Misterios
16/06/2017 (12:22 CET) Actualizado: 01/10/2025 (14:20 CET)

Lápidas templarias

¿Guardan algún mensaje oculto los sepulcros templarios? El hallazgo de un acróstico en la iglesia del temple en Londres es el principio de un apasionante viaje que nos pone en contacto con los orígenes de la masonería escocesa

Josep Guijarro

Periodista y escritor

16/06/2017 (12:22 CET) Actualizado: 01/10/2025 (14:20 CET)
El mensaje oculto de las lápidas templarias
El mensaje oculto de las lápidas templarias
Nº 260 JULIO 2017
Este artículo pertenece al Nº 260 JULIO 2017

Situada entre el río Támesis y Fleet Street, se erige la que se conoce como iglesia del Temple en Londres. Se trata de uno de los cinco templos circulares que todavía restan en pie en Inglaterra. Fue construido en el siglo XII como capilla y cuartel general de la Orden de los míticos monjes guerreros. Bajo su cúpula se extiende una nave circular de 16,76 m de diámetro, rodeada de columnas de mármol que recuerdan poderosamente al Santo Sepulcro de Jerusalén. No es por casualidad. Los templarios no daban puntada sin hilo en lo que a simbolismo se refiere. Pero lo que más llama la atención de esta coqueta iglesia son las lápidas antropomorfas –a tamaño real– de nueve caballeros templarios que descansan en su suelo calizo, iluminadas por la increíble luz que mana de la cúpula. Bueno, en realidad se trata de efigies. Los sepulcros y otros monumentos funerarios se hallan realmente en los laterales de la iglesia y hasta se puede ver la celda donde los monjes guerreros dejaban morir de inanición a los miembros disidentes.

Pero la tranquilidad de este lugar especial –donde antiguamente podías escuchar hasta el eco de tus pasos– se vio perturbada abruptamente gracias a la mención que Dan Brown hizo del mismo en su bestseller El Código Da Vinci. Una turba de turistas apasionados por el misterio busca desde entonces en su interior códigos ocultos y mensajes cifrados en las efigies templarias, quién sabe si para comprobar el anagrama que reza en la novela: "En Londres reposan los restos de un Papa caballero que debía tener su orbe junto a él, en la tumba…" ¿Hay realmente un mensaje oculto en las tumbas templarias? ¿Radica en ellas el secreto del Temple?

LA FUNDACIÓN DEL TEMPLE

Mi querido amigo Juan García Atienza solía decirme que la insistencia en determinadas cifras o con la incidencia de símbolos concretos, podían servir "para que una élite supuestamente escogida, que compartía el lenguaje secreto del símbolo, se percatase de que, detrás de una fecha, de una palabra equívoca o hasta del color de un manto o de la forma de un templo, podía encontrarse toda una declaración de intenciones". Cuánta razón tenía. Al menos en lo que respecta a la iglesia del Temple.

Una de las efigies de caballero de la iglesia de Temple de Londres
Una de las efigies de caballero de la iglesia de Temple de Londres

No hay templarios bajo las efigies de los nueve caballeros londinenses. Sólo se trata de imágenes esculpidas en piedra de Caen, consagrada en 1185 por Heraclio, a la sazón patriarca de Jerusalén, que velan –pretendidamente– para proteger esta antigua iglesia. La más antigua fue creada en el año 1227 para representar a Sir Roger de Ros, aunque la más famosa pertenece a William Marshall, conde de Pembroke, que hizo de mediador entre el rey Juan Sin Tierra y los barones en 1215. Junto a ella están representados, también, dos de sus hijos. Todos los caballeros yacen con sus ojos abiertos, representados en sus treinta y pocos años, la edad en que supuestamente murió Cristo y en la que, según su creencia, los muertos se levantarán a su regreso. Toda una declaración de intenciones.

