Sin categoría
31/05/2018 (13:31 CET) Actualizado: 31/05/2018 (13:40 CET)

La maldición del oro de Utah

31/05/2018 (13:31 CET) Actualizado: 31/05/2018 (13:40 CET)
La maldición del oro de Utah
La maldición del oro de Utah

En la actualidad, el geólogo forense norteamericano Scott Wolter, al frente del programa de historia alternativa America Unearthed, cree que el tesoro perdido de Moctezuma II se encuentra oculto en unas cuevas al sudoeste de Utah. 

Precisamente, en dicho Estado ubicó el tesoro en 1914 el minero norteamericano Freddy Crystal, quien decía haber experimentado un trance tras un golpe en la cabeza donde visualizó a un grupo de guerreros aztecas que guiaban a varios esclavos hacia el norte, un lugar que identificó con Utah.

Se convenció completamente de que había experimentado una revelación tiempo después, tras visionar una fotografía de unos glifos tomados por el turista y representante mormón Levi E. Young en la ciudad de Kanab, que se identificaban totalmente –afirmaba– con su visión. El minero estudió la cultura mexica y descubrió que, según su mitología, provenían de Aztlán, un lugar mítico que supuestamente se encontraría al norte de Tenochtitlán, en la actual Ciudad de México. ¿Utah? Así, Crystal emprendió una incansable búsqueda junto a Oscar Robinson, un propietario de un rancho cercano al lugar donde el primero creía que se hallaba el botín: una gruta plagada de trampas que casi les cuesta la vida. Tras dos años excavando, tan sólo encontraron un casco español y un mocasín. Casi 70 años después un aventurero de nombre Raymond Dillman, que afirmaba ser descendiente de indios norteamericanos y aztecas, viajó también hasta el pueblo de Kanab, donde creía que se hallaba el esquivo tesoro tras haber interpretado de forma sui generis las llamadas Piedras Peralta, unas losas grabadas con inscripciones descubiertas en la década de los 50 en una autopista de Arizona.

Tras excavar con la ayuda de la familia Judd, propietaria del terreno y descendiente de Robinson, sacaron a la luz restos humanos y una vasija con 213 turquesas, pero el Carbono 14 reveló que los cuerpos eran de unos 3.500 años antes de la caída de Moctezuma II. Sin embargo, también descubrieron una piedra muy similar a la utilizada en los sacrificios aztecas… Raro era, desde luego. El misterio seguía vivo.

Tiempo después Brandt Child, residente de Kanab, creyó que un lago cercano a la localidad correspondía con el legendario Aztlán y fue en busca del esquivo tesoro de Moctezuma.

A partir de entonces comenzaron los fenómenos anómalos: Child contrató a un grupo de buzos que exploraron el fondo del lago. De oro nada, pero afirmaron haber sido testigos de presencias fantasmagóricas bajo el agua. Más tarde realizaron la prospección de una cueva subacuática cercana, y uno de los miembros de la expedición dijo haber visto "a lo lejos a un hombre vestido de indio y armado con una lanza". Aún así, siguieron excavando con un taladro y al extraerlo, pudieron ver "copos de oro" en la punta. Convencidos de la cercanía del botín, introdujeron una cámara y grabaron el interior de la cueva: la pantalla les mostró una estatua y varios bustos apilados. O al menos eso dijeron.

El entusiasmo hizo mella entre los hombres de Child, pero esa misma noche uno de los operarios falleció de un ataque al corazón y renació la leyenda de la maldición. Pocos días después, y sin haber logrado su objetivo, el cazatesoros recibió la visita de un enigmático indio que le advirtió de que dejara su búsqueda. La historia, que resuena apócrifa en demasía, cuenta que éste le dijo que el oro únicamente podía servir para unir a las tribus indígenas, y que si no cejaba en su empeño ocurriría algo malo. Child dejó escrito tras abandonar el proyecto: "No podemos perturbarlo, es el destino, está escondido y protegido por los guerreros que lo dejaron ahí".
El propio Child fallecía en 2002 en un extraño accidente, cuando chocó con un caballo, dando impulso a la leyenda de que aquel tesoro, el "oro de los dioses" de Axayácatl, estaba maldito. Era, sin duda, un excéntrico, pues llegó a afirmar que los fantasmas aztecas que poblaban su humedal podían rondar los ¡8.000! Pero, ¿y si tenía razón? Nunca se sabe.

Lo más leído

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Nos interesa tu opinión

Revista

AC 415

Nº 415, marzo de 2026

Geopolítica del mal, cárceles secretas, enclaves malditos y lugares prohibidos. Último número ya en el quiosco.