El mundo subterráneo de los faraones
A comienzos del siglo XIX se llevaron a cabo exploraciones en el interior de las cavidades naturales de la meseta de Giza, que podrían corresponder con lo que los antiguos egipcios habían identificado con el mundo de ultratumba: la Duat.
El 3 de marzo de 2008 entré en una tumba, en la Llanura de Giza, que ya había explorado un año antes, sin encontrar nada relevante, excepto extrañas grietas en las paredes, parecidas a buzones, donde podrían haber sido depositadas momias de pájaros embalsamados. Hace poco volví a esta zona, un poco al oeste del campo de las pirámides.
El egiptólogo británico Nigel Skinner-Simpson analizó las últimas memorias de Henry Salt (1780-1827), cónsul general inglés en Egipto, descubiertas en los subterráneos del British Museum en 2005 y publicadas dos años después por la British Museum Press. Salt era un ávido explorador y coleccionista de antigüedades. Lo que excitó sobre todo a Nigel fue el breve pero fascinante relato de Salt y de su empleado, el explorador italiano Giovanni Battista Caviglia, que descubrieron una vasta red de catacumbas, comparable, según el egiptólogo, a las de Alejandría.
Juntos entraron en la oscuridad del pozo y prosiguieron a lo largo de varios cientos de metros, a gatas cuando era necesario, antes de llegar finalmente ante tres amplias cámaras del mismo tamaño interconectadas, desde donde otros túneles se adentraban en la oscuridad. Al no encontrar nada de valor, Salt renunció a la empresa, dejando a su colega italiano que continuara solo.
Caviglia se internó en uno de los nuevos túneles, recorriendo solo unos cientos de metros, antes de perder él también el interés y regresar. Lo que sorprendió a Nigel fue el hecho de que nunca nadie en la comunidad egiptóloga hubiese considerado importante este relato fechado en 1817, que describe un complejo extraordinario de cavidades bajo las propias pirámides.
Parece que, aparte de Salt y Caviglia, otros dos exploradores británicos, el coronel Howard Vyse y el ingeniero John Shae Perring, se adentraron en la tumba de las cavidades, durante sus exploraciones rutinarias en 1837.

Vyse cuenta cómo pasaron allí un día entero, mencionando sólo el hallazgo de un gran pájaro momificado. No se sabe más de sus descubrimientos, si bien, un boceto suyo posterior muestra el exterior de la tumba con líneas señalando sus cámaras internas, con el subtítulo Tumbas y Pozos de Momias de Pájaros. No cabe duda de que lo que Salt y Caviglia encontraron en 1817, si bien todavía subestimado, es de inmensa importancia para la egiptología, ya que hay rumores sobre la existencia de un vasto mundo subterráneo de los faraones, tan antiguo como las propias pirámides.
Los "Mitos de la Creación" del antiguo Egipto, una especie de literatura funeraria, hablan repetidamente de un reino de oscuridad que existe bajo tierra, vigilado por demonios y serpientes, que se conoce como Duat, y que el difunto, en su papel de divinidad solar, debía recorrer navegando, para poder acceder al más allá, entre las estrellas.
Sólo aprendiendo y usando una serie de encantamientos presentes en estos textos, el difunto podría esperar superar con éxito una serie de pruebas y tribulaciones –como pozos de fuego con serpientes que escupen veneno–, antes de salir a la Duat, por su puerta oriental en el horizonte del alba.
Los egiptólogos han considerado siempre la Duat como un concepto puramente mitológico
A partir de aquí el Ba del faraón, o doble espiritual, sería libre de viajar al firmamento. Los subterráneos del alma Los egiptólogos han considerado siempre la Duat como un concepto puramente mitológico, cuyo significado sería combatir el miedo a la muerte. Hay muestras claras de la existencia física de este reino subterráneo junto a las Pirámides de Giza.
Ésta fue la conclusión del egiptólogo egipcio Selim Hassan (1893-1861), director durante diez años de las excavaciones en la Llanura realizadas por la Universidad de El Cairo. Él llamó la atención sobre el hecho de que la Cuarta y la Quinta Horas de la Noche de la Duat estaban descritas de manera diferente a las otras y llevaban el nombre de "Rostau", el antiguo nombre de Giza. Hassan concluyó entonces que las descripciones de estas horas particulares, tal como aparecen en un texto de hace 3.500 años, conocido como el Am-duat –el Libro de lo que hay en el Mundo de Ultratumba–, una vez formaron parte de una tradición completamente separada que, de algún modo, estaba ligada directamente a la topología de Giza. En otras palabras, el reino escondido de la oscuridad, en la Quinta Hora, estaba gobernado por el dios de cabeza de halcón Sokar, al que se muestra en el Am-duat de pie sobre una gran serpiente de doble cabeza.