Busco alguna clave en la posición de las manos, los escudos y armaduras, las espadas y los animales que yacen a los pies de algunas efigies, pero no atisbo a encontrar nada relevante en ellas. La solemnidad del enclave, su semejanza estructural con el Santo Sepulcro, por el contrario, sí me transportan a Tierra Santa y a la misteriosa fundación de la Orden. ¿Guardarán algún secreto, alguna clave para desvelar los enigmas que rodean a los templarios?

Recordemos que corría el año 1118 cuando nueve caballeros dieron forma a las ideas del primer abad de Claraval y se unieron para crear una Orden caballeresca. Recibiría inicialmente el nombre de Pobres Caballeros de Cristo aunque, en poco tiempo, serían conocidos como militia templi –soldados del templo–, Caballeros del Temple o, simplemente, templarios. La razón de ese nombre radica en el lugar en que residieron durante su estancia en Jerusalén: el Templo de Salomón, donde permanecieron, en clausura, nueve años tomando los votos de pobreza, castidad y obediencia...

Los caballeros dioscuros, el enigmático emblema del Temple
Los caballeros dioscuros, el enigmático emblema del Temple

 

EL SECRETO DE LA LÁPIDA TEMPLARIA

-¡Caramba! –pensé– nueve efigies, como los fundadores de la Orden; como los nueve años de permanencia en el Templo de Jerusalén. No era casualidad. Las lápidas parecían esconder alguna clave, algún secreto. Pero, ¿cuál?

La simbología templaria –asegura Chema Ferrer en su libro Secretum: la España Enigmática– es rica y variada. Utilizó como sostén todo lo que tuvo a su alcance: su pendón de batalla –el beausant, con sus colores blanco y negro–, los sellos de la Orden, monedas, los relieves, sus cartularios, etc… Así, la planta octogonal emula a la planta de ocho lados de la Cúpula de la Roca, y de esos ocho lados deviene, además, la cruz templaria. Ocho y nueve. Dos números que se repetían. El producto de ambos arroja el 72 que es exactamente el número de artículos de su regla monástica. ¿Casualidad? Nada de eso.

El noveno sefiroth de la cábala hebrea se llama Yesod y significa “fundación”, y el octavo se llama Hod y su significado es “Gloria”. Poseemos ahora las claves para interpretar el mensaje, una suerte de deseo formulado en criptografía: “Gloria a la Fundación”. Naturalmente, de la Orden del Temple. Sorprendente, sin duda.

Pero no es el único acertijo oculto en la Iglesia del Temple de Londres. El más desconcertante mora en una de sus paredes, junto a la tumba de un caballero enterrado en 1170, tan sólo diez años después de que la Round Church fuera construida. Muestra un asombroso cuadrado mágico compuesto por cinco palabras –¿latinas?– que pueden leerse de izquierda a derecha –o viceversa– y de arriba abajo –o viceversa–. Reza así: “ROTAS, OPERA, TENET, AREPO, SATOR”. ¿Qué significa este palíndromo?

El cuadrado de Sator es un rompecabezas sin resolver
El cuadrado de Sator es un rompecabezas sin resolver

No os engañaré. Nadie conoce a ciencia cierta su significado, de manera que entramos en un campo abonado a la especulación. Los más ortodoxos dicen que se trata de una inscripción paleocristiana que invoca al Padre Nuestro. En efecto, las veinticinco letras que conforman el cuadrado mágico permiten escribir –sin repeticiones– dos veces la palabra PATERNOSTER, y dos veces también las letras A y O, que aluden al Alpha y el Omega –el Principio y el Fin– que relata el Apocalipsis del apóstol Juan (IV-21-6). Pero si consideramos que el primer cuadrado de estas características fue descubierto en la romana Pompeya, concretamente en una columna próxima al Anfiteatro y, por tanto, en una zona visible para todo el mundo, hay que poner en cuestión que el mensaje tenga un cariz tan cristiano. Curiosamente, hasta 1160 los templarios londinenses se reunían en una estructura establecida por el primer Gran Maestre, Hugues de Payns, en High Holborn, un enclave que fue antiguamente un ¡templo romano! de Londinium pero se les quedó pequeño, y la Orden adquirió los terrenos cerca de la actual Estación de Metro Temple para establecer un gran complejo monástico que sirviera de sede en Inglaterra. ¿Cabe la posibilidad que lo copiaran de allí?

