Misterios
05/05/2025 (08:56 CET) Actualizado: 05/05/2025 (08:56 CET)

STENDEC y el enigma congelado de los Andes

STENDEC: El último mensaje del Star Dust y el enigma congelado en los Andes

Josep Guijarro

Periodista y escritor

05/05/2025 (08:56 CET) Actualizado: 05/05/2025 (08:56 CET)
La tripulación del avión contaba con experiencia en la Royal Air Force
La tripulación del avión contaba con experiencia en la Royal Air Force

El 2 de agosto de 1947, un avión británico modelo Avro Lancastrian, llamado Star Dust, perteneciente a la aerolínea British South American Airways (BSAA), despegó desde Buenos Aires rumbo a Santiago de Chile. Era un vuelo rutinario, con cinco tripulantes y seis pasajeros a bordo, entre ellos diplomáticos, empresarios y un joven inglés que volvía de visitar a su hermano. Pero lo que parecía una travesía tranquila por el Cono Sur terminó convirtiéndose en uno de los mayores enigmas de la historia de la aviación civil.

A las 17:41 horas, mientras se aproximaba a su destino, el operador de radio del Star Dust, Dennis Harmer, envió un mensaje telegráfico cifrado en código morse. El contenido era estándar: notificar la hora estimada de llegada a Santiago. Pero al final del mensaje, Harmer transmitió una palabra extraña, desconocida, que repetiría tres veces con precisión milimétrica:

“STENDEC. STENDEC. STENDEC.”

Acto seguido, el avión desapareció del radar… y del mundo.

La historia del Star Dust sigue siendo un misterio
La historia del Star Dust sigue siendo un misterio

La palabra que nadie pudo explicar

Las autoridades aeronáuticas de Chile y Argentina montaron una operación de búsqueda inmediata. No se encontraron restos. Ni humo. Ni señales de impacto. El Star Dust parecía haberse desvanecido en el aire. Pero lo que más desconcertó a los investigadores no fue la desaparición en sí, sino esa palabra final. “STENDEC”. ¿Qué significaba? ¿Era un código secreto? ¿Una señal de auxilio? ¿Un error del operador?

Durante décadas, expertos en aviación, criptografía y radiofrecuencia debatieron sobre su posible significado. Algunas hipótesis sugieren que pudo tratarse de un error en la transmisión del código morse, tal vez una mala interpretación de “DESCENT” (descenso). Otros, más creativos, afirman que podría ser un acrónimo, como “STar Dust ENroute to Destination – Emergency Crash”. Sin embargo, ninguna teoría pudo ser confirmada, y la insistencia con que fue repetido el término parece indicar que fue transmitido deliberadamente y con claridad.

El misterio tomó dimensiones míticas. Para algunos, “STENDEC” era una palabra en clave militar vinculada a misiones secretas de la posguerra. Para otros, incluso, era un mensaje codificado de origen extraterrestre, una puerta abierta a las teorías ufológicas que cobraban fuerza en esos años de Guerra Fría. La falta de pruebas físicas alimentó la leyenda: el avión fantasma del Aconcagua.

Otra posibilidad es que, debido a la altitud, el operador de radio estuviera sufriendo hipoxia (falta de oxígeno), lo que podría haber afectado su juicio y coordinación. Esto podría haberlo llevado a enviar un mensaje sin sentido o a cometer un error que resultó en una secuencia de letras incomprensible.

Hay, finalmente, quienes piensan que el operador pudo haber usado una palabra intencionadamente “falsa” para transmitir algún tipo de mensaje urgente, tal vez intentando improvisar una palabra como clave para pedir ayuda en una situación desconocida.

