Un triángulo sin huella térmica y la 'bóveda' secreta de Bigelow
Tres agentes federales, dos de ellos habituados a trabajar con drones, vieron cómo un objeto triangular ascendía en silencio sobre una cresta sin que el visor térmico registrase su propulsión. El informe es de este mismo año y llega en un lote sin vídeos, pero cargado de papeles del programa AAWSAP, de Robert Bigelow y de Skinwalker Ranch.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos, nombre con el que el Pentágono se rotula ahora, publicó el pasado 23 de octubre la séptima remesa de documentos del PURSUE (siglas en inglés del Sistema Presidencial de Desclasificación e Informes sobre Encuentros con UAP, la web oficial war.gov/ufo). El anuncio lo firmó Sean Parnell, asistente del secretario de Guerra para Asuntos Públicos y portavoz jefe del Pentágono, que añadió que el Departamento seguirá publicando más archivos de forma progresiva.
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— Sean Parnell (@SeanParnellASW) October 23, 2026
A diferencia de lo ocurrido con el sexto lote, que traía el vídeo de las «orbes» a 480 mph y metraje histórico en 4K, esta vez no hay fotos ni vídeos nuevos. Los medios que han desglosado la entrega coinciden en que se trata de 28 documentos en PDF, la más pequeña hasta ahora. Pero esa sobriedad engaña: leídos con calma, los papeles apuntan a algunos de los capítulos más delicados de la historia reciente del fenómeno ovni en Estados Unidos.
El triángulo que no emitía calor
El documento más reciente, y el que más se ha citado en la prensa internacional, recoge un encuentro ocurrido en 2026 cerca de una instalación segura. El día y el mes aparecen tachados. Según recoge Axios (medio estadounidense de información política y de seguridad), los testigos eran agentes federales, entre ellos dos con «amplia experiencia operativa» y familiaridad con drones, y uno de ellos usaba un monocular térmico para el seguimiento por infrarrojos.

Lo que describen es un objeto triangular, de unos 15 pies de envergadura, que ascendió en vertical hasta unos 300 pies por encima de una cresta montañosa sin inclinarse ni oscilar. El monocular, según el informe, no detectó fuentes de calor asociadas a una propulsión. El Pentágono incluye además una recreación artística del objeto. Axios añade que el objeto se detuvo unos 20 segundos y después se desplazó en horizontal a velocidad de caza, unas 1,5 millas en tres segundos, sin emitir ningún ruido, antes de desaparecer. De ahí salen las cifras de «1.800 mph» que circulan en los titulares, que conviene atribuir al testimonio de los agentes.
Axios añade un dato de contexto: los informes sobre estos aparatos de apariencia dron despiertan un interés creciente, y también preocupación, entre responsables militares y de inteligencia.
Los papeles de Bigelow: Project Capella y la bóveda subterránea
El segundo gran bloque conecta con un hilo que llevamos tiempo siguiendo. Vayamos por partes:
La entrega incluye Project Capella, un informe de diciembre de 2008 elaborado por Documatica Research (empresa contratista) para BAASS, siglas de Bigelow Aerospace Advanced Space Studies, la rama de estudios avanzados de la compañía del empresario aeroespacial Robert Bigelow. El documento describe un marco de «almacén de datos» para capturar, procesar, clasificar y recuperar información sobre fenómenos aéreos «inusuales».
Según la nota que acompaña al archivo en war.gov/ufo, el informe se enmarca en el AAWSAP (Programa de Aplicaciones de Sistemas de Armas Aeroespaciales Avanzados), un programa administrado por la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa, el servicio de inteligencia militar del Pentágono) y activo entre 2008 y 2012. El periodista espacial Leonard David, autor de Moon Rush, recoge que el programa definía doce áreas de investigación técnica sobre posibles amenazas aeroespaciales con un horizonte de más de cuarenta años.

Pero lo que más ha llamado la atención son los informes de progreso de BAASS, cientos de páginas. Entre ellos figura el plano de una bóveda subterránea de unos 5.000 pies cuadrados, con muros, techo y suelo de unos tres pies de grosor, acceso por túnel de hormigón con varias puertas de seguridad y una capa de entre 15 y 20 pies de tierra por encima. Según los documentos, el objetivo era disponer de un espacio de máxima seguridad para recibir hardware recuperado y muestras biológicas procedentes del ámbito empresarial o de particulares y grupos, incluidos algunos de Brasil.
No es la primera vez que los papeles de esta empresa salen a la luz. Ya contamos cómo salieron a la luz 38 documentos ovni de la Agencia de Inteligencia de la Defensa y cómo el Pentágono admitió que había investigado restos de accidentes de ovnis. Y en el sexto lote ya nos hicimos eco del contrato del Pentágono con la empresa de Bigelow para estudiar ovnis. Ahora los documentos proceden del interior del propio programa. Quien quiera repasar el origen de todo esto encontrará en este artículo, donde exploramos las relaciones de Skinwalker Ranch con quienes pusieron en marcha la investigación de BAAS y AAWSAP, de la que acabaría surgiendo el AATIP (Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas).
Claves para entender las siglas
BAASS: Bigelow Aerospace Advanced Space Studies, empresa de Robert Bigelow contratada en el marco del AAWSAP para estudiar fenómenos aeroespaciales anómalos.
AAWSAP: programa de la DIA, activo entre 2008 y 2012, del que formaban parte los trabajos de BAASS.
AATIP: Programa de Identificación de Amenazas Aeroespaciales Avanzadas, el programa que acabaría saliendo a la luz en 2017.
PURSUE: web y proceso de desclasificación abierto el 8 de mayo de 2026 por orden del presidente Donald Trump.
De vuelta a Skinwalker Ranch
Aunque el nombre del rancho fue censurado en el informe, la propiedad cercana a Fort Duchesne encaja con la descripción del Skinwalker Ranch, hoy uno de los enclaves más conocidos del país para avistamientos ovni y fenómenos paranormales, gracias a la serie de televisión de Canal de Historia.
El informe se titula Utah Ranch Investigation, lleva la referencia DOW-UAP-D174 y recoge el testimonio de varios agentes de policía, 15 miembros de la Iglesia mormona (de los Santos de los Últimos Días), 11 nativos americanos, entre ellos un chamán, y el director de la oficina local de Pesca y Vida Silvestre, entre otros. Los investigadores recogieron sus relatos sobre luces y criaturas, y algunos testigos dibujaron lo que vieron, de modo que el expediente incluye bocetos.