Ya vemos cómo el misterioso palíndromo tiene que ver con los cristianos tanto como la Rueda Cósmica, las dos llaves de Jano o el Alfa y el Omega. Su traducción literal del latín vendría a decir que, “El Sol se ocupa de los trabajos inversos del Creador” y leído al revés, “El Creador gobierna los procesos cíclicos con un trabajo inverso”. Los eruditos aseguran que las dos frases se correlacionan con los descubrimientos de Aristarco de Samos –hacia 310-230 a.C.– referidos a la rotación de la Tierra sobre su eje polar y en torno al Sol –heliocentrismo–, y los de Hiparco de Rodas –hacia 150 a.C.–, que hacen referencia al fenómeno astronómico de la precesión de los equinoccios. Dos descubrimientos clave que después tendrán aplicación en la arquitectura templaria. Una posibilidad, pero no la única.

El cuadrado, normalmente, aparece invertido en numerosas iglesias, ermitas templarias y hasta en la Catedral de Santiago de Compostela –es decir con el formato SATOR, AREPO… en lugar de ROTAS, OPERA…–, lo que permitiría leerlo como: “SAT ORARE POTEN ET OPERA ROTAS”, que se traduciría por “Suficiente poder para orar y para trabajar a diario”. Pensad que ROTO, en latín, significa rueda o rodar, pero también puede traducirse como disco solar o Sol, lo que equivaldría a “día”. De forma abreviada nos quedaría Ora et labora –Reza y trabaja–, el lema de los alquimistas que expresa, también, la vocación benedictina de alabanza a Dios con el trabajo diario. Y es que, en la antigua Roma, Sator era Saturno, dios de la agricultura; fundador del orden social y de la civilización. Saturno, para los alquimistas, representa el plomo y es simbolizado como una quimera con cuernos de cabra y cola de serpiente. Curiosamente, hay un criptograma Sator en la Iglesia de San Orso, en Aosta (Italia) que es circular y en el centro del mismo está representado un titán –Sansón, según la tradición– que abre la boca a un monstruo como el que acabo de describir. La lucha está enmarcada por un triple círculo y sobre la cabeza del héroe empieza la frase latina. Los alquimistas medievales relacionaron los planetas con los metales y a Saturno equivale el plomo. Es más, este cuadrado mágico es, con letras hebreas, uno de los Pentáculos de “la Clavícula de Salomón” clasificado bajo Saturno. ¿Era la alquimia el secretum templi?

TEMPLARIOS ALQUIMISTAS

Parece fuera de toda duda que en la Orden del Temple debieron existir iniciados en la práctica de la alquimia. Al-gunas imágenes y símbolos presentes en las construcciones templarias sugieren, en su carácter mismo, tal actividad.

En Oriente sólo pudieron adquirir aquella ciencia a través de los sufíes persas, quienes a su vez parece que la habían adquirido de los documentos egipcios de la biblioteca de Alejandría antes de ser incendiada.

Para el gran Fulcanelli, toda la sabiduría alquímica quedó patente en el misterioso ídolo templario Baphomet. Sería por tanto “un emblema completo de las tradiciones secretas de la Orden” y un “paradigma esotérico” que muchos autores han relacionado con el diablo o mejor dicho con Lucifer, el dador de luz, de conocimiento. Claro que cabe desconfiar de la mayoría de las declaraciones que la Inquisición obtuvo sobre el misterioso ídolo templario a base de tortura en el largo proceso del que fueron objeto los mandatarios de la organización. Sólo Jacques de Molay, el último Gran Maestre, confesó ante una reunión de académicos de la Universidad de París la certeza de las acusaciones promulgadas contra ellos. De Molay, por cierto, se retractó de las mismas y fue condenado a la hoguera en una pequeña isla del Sena, entre la iglesia de los Hermanos Eremitas y los jardines del Palacio Real.

