¿Lleva seis siglos mal encuadernado el Manuscrito Voynich?
Dos investigadores proponen que el códice más enigmático del mundo nunca fue pensado como un libro cosido, sino como un conjunto de hojas sueltas que alguien juntó en el orden equivocado.
El Manuscrito Voynich, el códice medieval de unas 240 páginas escrito en una escritura que nadie ha logrado leer y que custodia la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, podría llevar desordenado desde el siglo XV. Esa es la tesis de un estudio publicado el 19 de octubre de 2026 en la revista Digital Medievalist, firmado por Lisa Fagin Davis, especialista en manuscritos medievales y directora ejecutiva de la Medieval Academy of America (sociedad académica estadounidense dedicada a los estudios medievales), y Colin Layfield, investigador en sistemas de información de la Universidad de Malta.
Si tienen razón, los criptógrafos, lingüistas y aficionados que desde hace más de un siglo intentan descifrar el texto habrían estado leyendo un libro con las páginas barajadas. Y eso lo cambiaría casi todo.
Un libro que se contradice a sí mismo
El manuscrito está hecho de pergamino datado por radiocarbono a comienzos del siglo XV. Contiene unas 38.000 palabras en el sistema de signos conocido como «voynichés» y se acompaña de ilustraciones de plantas, figuras humanas y símbolos astrológicos. Perteneció en origen a un emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, lo compró en 1912 el anticuario polaco Wilfrid Voynich, de quien toma el nombre, y desde 1969 reposa en Yale.
La pista que puso en marcha la investigación apareció cuando Davis estudiaba cuántos escribas habían intervenido en el manuscrito. Al comparar las manos, comprobó que en la secuencia actual de páginas se alternan de una manera que no tiene sentido. A eso se suma otra rareza: hay ilustraciones que se salen de la página por un lado y reaparecen en la otra cara, aunque entre ambas se interpongan varias hojas.
«No sabemos si es un código», admitió Davis a Live Science, «pero hay unas características curiosas en la estructura física del manuscrito».
Matemáticas contra el desorden
Según la información publicada sobre el estudio, los autores contrastaron su idea con obras conocidas como el Bestiario de Aberdeen (manuscrito ilustrado inglés de bestias reales y fantásticas) y el Speculum Humanae Salvationis (obra devocional medieval ilustrada), y concluyeron que hay indicios sólidos de que el Voynich no estaba concebido para encuadernarse en cuadernos.
La otra pata del trabajo es estadística. Layfield aplicó el análisis semántico latente (LSA, por sus siglas en inglés), una técnica de procesamiento del lenguaje natural desarrollada a finales de los años ochenta para detectar patrones ocultos en los textos. La razón de elegirla, explicó, es práctica: las técnicas modernas de inteligencia artificial necesitan cantidades enormes de datos, y del Voynich solo hay unas 35.000 palabras.
El resultado fue que ciertos bloques de páginas mostraban poca similitud entre sí, lo que sugiere que quizá no estaban destinados a ir juntos, mientras que otros presentaban una similitud alta, lo que refuerza la idea de que debían leerse seguidos.
Para Davis, la hipótesis de las singulions explica por qué cada escriba parece haber trabajado una sola hoja y por qué las imágenes cruzan el margen central sin lógica aparente.
Según, Lisa Fagin Davis, cuando lo piensas en el contexto de las otras rarezas del manuscrito, todos esos problemas se resuelven

Seis siglos de historia en una línea
Qué cambia si es cierto
No es la primera vez que alguien sostiene que el Voynich tiene las páginas fuera de lugar, pero sí uno de los intentos de apoyarlo con un análisis de las propiedades gráficas y textuales del manuscrito. Y las consecuencias son importantes: «cualquier investigación que dependa de la secuencia actual de páginas tiene que revisarse, porque el manuscrito está desordenado», declaró Davis a Gizmodo. Buena parte de los intentos de descifrado se basan en estadísticas de combinaciones de símbolos calculadas sobre el orden actual, de modo que, si ese orden es artificial, esos cálculos podrían estar contaminados.
La propia Davis es prudente: el trabajo no ofrece una traducción. «No nos lleva hasta allí, pero mueve el balón», explicó a Live Science, «porque no se puede sacar sentido de un libro en el que todas las páginas están mezcladas». Lo que sí aporta, añadió, es una vía para plantearse si bajo el texto hay un significado real.

Los autores ya piensan en el siguiente paso. Algunas páginas del manuscrito presentan una gran mancha de agua en el margen superior. Esa mancha debería mostrar simetría de una hoja a otra y no la muestra, algo que, según Davis, apoya también la idea del desorden. Comparar la forma de las manchas podría ayudar a recolocar las hojas en su secuencia original.
Un precedente: la mandíbula de Caín
Davis se declara optimista, en parte por un precedente. Cain's Jawbone («La mandíbula de Caín») es un endiablado rompecabezas literario de la década de 1930 que consiste en 100 páginas de una novela de misterio y asesinato presentadas en el orden equivocado. Su lenguaje estilizado y ambiguo hizo fracasar incluso a la inteligencia artificial, pero un puñado de personas ha logrado reconstruirlo. Si alguien pudo ordenar un puzle así, razonan los investigadores, no es descabellado pensar que ocurra lo mismo con el Voynich.
Que las páginas estén en el orden equivocado no resuelve el misterio de fondo: seguimos sin saber si el voynichés es un código, una lengua desconocida o algo distinto. Lo que el estudio hace es cambiar el punto de partida. Si el manuscrito fue un montón de hojas sueltas que alguien, hace unos seiscientos años y sin poder leerlas, cosió como pudo, el verdadero texto, si lo hay, sigue ahí, esperando a que alguien encuentre la manera de ponerlo en fila.
¿Y si la clave nunca estuvo en el alfabeto, sino en el orden de las hojas?
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