Els Omellons: un misterio redondo
En febrero de 2000 aparecieron en un campo de cebada de Els Omellons, en Lleida (España), dos gigantescos círculos. La prensa local los presentó como evidencias del aterrizaje de un OVNI
Els Omellons es una tranquila aldea de Les Garrigues, en la provincia de Lleida. Tiene tan solo 271 habitantes y todos sin excepción recuerdan el misterio de los círculos que hizo célebre a la localidad catalana en febrero de 2000. Dos enormes formaciones aparecieron de la noche a la mañana en un campo de cebada propiedad de Josep Gaya y Dolors Piñol.
A primera vista el fenómeno nada tenía que ver con los crop circles de los campos ingleses que todos conocemos. Las figuras británicas presentan los tallos misteriosamente doblados por la parte inferior, cuando el grano está alto. La cebada de este pueblecito de Les Garrigues apenas tenía una altura de 15 centímetros y, por consiguiente, no estaba doblada en modo alguno sino que su coloración había cambiado del verde natural al amarillo.
Las figuras británicas presentan los tallos misteriosamente doblados por la parte inferior
Ni broma, ni bromista
"Esto es alguien que ha sulfatado el campo para gastar una broma", se jactaba Miquel Catalá, alcalde de Els Omellons, mientras me acompañaba al lugar del suceso. Y, en efecto, a bote pronto, daba toda la impresión de que alguien se había entretenido en rociar el sembrado con pesticida. Pero, ¿quién iba a ser el loco que hiciera algo similar de noche, a tientas, aún a riesgo de contaminarse con el producto químico? Si éste era el caso, nuestro "bromista" precisaba de un amigo o, en el peor de los casos, de un poste clavado en el centro de las circunferencias al que habría atado una cuerda para hacer de compás, y gracias a varias mochilas de herbicida administradas, seguramente, mediante un aspersor de mano habría confeccionado los dibujos. Pero en el centro de los círculos la tierra estaba bien apelmazada; no había huella alguna que delatara que allí se hubiera clavado una estaca, ni tan siquiera de pasos que condujeran hasta el centro de la formación. Y eso que, para cuando llegué al sembrado, después de perderme varias veces por esas pedanías ilerdenses, ya habían llegado algunos curiosos.
Alarma en un pueblo por una broma que simula un aterrizaje OVNI, rezaba el titular de La Mañana
No era para menos. El diario La Mañana divulgó una nota que pronto saltó a los teletipos y, a través de ellos, a la prensa nacional. "Alarma en un pueblo por una broma que simula un aterrizaje OVNI", rezaba su titular. Pero ni el presunto bromista había aparecido, ni tampoco vecino alguno había declarado ver un "platillo volante" por las cercanías. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué ese curioso empeño en lanzar la liebre y matarla antes de que echara a andar? Pronto lo sabría.
Cortina de silencio
La información del periódico procedía de Alba Elías, una joven redactora que conoció la noticia a través de un amigo de la policía autonómica. Éste le había confesado que un coche patrulla se acercó hasta el sembrado y recogió algunas muestras para ser analizadas en el laboratorio científico de Barcelona. Pero en la comisaría de los Mossos d'Esquadra no había denuncia alguna de los propietarios del terreno, quienes ante la imposibilidad de cobrar indemnización por los daños en su cosecha, prefirieron colgarle el sambenito a un "bromista". Lo que en definitiva le interesaba a Dolors Piñol era zanjar rápido el tema y evitar que los curiosos terminaran echando a perder el resto del cultivo. Pero se equivocó. Al divulgarse en la prensa la noticia de los círculos, cientos de personas terminaron visitando la localidad para ver las huellas dejadas allí por los "extraterrestres".
En la cebada aparecieron dos gigantescos círculos de 25 y 36 metros de diámetro en cuyo interior había otros dos más pequeños
Y, lo confieso: desde lejos imponían. Dos gigantescos círculos de 25 y 36 metros de diámetro en cuyo interior había otros dos de 2,6 y 4,6 metros respectivamente. No eran los típicos "nidos" que con frecuencia dejan los OVNIs tras un aterrizaje. Pasé toda la mañana dando vueltas por los alrededores, entrevistándome con agricultores y vecinos, por si alguno de ellos había visto algo extraño, una luz, aunque fuera de una linterna. Nada. Ni OVNIs, ni bromistas. El campo se halla ubicado muy cerca de la vía del tren y a pocos metros de un paso elevado que proporciona una perspectiva impresionante del fenómeno. No obstante, a pesar de que el trasiego de tractores era continuo, nadie había visto nada. Tampoco parecía que aquella "obra" tuviera qué ver con el trazado del AVE, como se insinuó- puesto que a nadie se le ocurrió preservar los círculos. Al contrario, veinte días después de su aparición, el propietario de la finca, harto de tanto curioso, decidió labrar el campo.
Más desconcertante es, si cabe, la versión del portavoz de los Mossos d'Esquadra, Joaquim Llinas, quien me confesaba que "nunca dimos credibilidad a esta historia" porque se trataba de la acción de un herbicida. Llinas desmintió que la policía autonómica hubiera encargado análisis alguno porque, sencillamente, no tomó muestras. La declaración oficial se contradecía de pleno con las recogidas personalmente por mí en la comisaría que la policía autonómica posee en la cercana localidad de Les Borges Blanques. Un cabo del que, por razones obvias, omitimos su identidad, confesó que, en efecto recogieron muestras para ser analizadas en Barcelona. ¿Cuál de los dos decía la verdad?
Es evidente que los Mossos querían escabullir el bulto tras ver la repercusión mediática que el caso estaba tomando, así que decidí abandonar la vía oficial y verificar por mí mismo si los misteriosos círculos eran obra o no de un bromista. Es decir, comprobar la presencia de agentes herbicidas o pesticidas en la plantación.
Investigando el campo
Cuando regresé al sembrado me encontré con Ramón Navia, presidente del IIEE, "Instituto de Investigaciones y Estudios Exobiológicos",. Se hallaba acompañado de otros dos integrantes del centro, Joan Soler y Josep Peña, fotografiando los círculos y tomando muestras del terreno. Navia estaba equipado, además, con un pequeño contador Geiger Müller cuya lectura evidenciaba niveles muy bajos en la plantación; 16, cuando la dispersión de partículas en la radiografía de un dentista, por ejemplo, ofrece valores próximos a 165.
Se remitieron muestras para el análisis a dos laboratorios de Barcelona con resultados desconcertantes
En efecto, según el informe técnico, la comparación de las muestras con una amplia gama de pesticidas organoclorados y organofosforados no dejaba lugar a dudas. La cebada no tenía restos significativos de sulfatos, herbicidas ni pesticidas. Sólo detectó la presencia de un compuesto químico, el gama HCH en una proporción de 216 microgramos por kilo, una medida inferior a la muestra testigo que registraba un valor de 362 microgramos por kilo. En otras palabras, había más herbicida en el verde que en el amarillo de la plantación. Lo que equivale a decir que no era un agente químico el causante de aquella misteriosa coloración.








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