Sokar era el dios protector de los cementerios y de los campos de pirámides conectadas en la antigua ciudad de Menfis y, en particular, de aquellos de Rostau, la antigua Giza.
En la zona que una vez se llamó Rostau Superior –Giza Sur–, se han descubierto pruebas textuales de la antigua presencia de un importante santuario dedicado a Sokar, junto a la llamada Shetayet, literalmente "la Tumba de Dios". En los textos antiguos se dice que el habitante de este sepulcro subterráneo no era otro que el dios Osiris, señor de los infiernos, que yace en una cámara secreta en alguna parte al Norte de Menfis.
Otros textos que se conservan sobre las paredes del templo de Edfu, se refieren a este mismo reino subterráneo como la Duat n Ba, o mundo subterráneo del Alma. Aquí, se reunieron seres míticos de una era conocida como Zep Tepi, el Tiempo Primitivo, para celebrar el acto de la Primera Creación en el mundo externo, en el tiempo de las grandes catástrofes, causadas por una serpiente enemiga llamada el Gran Saltador.

Durante el proceso de limpieza del camino de la procesión entre la pirámide de Kefren y el Templo del Valle cerca de la Esfinge, el arqueólogo egipcio Selim Hasan descubrió un pozo bajo el propio camino. Se conoce como el pozo de Osiris y tiene varios niveles. Inicialmente, el nivel más bajo estaba lleno de agua, lo que sirvió de obstáculo para las investigaciones posteriores.
La Boca de los Pasadizos
El nombre Rostau se traduce como la “Boca de los Pasadizos”, una alusión obvia a la entrada a una especie de mundo subterráneo, más obviamente el Shetayet, o el Reino de Ultratumba del Alma. Incluso después de la caída de Egipto, con la muerte de Cleopatra en el siglo I a.C., las historias relativas al mundo subterráneo de Giza sobrevivieron. Por ejemplo, el historiador grecorromano del siglo IV, Ammianus Marcellinus (activo del 360 al 390), que viajó ampliamente a Egipto y escribió sobre las pirámides, habló de “grietas subterráneas y pasadizos ventosos llamados siringas” que están bajo la meseta, añadiendo que “aquellos que conocían los antiguos ritos, cuando supieron que iba a llegar un diluvio y tuvieron miedo de que la memoria de las ceremonias pudiera ser destruida, excavaron la tierra en muchos puntos con gran esfuerzo”. Después de la derrota de Egipto a manos del ejército de Mohammed en el siglo VII, los viajeros árabes escribieron historias similares, basándose en conversaciones con sacerdotes y monjes cristiano coptos, herederos de una antigua sabiduría olvidada sobre el Antiguo Egipto. Estas historias hablaban de pasadizos subterráneos creados bajo la Gran Pirámide por un rey legendario, llamado Saurid, en previsión de un cataclismo que preveía fuego del paraíso y después un diluvio. En estos túneles se hallaban custodiadas las artes y las ciencias de la época de Saurid, de forma que pudieran preservarse para las generaciones futuras.

La sala de la Iniciación
Los primeros exploradores europeos llegaron a Egipto con la intención de descubrir los tesoros perdidos de las pirámides. En el siglo IX, el califa en jefe del mundo árabe, Al-Mamoun, pasó una enorme cantidad de tiempo excavando un orificio que atraviesa la Gran Pirámide, esperando encontrar oro y tesoros. Él fracasó, pero aquellos que vinieron después prosiguieron el trabajo, siempre a la búsqueda de entradas escondidas a galerías y recovecos subterráneos, que según se decía unían la Gran Pirámide con la vecina Esfinge.
Fue hacia finales de 1816 cuando el italiano Giovanni Caviglia llegó a Egipto con la intención de quitar la arena que había enterrado el cuerpo de la Esfinge desde los tiempos de Roma, y entró en contacto con Henry Salt. Por qué estos dos hombres se concentraron en esta área de la Llanura sigue siendo poco claro, aunque es probable que fueran influenciados por los rumores de iniciaciones pseudo-egipcias, de las que se hablaba en óperas de inspiración masónica como La Flauta Mágica, escrita por el compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). No sólo debe el héroe de la ópera soportar una serie de terribles experiencias en la oscuridad de un templo egipcio, sino que también la Esfinge en forma de dragón ha de ser derrotada, lo que es muy similar al tipo de pruebas a las que los antiguos egipcios creían que tenía que someterse el alma, en su paso a través de la Duat, antes de alcanzar el más allá. No hay anotaciones de Caviglia que se refieran a cámaras ocultas, aunque él había encontrado jeroglíficos en algunas habitaciones subterráneas, a las que había conseguido acceder a través de las entradas de una tumba, en la pared del recinto enterrado bajo la Esfinge. Nigel Skinner Simpson, tras un examen preciso del proyecto de Salt y Caviglia relativo a la Llanura, identificó, a principios de 2008, la posición exacta de la entrada a los subterráneos, curiosamente en las inmediaciones de la tumba que mi mujer Sue y yo habíamos explorado en enero del año anterior, que contenía los buzones que Perring señaló en su boceto, en 1837, como “Tumbas y Pozos de Momias de Pájaros”.

