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29/08/2022 (09:00 CET) Actualizado: 29/08/2022 (10:48 CET)

Entrevistamos al guardián del Arca de la Alianza (II)

Fruto de sus innumerables viajes a etiopia, el Historiador y Egiptólogo Tito Vivas ha publicado 'Historia fabulosa de un viaje a Etiopía. La leyenda del Arca de la Alianza (Ediciones del viento, 2020), libro en el que, entre otras cuestiones, da a conocer sus investigaciones sobre la reliquia más importante de la cristiandad, que se encontraría a buen recaudo en una capilla de la Iglesia de santa maría de Sión, en Aksum

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Entrevistamos al guardián del Arca de la Alianza (II)
Entrevistamos al guardián del Arca de la Alianza (II)
Nº 368, Marzo de 2021
Este artículo pertenece al Nº 368, Marzo de 2021

Tras mi encuentro con el Guardián del Arca, el Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Aksum me estaba esperando en el despacho privado que tenía en el edificio de oficinas que había dentro del recinto de las iglesias. Era una construcción baja, de una sola planta, donde había varias habitaciones. En una, que tenía varios sillones pegados a las paredes, como centro para tomar un café a modo de la de reuniones, me invitaron a sentarme. Al poco tiempo apareció el Abuna, el Patriarca de la ciudad. Vestía completamente de negro, con telas brillantes. Una especie de casulla color sangre le rodeaba el cuello y se perdía entre los pliegues de su barba, canosa y despeinada, aunque aún oscura en su raíz. Como también se adivinada el origen en el mismo lugar de una gruesa cadena dorada de la que pendía una gran cruz. En la cabeza lucía un bonete de la misma tela negra, circular. Como una especie de boina hinchada y brillante. En la mano derecha traía una cruz de mano, de plata, que parecía pesar bastante, antítesis de aquella con la que me había bendecido el guardián. Con ella, también me bendijo por tres veces, antes de sentarse en el sillón central e invitarme a hacer lo propio a su diestra.

No soy más que un mero guardián; pero no protejo al Arca de la gente, sino más bien al contrario: protejo a la gente de los poderes del Arca

–Bueno. Lo primero de todo –rompí el hielo–, me gustaría agradecerle que haya tenido el gesto de dedicarme un tiempo para poder conocernos y charlar. Entiendo que no es algo que pueda hacer y dedicar con todos los que llegan hasta aquí. Para mí es un gesto muy bonito. Y es importante.

–Es un placer poder conocerte. ¿Por qué es importante para ti?

–Básicamente, porque el objetivo de este viaje es aprender. Es conocer todo lo que pueda sobre su historia, su religión, sus costumbres… que, al fin y al cabo, creo que tienen las mismas raíces que la mía.

–Yo poco te voy a poder ayudar en cuestiones de conocimiento. Pero te deseo la mejor de tus suertes en tu intento de acercarte a la fe desde el análisis.

«¿QUÉ QUIERES SABER?»

–¿Cree que es imposible llegar a la fe a través del análisis, de cuestionarse las cosas?

–No, en absoluto. No pretendía ser sarcástico. Creo que son las dudas las que nos hacen buscar las respuestas que nos brinda la fe. La cuestión es si luego aceptaremos esas respuestas o, por el contrario, seguiremos eternamente en la búsqueda. Hay quienes hacen de las preguntas su verdadera religión.

–Eso es porque todo lo reducen y expresan en términos científicos.

–Y nosotros nos regocijamos en los aspectos espirituales.

–Bueno, puede. Pero ¿qué es el espíritu?

–¡Todo! Nuestra verdadera esencia. Lo que nos hace sentir.

–Entonces hablamos de lo mismo, solo que lo que aparentemente usted llama espíritu, y que le mueve al sentimiento, yo lo llamo pasión. Y lo relaciono con aquellos aspectos de mi existencia que me hacen ser feliz.

–Ahora te entiendo –dijo echándose hacia adelante y mostrando una leve sonrisa por primera vez desde que llegó. Apoyó su mano sombre mi rodilla, en un gesto de proximidad. Como para mostrar que empezaba a haber un acercamiento entre nuestros razonamientos–. Nuestra cultura es nuestro espíritu, nuestra civilización entera.

–Exacto. Y ese es el motivo que a mí me mueve a conocer las culturas de nuestra civilización.