Lo que cuentan es un catálogo difícil de resumir: bolas de luz a muy corta distancia, criaturas «parecidas a perros» que corren erguidas sobre dos patas incluso de día, aullidos y gritos antinaturales, «personas pequeñas», aves de aspecto prehistórico y una especie de gusano o larva de unos 2,4 metros de largo y entre 60 y 90 centímetros de diámetro. Varios testigos hablan de un ser de unos 2,13 metros, y otros de criaturas peludas de un metro, brazos largos y una carrera que recuerda a la de chimpancés u orangutanes. El informe recoge además grabaciones de aullidos; un testigo asegura reconocer en una de ellas el mismo sonido que oía de niño en la zona de Fort Duchesne.
El caso más concreto es el de un testigo que afirma haber visto a un skinwalker (el término procede de la tradición navaja, y designa a un brujo capaz de adoptar forma animal) pocos días antes de la llegada de los investigadores. Contó que sus perros persiguieron a la criatura hasta una valla de alambre de espino, y su familia sostuvo que ese mismo día habían visto también una figura oscura y sombría. En la valla se recogieron pelos y, en total, cuatro muestras fueron enviadas a análisis. El resultado de ADN, que también recogemos porque forma parte del expediente, atribuyó tres de ellas a un perro y la cuarta a un mapache. El resumen del informe, fechado en mayo, las daba aún «en proceso de análisis».
El expediente D174
Quién: un equipo de cuatro personas de BAASS.
Cuándo: dos visitas de campo, del 22 al 26 de marzo y del 19 al 23 de abril de 2010. El resumen del informe está fechado a 7 de mayo.
Qué buscaban: pruebas físicas de los avistamientos, nuevos testigos y emplazar cámaras en la propiedad y su entorno.
A quién escucharon: a unos 25 testigos directos, según el informe de BAASS.
Ese resultado no cierra por sí solo lo que ocurre, o lo que se dice que ocurre, en el rancho de Utah, y el propio documento lo trata como un capítulo más de una investigación abierta. Lo que sí hace este informe es algo que durante años ha sido una tesis nuestra y de otros investigadores: dejar por escrito, en un archivo oficial del Pentágono, el vínculo entre un lugar de leyenda y la maquinaria que acabó generando el proceso actual. En efecto, la mayoría de actores del proceso de desclasificación UAP pasaron por el rancho de Utah, experimentaron en carne propia fenómenos extraños e, inluso algunos, se los llevaron a casa. Pensaron que merecía una investigación oficial y como los «hombres lobo» y los «fantasmas» eran difíciles de «colar» en una partida presupuestaria pensaron que las «amenazas emergentes» de los ovnis pasarían el filtro de la hacienda pública... y acertaron .

Platillos de 1949 y fragmentos de «vehículos espaciales»
El lote tampoco se olvida del archivo histórico. Incluye informes de 1949 y 1952 sobre avistamientos en la isla de Santa Catalina, frente a la costa de California, escenario de algunos de los primeros avistamientos de «platillos volantes» del país. Incluye una carta dirigida a Kenneth Arnold de Boise, Idaho escrita por Percy Wackey de Avalon, California quien junto a su esposa y otra persona observaron seis objetos sobre la isla Catalina la noche del 28 de abril de 1949. Y trae además un memorando interagencias de 1963 y registros de los años sesenta sobre cómo debían coordinarse la NASA y el Departamento de Defensa para gestionar y comunicar públicamente la recogida de «fragmentos o presuntos fragmentos de vehículos espaciales de todo tipo».
El asunto de los materiales recuperados es otro de nuestros temas recurrentes: ya lo abordamos en EE. UU. tiene materiales «no creados por los humanos». Los documentos de los sesenta describen cómo se coordinarían ambos organismos ante esos hallazgos.
Según la propia web oficial, las tachaduras protegen la identidad de testigos, la ubicación de instalaciones del Gobierno o datos sensibles sobre bases militares ajenos al fenómeno, y no se ha censurado información sobre la naturaleza o existencia de ningún encuentro. El Departamento de Guerra afirma que ya trabaja en la siguiente entrega, aunque no ha concretado fecha. Mientras tanto, el lote deja tres líneas abiertas para quien quiera seguir tirando del hilo: el triángulo de 2026 y su ausencia de firma térmica, el detalle de la bóveda de BAASS y el informe de Skinwalker de 2010.
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