Correlaciones astrales
Volvimos allí en enero de 2007, no para buscar posibles catacumbas perdidas, sino para intentar entender porqué esta zona de la Llanura se representaba como una bóveda tierra-cielo que mostraba las estrellas de la Constelación del Cisne. Si bien este grupo de estrellas conocido más popularmente como la Cruz del Norte era considerado en la tradición clásica estelar como un cisne en vuelo, en el antiguo Egipto sus estrellas formaban el útero cósmico de la diosa del cielo Nut. Ella era la madre de Osiris, el dios al cual todos los faraones venían a asociarse en la muerte. De hecho, la tumba y el sarcófago del faraón eran vistos como una representación de la diosa del cielo Nut, dentro de cuya alma o espíritu se habría podido realizar la transformación y el renacimiento. El cuerpo del difunto era depositado en posición fetal, representando el retorno al útero simbólico de una diosa del cielo, vista como la aparición de toda la vida en la Tierra. Es decir, ya que se pensaba que Nut se tragaba el sol poniente y lo daba a luz nuevamente al amanecer, el interior de su cuerpo, a través del cual el dios del sol pasaría en su camino hacia la regeneración, se identificaba con el mundo de ultratumba de la Duat subterránea. De tal forma, su útero se convierte en el Shetayet, la tumba conceptul de Dios, el lugar de renovación del faraón, en su papel de Osiris. Esta transformación estaba influenciada por las estrellas del Cisne, no como aparece en el cielo nocturno, sino en su movimiento respecto a la Tierra. Trabajando con el ingeniero británico Rodney Hale, estuve en disposición de determinar que la posición de las tres pirámides de Giza reflejaba la posición astronómica de las tres estrellas principales del Cisne, las que forman las alas. Esta relación estrellas-pirámides se confirma por el hecho de que desde una posición al Sureste de la planicie, estas mismas tres estrellas podrían ser vistas ocultándose en sus respectivas pirámides, en la época en que éstas fueron terminadas, alrededor del 2500 a.C.

La Sala de los Archivos
A pesar de esta sorprendente relación tierra-cielo, la estrella más luminosa del Cisne, Deneb, siguió sin tener ningún tipo de signo sobre la tierra. Tan sólo cuando presenté mis hallazgos a un colega, tuve una intuición inesperada, relativa a este misterio. Habiendo escuchado mis descubrimientos inherentes a la relación Cisne-Pirámides, él miró el punto señalado por Deneb sobre la Llanura, sugiriéndome: "Quizá lo que buscas está bajo tierra y nadie lo ha encontrado aún. Quizá sea la entrada a la Sala de los Archivos".
La Sala de los Archivos era el nombre que dio al mundo subterráneo perdido de Giza el intuitivo americano Edgar Cayce (1877-1945), que en 1925 predijo que precisamente una cámara escondida así, que contuviera los registros de todos aquellos que han vivido en la Tierra, se hallaría en las inmediaciones de la Esfinge. Por esa razón, la Edgar Cayce Foundation y su agencia de investigación, la Association for Research and Enlightening (A.R.E.), han patrocinado muchas expediciones de alto perfil científico en Giza en los últimos 40 años, con la firme convicción de que un día la Sala de los Archivos sería descubierta.
El hallazgo en 1817 del mundo subterráneo perdido, realizado por Salt y Caviglia, podría de algún modo satisfacer las previsiones de Cayce. De hecho, la entrada a estas catacumbas se encuentra no muy lejos del punto señalado sobre la tierra por la estrella Deneb, en la correlación Cisne-Pirámides. Los antiguos egipcios vieron a esta estrella como si señalara el ombligo y el vientre de la diosa del cielo, en su papel de Vía Láctea (sus piernas formadas por la bifurcación del trazado estelar, constituyendo lo que se conoce en astronomía como nebulosidad obscura o Hendidura del Cisne). De esta grieta celeste, que separa la Vía Láctea entre la región del Cisne y la constelación zodiacal de Sagitario, nacerá el tan cacareado nuevo sol de 2012, según los aficionados al movimiento New Age.