Así imaginaron al Baphomet templario
Así imaginaron al Baphomet templario

Los inquisidores, sin embargo, se obstinaron en materializar el Baphomet en una suerte de ídolo andrógino, cornudo y barbudo que evocara la figura del diablo, como el que se halla en el frontispicio de la iglesia de Saint-Merry, en el barrio templario de París, que constituye además un compendio de símbolos alquímicos. Otra vez la alquimia. Pretendían así acusar a los templarios de idolatría al maligno y tacharlos de herejes. Y es que, tras casi dos siglos de existencia, los monjes guerreros se habían convertido en la principal fuerza militar, económica y espiritual de Occidente. Así las cosas, el rey de Francia Felipe IV y el papa Clemente V urdieron un plan para acabar con su hegemonía y, naturalmente, quedarse con su pasta.

Así, los monjes guerreros del Temple fueron culpados de negar los dogmas de la fe cristiana, de escupir u orinar sobre la cruz durante sus rituales secretos de iniciación, de ungirse con la sangre o el sebo de los niños sin bautizar, de cometer actos de sodomía e, incluso, de venerar al diablo mediante un cráneo o cabeza llamada Baphomet que, de hacer caso a su concepción luciferina, entroncaría directamente con uno de los tesoros simbólicos del Temple: el Santo Grial,

la copa del conocimiento. Recordemos que el Grial era el Lapsit Exilis, la piedra caída de la frente de Lucifer según el Parsifal de Wolfram von Eschenbach, donde hace hincapié en que los custodios del Grial y la familia del Grial son templarios. Y como Lucifer, precisamente, es como se autonombró en su lápida el IV Gran Maestre del Temple en Portugal: Gualdim Pais. Se trata de una figura mítica de los templarios portugueses. Iniciado en los misterios templarios en Tierra Santa, estableció estrechos lazos de amistad durante cerca de medio siglo con D. Alfonso Henriques, El Conquistador.

El convento de Cristo, en Portugal
El convento de Cristo, en Portugal

EL LUCIFER TEMPLARIO

Su sepulcro está en Tomar, un municipio del departamento de Santárem presidido por una fortaleza templaria, patrimonio de la UNESCO, que conserva una girola octogonal de dos plantas que sostiene, a su vez, una bóveda mediante ocho pilares. Fue erigida, también, en el siglo XII, siguiendo el modelo del Templo de Salomón. El Templum Domini, como los templarios llamaron al Domo de la Roca, figuró en los sellos oficiales de los Grandes Maestros de la Orden, y pronto se convirtió en el modelo arquitectónico de las iglesias redondas de los Templarios alrededor de toda Europa. La más relevante se erigió en Tomar (Portugal) y fue bautizada como el Convento de Cristo.

Su aspecto exterior es muy parecido a la Iglesia de Temple de Londres, pero su interior es, sencillamente, deslumbran-te. No sólo por sus pinturas del siglo XVI o por algunas de sus estatuas de madera policromada, sino por el diseño original de esta singular capilla. Según me contó Iria Caetano, directora del Convento de Cristo, lo que hoy es una ventana orientada al Este, fue una puerta por la que los templarios entraban a lomos de sus caballos y daban tres vueltas a la girola.

Le pregunto por la tumba de Gualdim Pais y me advierte de que no está allí. Se encuentra en el pueblo, concretamente en la Iglesia de Santa María del Olival. Allí me dirigí dispuesto a encontrar nuevas claves. Manuel J. Gandra, me hizo partícipe de su interesante estudio sobre el plano directriz que Gualdim Pais trazó para el diseño de Tomar en correspondencia con la mentalidad científico-religiosa de los templarios. De hecho, del siglo XII al XVI, Tomar fue considerada como una ciudad generatriz de arquetipos.