AUTOR ARCA
Gebra Mikail, guardián del Arca de la Alianza. Mikail no suele conceder entrevistas, y mucho menos posa para las cámaras.

–Eres un peregrino interesante. ¿Qué te gustaría saber?

Mientras yo le respondía, hizo un gesto al sacerdote que esperaba en la puerta. El otro asintió con la cabeza y se marchó.

–El completo dilema entre el hecho y la verdad –dije mirando su mano, para asegurarme de que no había bailoteo de deditos–. La verdadera historia de cómo llegó el Arca hasta aquí. No anhelo la reliquia, sino su historia.

–Eso no tiene sentido –dijo serio el Patriarca.

–¿Perdón?

–Eso, tu idea sobre una disparidad de historias, como si existieran dos realidades. Es un dilema irresoluble. Ninguno de los dos caminos es demostrable. Tú buscas una evidencia empírica, y la religión rara vez nos la ofrece. Nosotros tenemos textos y tradiciones. Nosotros aceptamos esa parte, sin cuestionarnos el equilibrio entre su sentido y su sinrazón.

El Arca de la Alianza ha de traer paz y sacar lo mejor de nosotros mismos; es un regalo de Dios puesto en las manos que Él elige

–En eso hemos de estar de acuerdo: creo que es un dilema irresoluble.

En ese momento volvió el sacerdote anciano, y trajo una bandeja con una hogaza de pan y un plato con lo que parecía miel. El Patriarca cogió el pan y comenzó a partirlo en trozos, mientras me preguntaba:

–¿Qué es para ti el Tabot? –reconozco que la pregunta me pilló desprevenido.

–Bueno. Creo que hay muchas formas de entender la reliquia. Hay muchas formas de verla.

–¿Las hay?

–Por supuesto. Está el acto de fe salvador para un pueblo que busca redención; está la seguridad de sentirse respaldados por un poder superior que vela por nosotros, incluso bélicamente; hay hasta una devoción casi romántica, procedente de la Edad Media, que nos habla de la caballerosidad, del amor romántico… la búsqueda del conocimiento, del Preste Juan, como el Santo Grial para los caballeros artúricos…

–Todo eso son excusas humanas para dar sentido y justificación a algunas decisiones. El Tabot ha de traer paz. El Tabot es un regalo de Dios, puesto en las manos que Él elige. No se trata de si son las mejores o no o de si nos salvarán. Nadie nos puede salvar de nosotros mismos. Nosotros hemos de ver en el Tabot un acto de fe para sacar lo mejor de nosotros mismos.

LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD

–¿Eso no es escurrir el bulto?

–¿Qué significa escurrir el bulto? –me preguntó mi intérprete para poder traducirle.

–Me refiero a que, con ese pensamiento, no se le otorga ningún poder especial al Tabot. Al final, todo radica en el libre albedrío del creyente.

–Así es. Y ese es su fin, compañero. El Tabot no tiene poderes. Salvo sacar lo mejor de cada uno.

–¿El Arca hace eso?

–La búsqueda de la verdad ha conducido a la muerte y a la destrucción a más de una persona y en más de una ocasión. Tú has llegado hasta aquí buscando una serie de respuestas a una serie de inquietudes. Y te habrá costado un precio. Pero lo has pagado. Buscabas conocimiento, has dicho al principio. Buscabas la forma de entender una parte de tu historia, que es común a la nuestra.

–Así es, sí.

«EL ARCA TE HA TRAÍDO AQUÍ»

–Mi pregunta es: ¿dirías que tú has llegado hasta aquí para conocer sobre el Tabot? ¿O el Tabot es quien te ha traído a ti hasta aquí, para conocerte mejor a ti mismo?

–No lo sé. Yo sólo quería saberlo, nada más –aquello empezaba a sonarme a una clase de coaching–. Pero, ¿qué es el Tabot?

–El Tabot es, para ti y según tú, conocimiento. Pero no te lo dará él. Lo traes tú mismo contigo. Tú te has preparado para llegar hasta aquí. Te has evaluado y puesto a prueba. Y has trazado un plan y un camino. Otros como tú han llegado antes, y otros vendrán después de que tú te hayas ido. Pero cada uno viene con su propio espíritu y su propia búsqueda. Encontráis lo que queréis encontrar. El Tabot es la guía. Pero no es la respuesta.

