Civilizaciones perdidas

Vengadores del Más Allá en la Antigua Grecia

Hay numerosos textos de la Antigua Grecia que aluden a la aparición de espíritus vengadores que regresan del Más Allá para castigar a algún ser vivo o para advertirle sobre algo.

Miguel Pedrero

3 de Febrero de 2020 (16:45 CET)

espiritus vengadores antigua grecia mas alla
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Las fuentes sobre apariciones espectrales son numerosas en la Antigua Grecia. Encontramos textos que relatan contactos con fantasmas en poesías; en obras en prosa de reconocidos autores, como Heródoto o Luciano; en escritos de contenido religioso y también en bastantes cerámicas, en las cuales se representan imágenes de espectros. El Más Allá se encontraba en el Inframundo, bajo tierra, al que se podía acceder a través de grutas. Aunque otras fuentes refieren que estaba situado en una isla allende los mares. 

Al igual que en el Egipto faraónico, el alma del difunto se representaba como una figura alada de aspecto antropomorfo que dejaba el cuerpo en el momento de la muerte. Sin embargo, no era raro que los fallecidos se presentaran a los vivos con el aspecto que tenían en vida, como relatan en pleno siglo XXI los testigos de esta clase de fenómenos. Por ejemplo, Homero escribe en la Ilíada cómo el fantasma de Patroclo se aparece en sueños a su amigo Aquiles. Estaba igual que cuando vivía, y le dijo a Aquiles: «Me has olvidado (…) Entiérrame inmediatamente y déjame pasar las puertas del Hades (el Paraíso). Me mantienen fuera las psychai y eidola de los muertos, que no me dejan cruzar el río para reunirme con ellos (…) Si me haces el rito de quemarme (…) no volveré más del Hades».

Espectros que se desvanecen

En una cerámica griega contemplamos la figura de lo que semeja un fantasma, puesto que se ve a un personaje ataviado con ropajes orientales sobre una especie de columna de humo. Encima de esta imagen se puede leer eidolon Aietou. Homero emplea este término, eidolon, para referirse a las almas de los muertos, así que todo parece indicar que en la citada cerámica se está representando la aparición del espectro de Eetes (Aietou). Mercedes Aguirre da a conocer en el libro coral Fantasmas, aparecidos y muertos sin descanso (Abada, 2015) otros casos de espectros que acaban desvaneciéndose delante de los vivos en la Grecia Clásica, precisamente tal como relatan que desaparecen las entidades del Más Allá los cientos de miles de testigos que se han enfrentado a esta clase de fenómenos hoy en día. Por ejemplo, cuando Ulises quiere abrazar al fantasma de su madre, que se había mostrado ante él, se esfuma delante de sus narices. También en una obra de Luciano, titulada El aficionado a la mentira, encontramos que el espectro de la esposa de Éucrates se desvanece «como humo».

Las almas solían regresar del Hades para advertir de algo a un familiar o amigo vivo

En Fantasmas, aparecidos y muertos sin descanso, Richard Buxton, especialista en la Grecia Clásica, apunta que también son comunes las apariciones de los espíritus de aquellos que fallecieron de forma violenta y regresan para vengarse o pedir que lo hagan por ellos amigos o familiares. Otro caso es el de los que vuelven del Hades para advertir de algo a un vivo. En De Divinatione, Cicerón narra el caso que protagonizó el poeta griego Simónides, quien en cierta ocasión enterró el cuerpo de un hombre fallecido del que nadie se había preocupado. Poco después, Simónides tenía previsto realizar un viaje por mar, pero el fantasma del desdichado al que había dado sepultura se le apareció en un sueño para advertirle que no se le ocurriera embarcar. El poeta hizo caso de la advertencia del Más Allá y salvó la vida, porque el barco terminó hundiéndose y todos sus ocupantes fallecieron. 

El día del contacto con los espíritus

Pero si había una época en la que los muertos dejaban el «otro lado» para conectar con los vivos, era durante los tres días que duraba el festival de las Antesterias, celebrado en la primavera en honor al dios Dioniso. No disponemos de información en relación a lo que ocurría realmente durante esta festividad, pero parece comprobado que una vez finalizada, los espíritus regresaban al Más Allá. Otro modo de contactar con las almas de los fallecidos era invocándolos empleando ciertas formas mágicas. Un caso conocido de este fenómeno es el que protagonizó el sabio pitagórico del siglo I d. C. Apolonio de Tiana, que pasó una noche al lado de la tumba de Aquiles con la intención de que se mostrara ante él. Así ocurrió y Apolonio tuvo la oportunidad de plantearle varias preguntas que le inquietaban. Seis siglos antes, Esquilo describe en su obra Los Persas la aparición del fantasma de Darío, que había sido invocado por su viuda, la reina persa Atossa. 

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