Vida alternativa
16/08/2022 (13:02 CET) Actualizado: 25/08/2022 (10:53 CET)

Espiritualidad y salud

¿Es posible que la espiritualidad influya de forma objetiva y positiva en nuestra salud, más allá de sus efectos balsámicos a la hora de afrontar el sufrimiento? La ciencia investiga sobre ello y las evidencias apuntan a que nos mantenemos más sanos siendo espirituales

16/08/2022 (13:02 CET) Actualizado: 25/08/2022 (10:53 CET)
Espiritualidad y salud
Espiritualidad y salud

Aunque no sea un tema sobre el que abiertamente debatamos, la realidad es que tarde o temprano, ante la irrupción de una grave enfermedad en la que el dolor y la incapacidad toman las riendas, el cuestionamiento de nuestras creencias más profundas de corte espiritual o religioso entra en escena. Es habitual y humano reflexionar sobre el sentido de nuestra existencia, acerca de cómo ha sido nuestra vida, dudar sobre la propia existencia de Dios o los motivos por los que, creyendo en su realidad, ese Dios descrito como todo bondad y amor permite el sufrimiento. Este tipo de reflexiones, envueltas en dolor físico y frustración, habitualmente generan un sufrimiento emocional y un conflicto interno que tanto pueden conducir a perder la fe como a ser gestionadas desde la religión y la espiritualidad. La promesa de una vida ultraterrena mejor, el sufrimiento como camino de expiación y mejora o el popular concepto del karma que atribuye el desarrollo de ciertas enfermedades a una suerte de deudas y aprendizajes pendientes de vidas pasadas, son ejemplos de esa confluencia entre salud y espiritualidad-religión.

La presencia de capillas en los centros hospitalarios y la tendencia casi instintiva a rezar o implorar a una fuerza mayor ante el sufrimiento, son expresiones muy claras de esa confluencia entre enfermedad y trascendencia. Es interesante y necesario puntualizar que el uso indistinto de ambos conceptos tal vez no sea correcto, ya que como explican los especialistas del Instituto Nacional del Cáncer de EE UU en su abordaje de este asunto, aunque a menudo se usan sin distinción, «para muchas personas tienen diferentes significados. La religión se puede definir como un conjunto específico de creencias y prácticas compartidas, habitualmente dentro de un grupo organizado. La espiritualidad se puede definir como el sentido que le da un individuo a la paz interior, el propósito en la vida y la relación con los demás, y las creencias acerca del significado de la vida. La espiritualidad se puede encontrar y expresar mediante una religión organizada o de otras maneras. Los pacientes se pueden considerar a sí mismos como personas espirituales, religiosas o ambas».

¿Hasta que punto una persona religiosa o espiritual puede experimentar una mejor salud que otra que no lo es?

DEL ABANDONO AL OPTIMISMO

Padecer en carne propia o en la de un ser querido una enfermedad grave, que sea incapacitante, dolorosa, incurable o estigmatizante, puede conducir a una comprensiva pérdida de la fe o a una valoración negativa de la misma en personas creyentes. Pueden sentir que Dios no existe, que los ha abandonado o, peor aún, que los castiga; valoraciones que generan estados de ánimo contraproducentes para los pacientes al menos por dos motivos: la tendencia a abandonar los tratamientos que podrían mejorar su salud y/o bienestar y la propia toxicidad de la bioquímica que tales emociones, por otro lado naturales, generan.

El abordaje profesional, en el que es aconsejable que participe un consejero espiritual, puede reconducir las actitudes y ayudar a gestionar adecuadamente las emociones –que no a reprimirlas–, lo que puede traducirse en participar de los tratamientos y en disminuir el estrés, la rabia, la tristeza, la ansiedad y los estados depresivos. Incluso en los casos más graves e irreversibles, la espiritualidad y la religión pueden contribuir a la aceptación, a generar estados de sosiego que permitan vivir los desenlaces de manera menos traumática y a resolver asuntos pendientes.

Las prácticas espirituales o religiosas crean una actitud mental positiva que puede ayudar a que un paciente se sienta mejor 

Sin embargo, ¿hasta que punto una persona religiosa o espiritual puede experimentar una mejor salud que otra que no lo es? Desde el citado Instituto Nacional del Cáncer de EE UU se explica que, aunque no están del todo claro los mecanismos, «algunos estudios indican que las creencias y las prácticas espirituales o religiosas crean una actitud mental positiva que puede ayudar a que un paciente se sienta mejor y que mejore el bienestar de los familiares que lo atienden».

El bienestar y la salud mejorarían en la medida en que la espiritualidad disminuiría la ansiedad, el malestar, el enfado y la depresión. También suavizaría la sensación de abandono y soledad, y los pensamientos suicidas, reduciendo el abuso de drogas y alcohol. A ello se sumaría la reducción de la presión arterial y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, aumentando sentimientos positivos como «la esperanza y optimismo, ausencia de remordimientos, satisfacción con la vida y sensación de paz interior».

MENOS ENFERMEDADES

Las vidas espirituales y religiosas están asociadas a hábitos de vida más saludables, relaciones sociales enriquecedoras y vidas con un propósito, lo que aporta un mayor bienestar psicológico, un menor riesgo de padecer diversidad de enfermedades y mayor longevidad. Este hecho fue observado en 2012 por el psiquiatra Harold G. Koenig, quien desde la Universidad de Duke se ha convertido con sus estudios en una de las voces más autorizadas sobre este asunto. En dicha universidad dirige desde 1995 el Centro para la Espiritualidad, la Teología y la Salud, en cuya página web es posible encontrar manuales de trabajo adaptados a cristianos, musulmanes, judíos, budistas e hinduistas. Tras una revisión de 3.300 estudios científicos sobre salud y espiritualidad/religión, concluía que la incidencia y gravedad de la enfermedad coronaria, hipertensión, accidentes cerebrovasculares, cáncer, demencias y otras patologías era menor en los sujetos que se describían como religiosos y/o espirituales, efecto que un año después, en 2013, también encontraría reflejado en el ámbito de la salud mental.

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Nº 386, Septiembre de 2022

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