4. Cementerio Azael Franco Tulcán, Ecuador
El cementerio de Tulcán, que así se lo llamó al principio, fue fundado en 1932, para reemplazar el antiguo panteón que había en la loma de Santiago, dañado por el terremoto que lo había asolado en 1923.
El principal atractivo de este camposanto no son las tumbas, sino los cipreses talados al más puro estilo de Eduardo Manostijeras. La obra de los jardines fue iniciada por José María Azael Franco, que ostentaba el cargo de jefe de Parques del municipio de Tulcán. La tierra caliza de la que está compuesto su suelo favoreció el implante de cipreses, y a partir del décimo año de su plantación ya estaban listos para su primera poda. A partir de ese instante, Azael Franco fue conformando figuras de acuerdo a su imaginación. Extrajo de su ramaje gatos gigantescos, caras de presumibles reyes incas o mayas y cientos de figuras geométricas de maravillosa factura. Tanta fue su dedicación que en el año 2007 el camposanto se rebautizó con la justa denominación de Cementerio Azael Franco.







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