Tras más de 50 años, los restos se hallaron en el volcán Tupungato
Tras más de 50 años, los restos se hallaron en el volcán Tupungato

Medio siglo bajo el hielo

El caso quedó sin resolver hasta 1998, cuando un guía de montaña argentino llamado Pedro Reguera ascendió por el costado de un glaciar y le llamó la atención un destello que brillaba entre la nieve. Con la ayuda de dos andinistas aficionados Carlos Moiso y Moiso, descubrieron los restos del avión en un glaciar del Monte Tupungato, a unos 4.000 metros de altitud. El Star Dust no se había desintegrado ni había sido abducido: se había estrellado contra la montaña, probablemente debido a un error de cálculo causado por los vientos de altura y la escasa visibilidad. Pero padre e hijo alimentaron la leyenda de que el avión llevaba oro a bordo.

El glaciar, en su lento fluir, había conservado los restos bajo toneladas de hielo durante más de 50 años. En enero de 2000, con el retroceso del hielo por el cambio climático, comenzaron a emerger fragmentos del fuselaje, objetos personales, e incluso restos humanos. 

El ejército argentino determinó, en ese mismo enero, que los restos que quedaban del avión apenas se habían esparcido, lo que sugería un choque frontal más que uno inclinado. La investigación demostró que los motores estaban funcionando a velocidad cercana a la de crucero en el momento del impacto y que el tren de aterrizaje estaba recogido, lo que sugería un choque involuntario contra tierra. La ciencia dio así una explicación plausible al paradero del avión. Pero no al misterio de su último mensaje.

Uno de los excursionistas junto a los restos de la aeronave
Uno de los excursionistas junto a los restos de la aeronave

¿Y si nunca lo sabremos?

A día de hoy, el enigma de “STENDEC” sigue sin respuesta definitiva. El mensaje fue registrado correctamente por los operadores de tierra y repetido tres veces, lo que descarta en parte un simple error de codificación. Ninguno de los tripulantes sobrevivió para explicarlo, y no se halló evidencia en los restos recuperados que aportara claridad.

No fue el único misterio. En febrero de 2000 se puso en marcha una operación de rescate que logró recuperar nueve de los once cuerpos desaparecidos. Entre los 8 kilos de materiales que la Fuerza Aérea bajó a la base se hallaban los restos de una película. La expedición en sí generó aún más historias y misterios, y fue la comidilla de los medios durante semanas.

La Junta de Investigación de Accidentes de la Aviación Civil de Argentina (JIAAC) concluyó en su informe que en el piloto cometió un grave error de navegación y se desvió de la ruta 64 km lo que motivó el descenso antes de tiempo.  El último mensaje de radio fue: "ETA SANTIAGO 17.45 HRS STENDEC".

Se sugirió que el radio operador entendió mal y el mensaje era STRDEC (Starting descent - Comenzando Aterrizaje), debido a que, en código morse, EN es ". -." y R es ".-."

Los ecos de la transmisión influyeron en la música y la cultura ufológica. Fue muy conocida la revista trimestral editada por el Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona entre 1970 y 1981 con el nombre de Stendek y su impronta en la música electrónica, con una rama liderada por Alessandro Zampieri llamada Stendeck que, en 2002 publicó su primer álbum titulado A crash into another world.  

La historia del Star Dust es un recordatorio de que incluso en plena era tecnológica, hay eventos que escapan a la lógica. Que una sola palabra puede desafiar a la razón durante generaciones. Que, en ocasiones, los secretos no se encuentran en lo que vemos, sino en lo que oímos... o creemos haber oído.

Porque a casi 80 años del incidente, “STENDEC” sigue enviando su eco críptico desde la eternidad del hielo.

Sobre el autor
Josep Guijarro

Josep Guijarro es reportero de prensa, radio y televisión, además de autor de varios libros entre los que cabe destacar El secreto de los aliens (edición ampliada y actualizada en 2024 de Aliens Ancestrales) o Casualidad, que continúa la saga de su bestseller Coincidencias Imposibles. Es documentalista de la serie Extraterrestres (DMAX) y forma parte de los programas El Colegio Invisible y La Rosa de los Vientos, ambos en Onda Cero.

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