En el centro de la circunferencia de este plano directriz está la Iglesia del patrón de los templarios: San Juan Bautista. La circunferencia pasa por todos los espacios sagrados más importantes de Tomar, exceptuando la Iglesia de Santa María do Olival, que se encontraba extramuros. Ése era mi destino. Por mi cabeza rondaba, además, el nombre del santuario, pues, si bien algunos dicen que guarda relación con un olivar próximo, a nivel simbólico el aceite de oliva está consagrado a la diosa de la sabiduría, Atenea. ¿Era casual? Claro que no, como tampoco lo era la presencia en la fachada de poniente de una estrella de cinco puntas de la que surge una flor con los pétalos abiertos inscrita en un círculo. En Portugal, según me había contado mi buen amigo Paulo A. Luçao, a la estrella de cinco puntas se la denomina, a menudo, signo de Salomón, y “el hecho de estar dentro del pentafolio nos recuerda su simbolismo del Hombre Realizado o Verticalizado, la victoria del 5 sobre el 4. Asociada a Venus, la estrella de la mañana.

Castillo de Almourol, en Portugal
Castillo de Almourol, en Portugal

En su interior se conservan las tumbas de Gualdim Pais y la de Gil Martins, el primer Maestre de la Orden de Cristo, heredera de los templarios que huyeron de la Inquisición a partir de 1307. En el Claustro da Lavagem del Convento de Cristo, en la Acrópolis de Tomar, se conserva la mayor colección a nivel mundial de estelas funerarias de la Orden del Temple y de la Orden de Cristo con un gran abanico de símbolos: estrellas de cinco, de seis, de siete y de ocho puntas; rosacruces, hexafolios, una serpiente, cruces templarias, etc. Muchas de estas estelas procedían del cementerio de la Iglesia de Santa María do Olival que, hasta el siglo XVI, albergó los cuerpos de 20 templarios.

Fray Antonio de Lisboa, cumpliendo órdenes de D. Juan III, profanó estos túmulos. Hoy sólo quedan tres. Uno de ellos es el que buscaba: el de Gualdim Pais.

Su sepulcro no puede ser más discreto. En la pared de una capilla, una pequeña lápida en latín recuerda al Gran Maestre de los templarios portugueses… pero no había rastro de la mención a Lucifer. ¿Estaría yo equivocado? Vagué por la iglesia y reparé en que, junto a la capilla donde reposan los restos mortales de Pais, había una lápida con un 8 en horizontal, como si de un símbolo de infinito se tratara. Otras curiosidades de la iglesia estaban en las tallas románicas como la de Santa Ana, la madre de María, sosteniendo en sus brazos a la Virgen quien, a su vez, sostiene al niño Jesús. El análisis simbólico de muchos de los elementos de esta iglesia darían para un libro entero. Pero lo que me interesaba era la lápida del Gran Maestre que, al parecer, estaba en territorio en una fortaleza medieval que hoy es responsabilidad de Ejército portugués.

EL CASTILLO DE ALMOUROL

Me dirigí por carretera hasta la recoleta pero pequeña localidad de Tancos, situada en uno de los márgenes del Tajo, para contemplar la fortaleza de Almourol que se erige en una isla fluvial, en medio del río. Gualdim Pais levantó allí la fortaleza sobre los restos de una más antigua. De hecho, los orígenes de la ocupación de este lugar son muy antiguos y enigmáticos. Sabemos que en 1129, fecha de la conquista de este punto por las tropas portuguesas, el castillo recibía el nombre de Almorolan, pero su aspecto actual se lo daría el Gran Maestre templario en 1171. Cumplía funciones defensivas para el control del comercio del aceite, del trigo, de la carne de cerdo, de la fruta y de la madera entre las diferentes regiones del territorio y Lisboa. Hoy es responsabilidad del Ministerio de Defensa Nacional. Con el permiso correspondiente me embarqué rumbo a la fortaleza hasta dar con la lápida escrita en latín donde se habla de Gualdim como UT LUCIFER. En realidad, se trata de una síntesis biográfica que se puede traducir como: “Era de MCCVIII –1208 de la era de César, 1170 de la era de Cristo–. El Maestre Gualdim, ciertamente de noble generación, natural de Braga, vivió en el tiempo de Alfonso, ilustrísimo Rey de Portugal. Abandonando la milicia secular, en poco tiempo se elevó como un Lucifer, como soldado del Temple, y se dirigió a Jerusalén donde durante cinco años llevó una vida trabajosa. Con su Maestre y sus Hermanos participó en muchas batallas, moviéndose contra los reyes de Egipto y de Siria. Como fuese tomada Ascalón, partiendo después para Antioquía, luchó muchas veces por la rendición de Sidón. Pasados cinco años, volvió entonces para que el rey lo instituyera y nombrara caballero. Convertido en Procurador de la Casa del Temple en Portugal, fundó en éste los castillos de Pombal, Tomar, Zêzere y el llamado Almoriol; e Idanha y Monte Santo”.

