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17/03/2026 (08:40 CET) Actualizado: 17/03/2026 (08:40 CET)

Botines, Balones y Brujería: Las supersticiones en el fútbol

De los 26 kilos de sal de Anconetani a la fobia al verde de Bilardo: un recorrido por las cábalas que han definido la historia del balón.

Mario Yaír TS
17/03/2026 (08:40 CET) Actualizado: 17/03/2026 (08:40 CET)
La superstición está a la orden del día en el fútbol
La superstición está a la orden del día en el fútbol

La superstición dice que echar una pizca de sal en el campo de fútbol atraería la suerte al equipo que lo hiciera antes del juego, pero el presidente del Pisa Sporting Club, Romeo Anconetani iba más allá. Periodistas y aficionados lo veían con extrañeza cuando en 1978 salía con una cajita al Estadio Arena Garibaldi a regar hasta 26 kilos de sal antes de los partidos. Nadie lo volvió a cuestionar pues desde esa fecha hasta su salida en 1994, fue la época dorada del club.

Las supersticiones en el deporte son pan de cada día. Uno ya no puede confiarse del talento, el trabajo en equipo, los entrenadores o la suerte; así que no es raro que los futbolistas también se entreguen a poderes sobrenaturales.

Laurent Blanc por ejemplo, besaba la calva de su portero Fabian Barthez antes de cada partido; por eso cuando el equipo ganó el Mundial de Francia 1998 en casa, el beso de Blanc competía en fama con los goles de Zidane. Clarence Seedorf, el surinamés del Real Madrid, lanzaba un balonazo a la portería desde los vestuarios después de cada entrenamiento y si entraba en la portería, creía que los astros jugarían a su favor. Y el ruso Lev Yashin, el mejor portero del mundo por ser único Balón de Oro allá en 1963, decía que antes de jugar siempre debía fumar un cigarrillo y tomar un vaso de vodka.

Pero a veces las supersticiones se complican. Al portugués Cristiano Ronaldo le han descubierto más de una. Sentarse en la última fila del autobús, ser el último en salir del túnel, tocar el campo siempre con el pie derecho, saltar en el terreno de juego antes del partido, cambiar su peinado en el medio tiempo y nunca tocar un solo trofeo o copa de oro sino hasta haberla ganado.

Cristiano Ronaldo con la selección portuguesa frente a Hungría, foto Szirtesi iStockPhoto
Cristiano Ronaldo con la selección portuguesa frente a Hungría, foto Szirtesi iStockPhoto

Esa es la maldición de la Copa. Quien la toque antes de ganarla, inevitablemente la perderá. Eso le ocurrió al Athletic porque Iker Muniain la rozó, a la Selección Francesa por culpa de Zidane, al Mónaco por Giuly y al Atlético de Milán cuando la tocó Gatusso.

Las supersticiones nos consumen. Carlos Salvador Bilardo, el entrenador argentino, creía que habría victoria dulce si se colocaba un caramelo en medio de la cancha. En el Mundial de México 86, el futbolista Ricardo Giusti fue comisionado en la misión del caramelo y ese año Maradona y su equipo se llevaron la copa. Para ese entonces, Bilardo tenía terminantemente prohibido que su equipo portara algo de color verde o el número 17. De 14 a 16 horas debía dormir una siesta obligatoria, a las 17 llamar a su esposa Gloria y siempre usar pantalón negro.

Los devotos a Maradona también son muy supersticiosos
Los devotos a Maradona también son muy supersticiosos

Cuando Maradona llegó a ser entrenador del equipo en 2008, su primera regla fue la prohibir el color verde y el número 17

Cuando la FIFA firmó con Adidas un acuerdo en los 90 para colocar tres tiras blancas en los pantalones deportivos, Bilardo atribuyó su derrota ante Camerún a esas endemoniadas tiras que desde entonces tapaban con cinta, los argentinos cada que salían a jugar.

Cuando Bilardo llegaba al final de su carrera en 2004, el mediocampista Leonardo Pekarnik llegó un día al partido con una camisa con el número 17. Toda la prensa estaba enfocada en Bilardo que hacía corajes y se llevaba las manos a la cabeza por tan brutal error. Y las supersticiones se heredan. Apenas llegó Maradona a ser entrenador del equipo en 2008, su primera regla fue la prohibición del verde y el 17.

Historias panboleras mágicas hay muchas: El día que Australia contrató un hechicero de Mozambique para llegar a México 70, pero como nadie le pagó, perdió. Los gitanos que lanzaron una maldición al ser expulsados de sus tierras para construir el estadio Birmingham en 1906 y al cual tuvieron que exorcizar con orina y crucifijos. Y la gorra embrujada del portero de Ghana, Robert Mensah que como le hacía parar todos los goles, la estrategia de los equipos rivales durante la Copa África de 1968 era quitársela a toda costa.

Se acerca el mundial y para quienes ganar lo es todo, una ayudadita extra de los astros, nunca está de más.

Sobre el autor
Mario Yaír TS

Titulado en Comunicación Audiovisual por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Ha colaborado con Time Out México, Warp y Atlas Obscura. Es autor de la Guía Ciudad de México Insólita y Secreta de Editorial Jonglez. Es impulsor del proyecto digital Mapa del Muralismo Mexicano. Actualmente se dedica a la divulgación de la cultura y la recuperación de la memoria histórica por medio de la escritura y la fotografía. Lleva a cabo un proyecto de visitas guiadas por la Ciudad de México conocido como Tours Papiro. En su tiempo libre se dedica al arte y a la creación de obras relacionadas a los temas histórico sobrenatural.

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