Creencias
01/08/2007 (00:00 CET) Actualizado: 15/09/2026 (11:27 CET)

El milagro eucarístico de Lanciano

¡Oh testigos afortunados, a quienes para confundir mi incredulidad Dios bendito ha deseado manifestarse en el Santísimo Sacramento haciéndose visible a nuestros ojos. Venid hermanos, y maravillaos ante nuestro Dios tan próximo a nosotros. Contemplad la Carne y la Sangre de nuestro amadísimo Cristo!

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El milagro Eucarístico de Lanciano en el Santuario de San Francisco
El milagro Eucarístico de Lanciano en el Santuario de San Francisco

Al oír estas palabras del sacerdote que oficiaba la misa en aquellos momentos, los fieles acudieron presurosos al altar, y completamente aterrorizados ante lo que contemplaban con sus ojos arrasados en lágrimas, comenzaron a pedir misericordia. La noticia de tan extraordinario y singular prodigio corrió como la pólvora por toda la ciudad de Anxanum (Italia), y jóvenes y viejos se congregaron deprisa en el lugar haciendo actos de contrición. Este misterioso y sobrecogedor suceso fue recogido en el antiquísimo documento Ad Perpetuam Rei Memoriam, fechado en 1631 y que sitúa los hechos alrededor del año 700 de nuestra era, contando que dichas palabras fueron pronunciadas por un incrédulo sacerdote franciscano del monasterio de San Legonciano, en la ciudad italiana de Lanciano, al comprobar que "el pan se convertía en carne —de Cristo— y el vino en sangre".

Este halo de leyenda rodea al que es el "milagro" eucarístico más antiguo, importante y significativo del cristianismo —de los 132 registrados según el informe oficial de Paray-le-Monial (Francia)—. La hostia, "convertida" en carne, como puede observarse hoy, conservada en un ostensorio de plata, tiene el tamaño de la oblea grande tradicional usada en la Iglesia latina. Es ligeramente oscura y se vuelve rosada si se observa en transparencia. Es decir, que ya a simple vista tiene dos apariencias sensibles distintas: una, de pan oscurecido y otra, al mirarla al trasluz, de aspecto real de carne. En cuanto al vino "convertido" en sangre y contenido en un cáliz de cristal, está coagulado en cinco glóbulos de diferente tamaño.

Pero, ¿cómo explicar que pese a ser de diferente tamaño todos los coágulos, los cinco pesen lo mismo? ¿O que el peso de uno solo de ellos —16 gramos con 505 miligramos— sea igual al conjunto o suma de todos, es decir, el mismo que si se pesan juntos? O en el caso de que se hubiera pretendido realizar una falsificación pro fide, ¿cómo pudieron adelantarse los falsificadores, no digo 1.300 años, sino tan solo medio siglo a lo que iba a descubrir la ciencia...?

Lo cierto es que, creencia o incredulidad aparte, las investigaciones científicas que se han ocupado del asunto durante los trece siglos de su historia han venido siempre a aportar —nunca a restar— nuevos datos, confirmando los diagnósticos precedentes y añadiendo nuevas incógnitas o retos para las ciencias futuras. Las investigaciones realizadas en los años ochenta, por ejemplo, fueron corroboradas por la Comisión Médica de la OMS —Organización Mundial de la Salud—, que lo consideró como "un caso único en la historia de la medicina". Y si el prodigio de Lanciano fuera lo que realmente parece ser, un auténtico milagro, ¿tendría entonces algún mensaje implícito? ¿Cuál sería su sentido o razón de ser? ¿A qué facción de la Iglesia o a cuál de las diferentes iglesias cristianas favorecería más? Trataremos de responder a continuación a estas espinosas cuestiones.