De esta misma zona del cielo, delimitada por las estrellas del Cisne, los antiguos egipcios creían que nacería de nuevo el alma del faraón difunto en el horizonte del amanecer, antes de su ascensión como Akh , un "espíritu glorioso", una estrella en el firmamento. Fue probablemente por esta razón por la que la Cámara del Rey en el interior de la Gran Pirámide fue desviada ligeramente de la línea central Norte-Sur del monumento, de forma que aquel que yacía en su famoso sarcófago de granito pudiese dirigir la mirada hacia lo alto, hacia el punto en el que la estela Daneb cruzaba diariamente el meridiano, en su punto más alto en el cielo.
¡Hemos entrado en las galerías!
Tras haber localizado las catacumbas de Salt y Caviglia, pedimos ayuda y apoyo al A.R.E. de Edgar Cayce a principios de marzo de 2008. Nuestra intención era llevar a cabo una segunda investigación en la tumba, que podría esconder la entrada al pequeño sistema de galerías conocido. Después de haber llegado al sitio, Nigel, Sue y yo habíamos explorado cada una de sus esquinas y grietas. Improvisadamente nos habíamos introducido en una pequeña grieta en la roca, en otro tiempo tapada con ladrillos de barro. Mirando en su interior, se nos representó una increíble visión: Una vasta cámara llena de fragmentos de roca que se habían desprendido. Es una gruta natural, de más de 15 m2, hábitat de grandes murciélagos, que fue ensanchada para hacer su forma más rectilínea. Me adentré en la obscuridad y, tras haber seguido varias pistas falsas, tomé una larga galería que lleva casi hasta la tercera pirámide. En la obscuridad me encontré sobre una alfombra de fragmentos de roca, aparentemente sin fin, originada por la constante caída de trozos de techo, con la única compañía de nuestro curioso camellero. Como Salt escribió, el sitio estaba lleno de restos de huesos de animales. Tras llegar a una bifurcación natural de la galería, consideramos que ése era el momento justo para dar media vuelta y salir a la superficie, habiendo empleado 20 minutos en recorrer 80 o 90 metros. Algunos días después, Nigel, Sue y yo regresamos a la Tumba de los Pájaros, como ahora la llamamos y exploramos más en profundidad el sistema de cavidades mientras Nigel hacía guardia en la antecámara. Cuanto más nos adentrábamos, más nos dábamos cuenta de que el aire se volvía liviano, mientras que los efectos del guano de los murciélagos que allí volaban comenzaban a estropear nuestras ropas.
Peligro en la oscuridad
Hemos vuelto a Egipto otras veces para inspeccionar las cavidades. Nigel esperaba siempre a la entrada con el walky-talky, mientras Sue y yo bajábamos de nueva a las oquedades, esta vez recorriendo una distancia de unos 135 m. En la última ocasión, el aire se volvió tan fino que comenzamos a experimentar los primeros síntomas de hipoxia. Nigel, Sue y yo abandonamos la tumba sabiendo que habíamos descubierto algo verdaderamente especial. Evidentemente, no era la Sala de los Archivos ni la Tumba de Osiris. Se trata, sin embargo, de la prueba indiscutible de la existencia de un sistema de cavidades en la piedra caliza, debajo de la Llanura, que fue excavado hace decenas, o cientos, de miles de años por la acción erosiva del agua. Eso llegó hasta debajo del campo de las pirámides, siguiendo la dirección Noroeste a Sureste de la geología subyacente a la Llanura. Las oquedades son enteramente naturales, aunque aquí y allí, en la parte más profunda del complejo, encontramos toscas líneas paralelas grabadas en las paredes, prueba de la presencia de hombres de las cavernas. La esperanza es que en el futuro las cavidades puedan ofrecer pruebas cruciales de actividad humana bajo la Llanura, que podría ser anterior incluso a la era de las pirámides. Por otra parte, existe la posibilidad de que el sistema de cavidades pueda arrojar una nueva luz sobre la creencia de los antiguos egipcios en la Duat subterránea, asociada directamente a Gizeh en su papel de Rostau, la “boca de los pasadizos”.

