El enigma del hombre de hierro
Antiquísimos manuscritos de valor incalculable, estudios antropométricos de los habitantes de la región, más de 300 pieles de animales autóctonos El botín de Ernst Schäfer y su expedición al Tíbet fue tan variopinto como imprecisos eran sus objetivos. Quizá por ello, en la maleta de aquella misión impulsada por la SS-Anhenerbe se coló un artefacto inclasificable, aunque ciertamente único. Nos referimos a una extraña estatuilla labrada sobre un meteorito, una figura que sigue causando admiración a quien la observa.
La que nos ocupa es una estatuilla de unos 24 centímetros de altura y aproximadamente 10,6 kilogramos de peso, que representa a una supuesta deidad en posición sedente y con un aura alrededor de su cabeza. El «Hombre de hierro» nombre por el cual se la conoce se cubre con un gorro tibetano, lleva barba lo que no se corresponde con las costumbres del País de las Nieves y un aro o pendiente en la oreja derecha. Viste túnica, capa y una armadura en la que, aproximadamente a la altura del estómago, destaca una esvástica budista levógira. Va calzado hasta los tobillos y con su mano derecha adopta la postura del Varadamudra, gesto asociado a la concesión de un deseo. Finalmente, en su mano izquierda sostiene una piedra de la que parecen salir llamas.
La estatua fue adquirida entre abril de 1938 y mayo de 1939 por la Ahnenerbe o Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana, una de cuyas misiones científicas había viajado al Tíbet.
Los expedicionarios estaban dirigidos por el SS Ernst Schäfer, famoso zoólogo y etnólogo de 25 años. Schäfer ya había estado en la región dos veces, en 1931 y 1934. Fueron expediciones auspiciadas por el norteamericano Brooke Dolan II, un aventurero que más tarde perteneció a la OSS (Office of Strategic Services), antecesora de la CIA. El viaje de 1938 era, por tanto, su tercera expedición, si bien la primera financiada por Heinrich Himmler, a fin de descubrir, entre otros objetivos, los orígenes de la raza aria
INVESTIGACIÓN Y RESULTADOS
Transportada a Alemania, posiblemente a Munich, la escultura acabó formando parte de una colección privada, y no se volvió a saber de ella hasta 2007, año en que fue subastada tras el fallecimiento de su propietario y pasó a manos de un comprador cuya identidad se ha mantenido secreta.
El nuevo propietario se la mostró a Elmar Buchner, científico del Instituto de Estudio de los Planetas de la Universidad de Stuttgart, quien aseguró a la BBC que el material era meteórico, entre otras cosas por las impresiones generadas al fundirse la superficie. En un análisis posterior, se confirmó su riqueza en níquel y cobalto. Era una ataxita, meteorito que no suele encontrarse en la Tierra. El profesor Buchner aseguró que «menos del 0,1% de todos los meteoritos y menos del 1% de los meteoritos de hierro son ataxitas, por lo que es el tipo más raro de meteoritos que puedes encontrar ( ) Estábamos bastante asombrados por los resultados, aunque lo que más me sorprendió fue que pudiéramos determinar que la estatua proviene del 'Chinga' ( ) su precio es absolutamente inestimable y se trata de un objeto único en todo el mundo» (Continúa en AÑO/CERO 291).







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