Anxanum se convierte en Lanciano

A comienzos del siglo XIII el nombre original de la ciudad, Anzanum o Anxanum, fue cambiado por Lanzanum. La adición de la "L" no fue una mera coincidencia sino que se vio propiciada por la similitud con la palabra lancia —"lanza"—, que formaba parte del escudo de Lanciano, y que conmemoraba la épica colaboración de la ciudad para liberar el Santo Sepulcro. No obstante, la alusión a la lancia en el Lanciano del siglo XIII es casi seguro que constituye una continuación casi natural del hecho más antiguo, que ligaba precisamente una lancia, la supuesta lanza de Longinos, con el corazón y la sangre de Cristo. Esta hipótesis, que no excluye a la anterior, se ve apoyada si no por la historia documentada, al menos por una tradición local que resulta con el fin de dar una explicación a nivel de la lógica providencial y sobrenatural de la elección divina de Lanciano como lugar, no de uno, sino de dos milagros eucarísticos, aunque aquí solo nos ocupemos del primero. Según la tradición, Longinos, el centurión romano que traspasó con su lanza el costado de Cristo una vez muerto, era originario de Anxanum, lo que pudo ser la causa de la evolución del nombre y lo que posteriormente hizo que el centurión romano fuera relacionado con el "milagro" de Lanciano.

Lo más curioso de todo este asunto es que en el siglo XIII no había medio científico alguno para identificar la naturaleza histológica de aquella hostia de carne seca de 600 años de antigüedad. Se pensaba, o más bien se quería creer, que tenía que pertenecer a alguna parte del cuerpo de Cristo, pero... ¿quién iba a suponer o a imaginar que procedía, nada más y nada menos, que de un corte uniforme y tangencial siguiendo los haces de fibras —y sin llegar a seccionarlas— de tejido muscular estriado, concretamente del miocardio del ventrículo izquierdo —conteniendo además el endocardio y el nervio vago— de un corazón humano? ¿Pudo ser de la persona a la que Longinos abrió el costado en el Monte del Calvario?

Salvados de la amenaza turca

También es un misterio cómo las reliquias han podido sobrevivir a trece siglos de guerras religiosas, invasiones y otro tipo de amenazas. Así, por ejemplo, en 1566, cuando el avance de los turcos les permitió dominar la costa adriática, por medidas de seguridad el Milagro Eucarístico fue sacado de su capilla y guardado en el otro extremo de la iglesia. El primero de agosto de ese año un fraile, Giovanni Antonio de Mastro Renzo, para salvar a su pequeño grupo de franciscanos de la embestida turca, y viendo la necesidad de salvar el milagro eucarístico, cogió el relicario y junto a sus compañeros desapareció de la ciudad. Caminaron hasta la extenuación, y poco antes del amanecer, Giovanni dejó a sus frailes que descansaran. Al salir el sol comprobaron perplejos que estaban de nuevo a la entrada misma de la ciudad que habían abandonado. Aquello lo interpretaron como una señal del cielo, creyendo que el Todopoderoso había intervenido porque quería que el milagro eucarístico de Lanciano fuera un signo de seguridad para las personas del lugar. Los frailes prometieron entonces permanecer en la iglesia y protegerlo con sus propias vidas. La hostia permaneció guardada hasta 1636, año en el que fue trasladada al lado derecho del altar y encerrada en un tabernáculo de hierro. Había cuatro llaves para la bóveda, cada una guardada por diferentes personas de la ciudad —aquella zona fue llamada Capilla Valsecca, en honor de su benefactor—.

Análisis científico

Como es lógico, durante siglos las reliquias fueron objeto de gran devoción por parte del pueblo, a la vez que se sometieron a cuatro reconocimientos eclesiásticos: en 1574, en 1637, en 1770 y en 1886. Ya en el primero de ellos ocurrió un fenómeno extraordinario. El testimonio lo ofrece un epígrafe en piedra, una lápida situada en la capilla que durante siglos ha dado cobijo a las reliquias, en el que puede leerse: "La carne está todavía entera y la sangre dividida en cinco partes desiguales que pesan todas juntas lo mismo que cada una de ellas por separado".