La serpiente guardiana
La cosa más extraordinaria es la historia que contó un egipcio, un vigilante de tumbas, que habíamos conocido en las inmediaciones de la Tumba de los Pájaros. Era un hombre anciano, no hablaba inglés y era improbable que hubiese sido influenciado por los visitantes New Age de la Llanura. Conocía la tumba, pero se negó a entrar en la oquedad porque era, según él, la morada de una serpiente gigantesca llamada El-Hanash, de 30m de longitud. Según el mito, cualquiera que intente entrar en el kahf (cueva), morirá triturado por su potente abrazo, un cuento que hace eco de la creencia, muy antigua, de que serpientes de gran tamaño habitaban la Duat subterránea, una tradición que pervivió hasta los tiempos de Roma, con la creencia de que bajo la Gran Pirámide descansaba un dios en forma de una gran serpiente llamada Agathodaimon, el “espíritu bueno”. Una historia que me contó un escultor, tallista de serpientes, sostiene que El-Hanash protege la Sala de los Archivos, que escupe veneno en la cara y deja ciego a todo aquel que intenta entrar y robar un gran diamante, el cual vigila. Un día, cuando el fin de los tiempos esté cerca, un elegido encontrará la entrada a la Sala de los Archivos y El-Hanash lo cegará de un sólo ojo. Será éste quien obtendrá los secretos que los antiguos conocían y, con esto, conseguirá gran poder, incluida la habilidad de contener el agua. Es una historia extraña con tintes del moderno pensamiento New Age, si bien parece recordar la antigua creencia egipcia de que el Reino de Ultratumba del Alma, la Tumba de Osiris, contiene un objeto de poder, como un gran huevo de creación, que irradia una luz sobrenatural. Obviamente, nada de esto se encontró en la oquedad de Salt y Caviglia. Dejaron este mundo subterráneo sólo parcialmente explorado, como hemos hecho nosotros hoy, albergando la esperanza de que un día el misterio pueda ser finalmente desvelado. Hasta entonces, está bajo la protección de El-Hanash.

La diatriba con Zahi Hawass
La respuesta de Zahi Hawass a los descubrimientos de Andrew Collins y Nigel Skinner-Simpson no se hizo esperar. El egiptólogo egipcio sostiene que la red subterránea de la que habla Andrew Collins (la Tumba de los Pájaros) mide 35 metros y es en realidad una catacumba del período grecorromano, utilizada para enterrar animales sagrados para los dioses y que no tiene nada que ver con los vestigios de una antigua civilización perdida, siendo en realidad bien conocida y documentada por los egiptólogos.
Collins rebate afirmando que Hawass no da ninguna prueba de hablar de algo ya conocido y que está quitándole importancia a lo que ha escapado a su control. De hecho, según Collins y Nigel Skinner-Simpson, la red tiene una longitud de más de 100m, en base también a lo que sostienen en sus propios apuntes Salt y Caviglia. Él está seguro de que Hawass supo pro primera vez de los túneles una vez que vio el trabajo de Collins y Skinner-Simpson, en 2008, cuando declaró que nunca nadie había llevado a cabo investigaciones en la tumba. Según Hawass, no existe, por tanto, un complejo de cavidades y todos los descubrimientos relativos a Egipto se encuentran en el libro Porter and Moss: A Topographical Bibliography of Ancient Egyptian Hieroglyphic Texts, Reliefs and Paintings. En realidad, afirma Collins, en esos volúmenes no se hace mención de ninguna catacumba subterránea en Gizeh, ni de los descubrimientos de Salt y Caviglia relativos a los orificios junto a la Tumba de los Pájaros. También ignoran completamente este lugar, las páginas de Internet y los libros de egiptología, incluso el del americano Reisner, a quien Hawass se refiere como el investigador que en los años 10 y 20 del pasado siglo, utilizó la Tumba de los Pájaros como almacén. Collins ha prometido más informaciones apenas éstas hayan aparecido. Mientras tanto, ya se ha publicado el ensayo Beneath the Pyramids, en el que el investigador inglés expone sus descubrimientos y cómo éstos se relacionan con la historia de la Sala de los Archivos.








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