La lápida que ahora contemplaba, todo hay que decirlo, es una reproducción. La original pende de la fachada de la taquilla del Convento de Cristo, en Tomar. Pongamos atención a la frase, “en poco tiempo se elevó como un Lucifer”. ¿Se refiere a la iniciación de Gualdim Pais en Oriente?  

El investigador Paulo Louçao cree que Lucifer significa estrella de la mañana, es decir, el planeta Venus. Etimológicamente, Lucifer es “aquél que porta la Luz”, aunque también es el nombre del ángel caído que se convirtió en Satanás –adversario de Dios–, o sea, el diablo. Pero la estrella de la mañana es también uno de los nombres de la Virgen a la que los templarios y cistercienses rendían un culto exacerbado. Baste indicar que las catedrales góticas auspiciadas por los templarios en Francia durante los siglos XII y XIII dibujan en el suelo la constelación de Virgo, trasunto de la Virgen.

A esa conexión astronómica tampoco debió de ser ajeno el misterioso Gualdim Pais, pues la planta del castillo de Tomar guarda una semejanza providencial con la constelación del Boyero que en la mitología romana es Ícaro. Su amada Erígone y su perra fueron en su busca y, tras constatar que había sido asesinado, se ahorcó. Zeus, entonces, la puso en el cielo representando la constelación de Virgo. 

La longitud y anchura del castillo de Tomar, además, están en proporción de dos a tres, resultando un ángulo de treinta y cuatro grados entre la girola de la capilla octogonal del Convento de Cristo y la torre cuadrangular sudoeste. Pude averiguar que esos 34 grados que dista del Oriente geográfico –33 en América– es denominado el Oriente de San Juan y ahí los templarios orientaban sus construcciones como homenaje secreto al Bautista. No olvidemos que los alquimistas también lo veneraban.

Una leyenda asegura que la cabeza embalsamada de Juan Bautista –quien fue decapitado– fue a parar a Escocia. Concretamente estaría oculta en el pilar de una inquietante capilla situada a poco más de 10 Km al sur de Edimburgo, Rosslyn, la catedral de los enigmas.

El pilar del aprendiz y la cripta de Rosslyn
El pilar del aprendiz y la cripta de Rosslyn

LA CAPILLA DE ROSSLYN

A partir de 1307 muchos templarios huyeron en dirección a España y Portugal. También a Escocia, donde siguieron siendo un grupo de poder, ocultos bajo los mantos de los Caballeros de San Juan, dirigidos desde el castillo de Rosslyn, cuyo señor, el conde de Saint Clair, se transformó en Gran Maestre de la Orden. De la fortaleza hoy apenas queda nada en pie pero fue un punto clave para los templarios.

Michael Baigent y Richard Leigh, en Masones y Templarios, señalan que nueve embarcaciones templarias bordearon Irlanda por occidente y el norte, para trasladar a los refugiados hasta los territorios controlados por Robert Bruce en Argyll, Kintyre y el estrecho de Jura, y habrían participado, el 24 de junio de 1314, en la batalla de Bannockburn, cerca de Stirling. Henry Saint Clair y Pierre d’Aumont, comandaron un nutrido grupo de templarios que desmoralizó al ejército de Eduardo II y consiguió la victoria para Wallace y Bruce, quienes conseguirían la independencia de Inglaterra y que Robert Bruce fuese el nuevo rey de Escocia.