Durante aquel reconocimiento acontecido tras el Concilio de Trento, el arzobispo Rodríguez quiso pesar ante las autoridades presentes la sangre coagulada y constató, ante el asombro de todos, algo de lo que ya se tenía noticia desde hacía tiempo: a saber, que el peso total de los cinco coágulos de sangre equivalía exactamente al peso de cada uno de ellos. Pero las "sorpresas" no acabaron allí. Tras el Concilio Vaticano II los franciscanos, para eliminar definitivamente cualquier duda, decidieron que había llegado el momento de someter las reliquias al examen de la ciencia moderna. De esta manera, en 1970, uno de los docentes de anatomía más prestigiosos de Italia, el profesor Odoardo Linoli y su equipo, comenzaron las pruebas en noviembre de aquel mismo año. La relación final fue redactada en marzo de 1971. Los resultados fueron asombrosos. Aquellos fragmentos sacados del antiguo ostensorio resultaron ser no solo tejido orgánico humano, sino que, por sus componentes miocárdicos, endocárdicos, vasculares, hemáticos y nerviosos, se estableció que pertenecían a un corazón completo.

Los exámenes realizados además en los fragmentos de tonalidad amarillenta y marrón contenidos en el cáliz no sellado que puede observarse en las fotografías han demostrado su naturaleza hemática —de auténtica sangre humana— y su pertenencia al grupo sanguíneo AB, idéntico por lo demás no solo al del tejido cardíaco de la reliquia, sino también a la contenida en otras reliquias crísticas, como por ejemplo la Sábana Santa de Turín o el Santo Sudario de Oviedo, lo que le ha aportado un plus aún mayor de autenticidad.

En estos análisis hematológicos se ha comprobado además la presencia de todos los minerales normalmente presentes en la sangre humana, excluyendo rotundamente la posibilidad de que se haya utilizado en algún momento de sus trece siglos de existencia cualquier técnica de conservación.

Un fenómeno insólito

Pero todavía hay más: la carne y la sangre parecen estar "vivas". En efecto, cuando se realizó un estudio electroforético completo de la sangre —método que permite separar las proteínas en el suero fresco—, se detectó la presencia de todas las fracciones proteicas, en la cantidad normal de cualquier persona sana a quien acaban de extraer la sangre.

Hay que tener en cuenta que la electroforesis no puede realizarse con una muestra de sangre de tres o cuatro días, ya que daría resultados viciados. Solo este simple dato es ya de por sí completamente desconcertante, pues implica nada menos que la inmortalidad biológica...

El tejido orgánico de la "hostia-carne" y los cinco grumos de sangre habían respondido, pues, a todas las reacciones clínicas propias de los seres vivos. "Nunca hubiera creído que iba a ver en esos fragmentos orgánicos de hace trece siglos todo lo que he visto. Ante estos prodigios inexplicables la ciencia se rinde, y al hacerlo no puede por menos que confirmar...", afirmaba humildemente el profesor Linoli, nada más concluir las investigaciones.

No cabía ninguna duda. Excluida la posibilidad de fraude en la antigüedad, aquella carne y aquella sangre, pese a haber sido dejadas en estado natural, sin ningún tipo de conservación o momificación durante trece siglos, y expuestas a la acción de agentes físicos, atmosféricos y biológicos, presentaban las mismas características de la carne y la sangre extraídas en los cuatro días requeridos para su estudio a un ser vivo...

El milagro eucarístico de Lanciano es el más antiguo de los conocidos en el mundo, es el más completo de todos, y el único que ha sido sometido a rigurosos análisis científicos, llegando incluso a interesar al Consejo Superior de la OMS, como ya hemos señalado. Los trabajos duraron quince meses, con un total de quinientos exámenes, se publicaron en 1976 en Nueva York y Ginebra y fueron repetidos en 1980, sembrando de nuevo la incertidumbre entre los expertos. Otro misterio más que, aun sin desvelar, sigue desafiando a la ciencia y a la razón.

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