¿Un neandertal abatido con pistola?
El cráneo de Broken Hill reabrió la polémica sobre objetos fuera de su tiempo, extraterrestres y la Atlántida. Averigua por qué.
El 17 de junio de 1921, mientras un hombre trabajaba en la mina de plomo Broken Hill, en Kabwe (Zambia), descubrió un cráneo bastante extraño. No era raro hallar fósiles en la mina —ya habían aparecido muchos restos animales previamente—; lo raro es que parecía un cráneo humano, pero con una forma diferente a la habitual.
Inglaterra decidió llevarse la reliquia y presentarla en el Museo de Historia Natural de Londres, donde se conserva desde entonces. El mundo científico lo conoce como el cráneo de Broken Hill y al fósil como “el hombre de Rodesia”. Según la última datación, este personaje vivió hace 300.000 años y fue uno más de los homínidos que poblaron nuestro planeta junto al Homo sapiens, el Homo naledi, el Homo erectus y el Homo luzonensis. Era aquel momento histórico en el que los sapiens estaban a punto de tomar el control de la evolución.
Hasta aquí, nada raro… si no fuese porque, en el lado izquierdo, el cráneo está destrozado por la sien y en el derecho conserva un pequeño orificio redondo que dio pie a una de las teorías más alucinantes del mundo de los ooparts (Objetos Fuera de su Tiempo, por sus siglas en inglés): al hombre de Rodesia lo mataron hace 300.000 años… con una bala.

Al hombre de Rodesia lo mataron hace 300.000 años… con una bala
Ese agujerito en el cráneo permitió que los amantes de lo extraño lanzaran las hipótesis más peculiares. La primera decía que pudo ser una lanza o una jabalina, pero las armas de la época no dejarían una huella así. La siguiente aseguraba que un meteorito le había caído mientras dormía. Peculiar, simpática… pero imposible.
El problema fue que, en 1954, se encontraron los esqueletos de la cueva del Toll, cerca de Barcelona. En el hallazgo aparecieron seis esqueletos completos y dos cráneos. Es el “individuo nº 4” el que presenta un agujero casi idéntico, pero esta vez en la frente, junto al ojo izquierdo. Y en la década de 1960, se descubrió en Yakutsk (URSS) el cráneo de un Auroch, un toro gigante del Pleistoceno, también con un orificio en la frente.

¿Añadimos un misterio más? En 1985, la cueva de Toll se inundó y, en los trabajos de recuperación de la zona arqueológica, se halló algo que no se había visto en las primeras investigaciones. El cráneo nº 1 tenía un pequeño objeto de bronce, estaño y arsénico, casi fundido al hueso.
En una carta del 11 de junio de 1965, escrita por el profesor Flerov, director del Museo de Paleontología de la Academia de Ciencias de la URSS —donde se exhibía el cráneo del toro—, él mismo admitía no tener una explicación concreta al enigmático agujerito, presente también en otros fósiles. Contaba, además, el interés de los estudiantes que visitaban el museo por la posibilidad de que los extraterrestres hubieran visitado la Tierra hace miles de años… para cazar animales con pistolas. Una teoría que el suizo Erich von Däniken apoyaría, aunque resulta curioso imaginar a los marcianos usando revólveres contra los locales.
No eran extraterrestres, dice la teoría más atrevida, sino la civilización atlante. Ellos ya conocían las armas y, conscientes de que los hombres prehistóricos atentaban contra el avance civilizatorio, decidieron cazarlos y exterminarlos. Por eso no habría rastros de su supervivencia y el sapiens, atlante por nacimiento, obtuvo el control mundial.

¿Rompemos el mito? El gran misterio de los numerosos fósiles prehistóricos con orificios en el cráneo tiene una explicación científica bastante sencilla: la otitis. Esa inflamación del oído, al no tratarse y aumentar en gravedad, puede perforar el hueso, dejando el afamado “huequito” que presenta el hombre de Rodesia. ¿Pero la otitis produce orificios en la frente, como ocurre con otros cráneos?
No. Un artículo académico de los paleontólogos catalanes Campillo, Martín, Petit y Vives (2005) reveló que, en el caso del cráneo de Toll, se trata de un absceso por sinusitis. De hecho, también presenta otro agujero en la mandíbula, fruto de un quiste producido por el sarro. Tanto la perforación por otitis como los quistes son hallazgos comunes en fósiles animales. ¿Y el objeto de bronce en Toll? Nada raro: era una aguja fundida al cráneo por el paso del tiempo, realizada por martilleo, que ayudó a determinar que aquellos restos eran… de la Edad del Bronce.
A veces los ooparts son fantasías imposibles que nos llevan por caminos descabellados. Otras veces, en cambio, dan un verdadero giro a lo que conocemos sobre la historia. Al final, no importa: lo verdaderamente relevante es preguntarse… ¿qué hace un agujerito en el cráneo de un neandertal?







Comentarios
Nos interesa tu opinión