Como gratitud por los servicios prestados, se les otorgó la baronía de Rosslyn y los Saint Clair se convirtieron en custodios de reliquias sagradas que pretendían confirmar el derecho divino de los reyes escoceses, como un trozo de la Vera Cruz y la famosa Piedra del Destino.

En cualquier caso, el tataranieto de este templario, William Saint Clair, construiría en 1446 la capilla que, paradójicamente, fue también uno de los escenarios más famosos de la trama de El Código da Vinci. La arquitectura de Rosslyn pretendía reproducir el Templo de Jerusalén tal y como lo habían encontrado los templarios, pero el proyecto quedó inconcluso y la Reina Victoria modificó la Capilla, dándole su toque victoriano.

De su interior llama la atención el Pilar del Aprendiz, uno de los tres hermosos pilares que separan el coro del ala central de la capilla. Está adornado con OCHO serpientes que se muerden la cola así como otros símbolos paganos y masónicos, como el dragón, que está asociado a la alquimia. Su diseño, según la leyenda, fue inspirado en sueños por un aprendiz que lo modeló mientras el maestro cons-tructor se hallaba en Roma. A su regreso, al ver una obra de tal belleza, mató de un mazazo al discípulo, encolerizado de pura envidia.

Pues bien, los autores del best-seller La clave masónica, Chistopher Knight y Robert Lomas, han relacionado los orígenes de la masonería escocesa con los templarios. En su opinión, en el interior de este pilar se hallan ocultos el Grial –como la cabeza del Bautista– y los documentos secretos de la Orden del Temple.

“Los manuscritos –escriben– se encuentran bajo la capilla de Rosslyn y en los subterráneos de determinadas construcciones anteriores a la edificación de la capilla. La intención de William Saint Clair era distribuir los manuscritos tal y como los encontraron los templarios al extraerlos del Templo de Salomón, entre 1118 y 1128”.

LAS TUMBAS DEL TEMPLE EN ESCOCIA

Una vez más, la clave se encontraría en las tumbas templarias. Si bajas a la cripta de Rosslyn descubrirás una curiosa decoración que figura, asimismo, en el escudo familiar. Está en el techo, en el altar, por todas partes… Se trata de la cruz foliada. Pues bien, unas excavaciones cerca de la iglesia de Kilmartin, en Loch Awe, han puesto al descubierto “nuevas” sepulturas templarias. Una lápida muestra los escalones del Templo de Salomón que llevan a una cruz foliada, al lado de una espada de cruzado, como en la tumba de William de Saint Clair, en Rosslyn. Curiosamente, un poco más al este, se hallan los restos de una antigua iglesia circular y una lápida con la cruz pattée de los templarios. Andrew Sinclair cree que se trata de las tumbas primitivas de los miembros de la Orden que, según una tradición masónica francesa, fueron transportados en nueve embarcaciones a la isla de May, en el estuario de Forth, llevando consigo los documentos fundacionales, sus ritos secretos y sus tesoros. Y trata de demostrarlo mediante el estudio de ciertas lápidas, como las descubiertas en Currie, cerca de Edimburgo, y en Westkirk, en Culross, donde se puede ver un barco de vela, mucho más largo que una galera, junto a una escuadra masónica.

Parece que estas tumbas vienen a probar la filiación templaria de la masonería escocesa, algo que ya se atisbaba cuando Andrew Michael Ramsay pronunció su famoso discurso del 26 de diciembre de 1736 en la Asamblea de la Gran Logia Provincial de París, afirmando que los masones derivaban de los Hospitalarios Sanjuanistas y presentaba a los cruzados no sólo como guerreros, sino como masones que habían buscado los secretos en Tierra Santa con la espada en una mano y la paleta en la otra. La misión real de los templarios, pues, no era tanto la defensa de la fe como la búsqueda de la Palabra Perdida.

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

Lo más leído

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

AC 415

Nº 415, marzo de 2026

Geopolítica del mal, cárceles secretas, enclaves malditos y lugares prohibidos. Último número ya en el quiosco.