su menor salinidad. Eso impide que la corriente llegue al fondo y, además, hace que se decelere, algo que ha disminuido dramáticamente en los últimos diez años. De esta manera, el calor no llega al Atlántico Norte y causa olas de frío. ¿Es acaso ésta la explicación del gélido invierno que hemos sufrido en Europa?
Que estamos ante un problema de primer orden es algo que, aunque sigilosamente, ya ha llegado a nuestros medios de comunicación. Ahora el remedio está en nuestras manos… o quién sabe si ya no. o
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