Detectan señales térmicas del Planeta 9… y no trae buenas noticias
¿Han encontrado al fin el Planeta 9? Una sombra térmica en los confines del sistema solar reaviva las teorías más inquietantes
Durante años ha sido un fantasma gravitacional, un susurro matemático en el borde del sistema solar. Le han llamado Planeta 9, Planeta X o incluso Némesis, y su existencia ha dividido a la comunidad científica tanto como ha alimentado las fantasías apocalípticas. Pero ahora, un grupo de astrofísicos del Instituto de Astronomía y Astrofísica de la Academia Sinica (ASIAA) en Taiwán asegura haber encontrado indicios reales de su presencia… y lo han hecho de una manera insólita: buscando su calor.
En vez de rastrear el tenue brillo que un objeto tan distante apenas emite, los investigadores han peinado el cielo con datos del satélite infrarrojo WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer), una misión de la NASA que captura las firmas térmicas de cuerpos fríos y lejanos. Así han detectado una señal anómala en una región que coincide con las predicciones orbitales del Planeta 9. No es una prueba definitiva, pero sí la pista más sólida hasta la fecha.

El estudio, publicado en arXiv bajo el título A new candidate for Planet Nine from WISE and IAC Stripe 82 Legacy Project data, describe un objeto de entre 1.5 y 3 masas terrestres, situado a unas 500-600 unidades astronómicas del Sol. Según sus autores, la señal térmica coincide con la de un planeta frío, aislado y gigantesco que apenas refleja luz solar, pero cuya temperatura interna aún delata su existencia. Es, en términos sencillos, un fósil planetario al rojo tenue.
El Planeta X podría estar relacionado con los ciclos de extinciones masivas en la Tierra
Pero más allá del hallazgo en sí, lo verdaderamente inquietante son las implicaciones que este objeto podría tener. Ya en 2016 apuntábamos las sospechas de que el Planeta X podría estar relacionado con los ciclos de extinciones masivas en la Tierra. Y no es una hipótesis menor.
Según varios estudios paleontológicos, nuestro planeta ha experimentado extinciones a gran escala con una periodicidad cercana a los 27 millones de años. Algunos científicos —como el fallecido Richard Muller de la Universidad de California— llegaron a plantear que un objeto masivo, en una órbita extremadamente elíptica de unos 15.000 años, podría perturbar periódicamente la nube de Oort y desatar lluvias de cometas contra la Tierra. Una teoría conocida como la "hipótesis de Némesis", que durante años fue descartada... pero que nunca murió del todo.
La idea encajaría con tradiciones que entroncan con la prehistoria. En Göbekly Tepe y otros yacimientos, como Sayburç, también en Turquía, parecen hablarnos de un cataclismo relacionado con cometas.

El nuevo candidato planetario no parece encajar con una órbita de ese tipo, pero ¿y si hay más de uno? ¿Y si el mismo cinturón de Kuiper, como ya señalamos en artículos anteriores, está distorsionado por la influencia de varios cuerpos invisibles? Cada vez más investigadores creen que el sistema solar exterior podría esconder un pequeño cementerio de planetas huérfanos, expulsados de órbitas más cercanas en los albores del sistema solar.
Lo cierto es que la anomalía térmica detectada por el equipo taiwanés aún necesita confirmación independiente. Podría ser un error, una galaxia lejana o simplemente ruido en los datos. Pero si se confirma, marcará un antes y un después. No sólo habríamos hallado un nuevo planeta en el sistema solar: estaríamos contemplando un viejo monstruo orbitando en silencio, testigo de eras geológicas y quizás, protagonista invisible de más de una catástrofe.
Porque tal vez el peligro no venga de las estrellas… sino de algo que siempre estuvo aquí, a la espera, en los márgenes del Sol.








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