–¿Cómo un reto?

–No, salvo que tú lo veas como un reto. Si comprendemos la naturaleza completa de nuestro espíritu, obtenemos un equilibrio y una paz, que es lo que buscas. Tú lo llamas conocimiento. Pero no es eso lo que anhelas, sino la paz y la tranquilidad que te aportará el haber adquirido ese conocimiento. Cuando ese conocimiento sea suficiente para ti. Para algunos nunca es suficiente. Y otros, en cambio, con la fe tienen suficiente.

–Luego… ¿la felicidad es un anhelo por el equilibrio?

Sacerdote guardián
Uno de los sacerdotes etíopes con los que charló el autor del reportaje.

–Y nuestros credos son la llave para alcanzarlo. Sean los que sean. Eso lo tenemos en común todos los hombres. Y los cristianos, además, llegamos hasta él por el mismo camino. Somos todos hermanos, católicos, ortodoxos…

–Espero algún día alcanzar ese equilibrio.

–Creo que ya lo tienes. Esto que estás haciendo es tu religión.

–¿Viajar?

–Conocer. Aprender.

–Entonces ¿dónde entra, exactamente, el espíritu en todo esto?

–En lo que queremos aceptar. Para nosotros, el Tabot vino aquí porque lo trajo Menelik, el hijo de la Reina de Saba. Estuvo en Tana Kirkos, una isla en el lago Tana. Luego el rey Ezanas lo trajo aquí. Y aquí sigue. Esa es la historia.

–La del Kebra Negast –el libro sagrado de la tradición medieval etíope.

–La de nuestro libro sagrado. Correcto.

–Creo que ya me ha ayudado –le dije. Era evidente que una persona religiosa solo me aportaría la visión mítica de la leyenda, y no la histórica.

–Si piensas que lo que venías buscando ya lo has encontrado, me alegro mucho de haber sido útil. Si, además, has encontrado algo que no buscabas, entonces, has aprendido también con el espíritu. Eso es lo que hace el Tabot. Ese es su poder. Sin ese poder no habrías llegado hasta aquí. Él te ha traído hasta aquí.

El Arca de la Alianza no es una caja, aunque saldrá en procesión como una caja porque miles y miles de fieles están convencidos de ello

Entonces tendió su mano hacia el plato y me ofreció pan, para que lo mojara en la miel. Y así lo hice, aunque no entendía si era una muestra de gratitud o formaba parte de un rito. El desconocimiento me abrumaba, y esperé a hacer lo que vi que hacía él: pringar miel y engullir.

–Pero todavía no sé lo que es el Tabot –confesé valiente–.

¿Una caja? ¿La que saldrá esta noche en procesión?

–No es una caja. Y sí, saldrá en procesión. Porque miles de fieles así lo creerán.

–¿Cómo? ¿Todo es un mito?

–O nada lo es. O todo es verdad. El Tabot es lo que tú quieres que sea.

–Ya.

–Como lo eres tú mismo.

–Complicado.

Portada libro
Portada del libro de Tito Vivas, Historia fabulosa de un viaje a Etiopía

UN MITO SOBRE EL QUE SE ASIENTA UN PAÍS

El encuentro, he de reconocerlo, fue curioso, pero me fui de allí con las mismas dudas con las que vine. Y con la bendición del Patriarca y unos cuantos billetes menos en el bolsillo, tras agradecer el gesto y la atención con una simbólica donación para inciensos en las liturgias de la iglesia.

–¿Has encontrado lo que buscabas? –me preguntó mi acompañante.

–Bueno, creo que tengo clara la leyenda del Arca, que ya es mucho.

–¿Crees que el Arca existe?

–Creo que vosotros creéis que existe. Y la veneráis en medio de un país que gira en torno a réplicas de ese Arca en el que creéis. Y, por eso, poco importa ya si lo que custodiáis aquí en Aksum es la reliquia original de un Moisés que, probablemente, ni siquiera existió. Es difícil dar credibilidad a un mito del que no hay fundamentos históricos. Pero, que no lo tenga Moisés, no significa que no lo tenga el Tabot, que, al fin y al cabo, no es más que un corpus jurídico y legal. Unas pautas de comportamiento cívico y moral para un pueblo en eclosión: Israel.

–¿No es una caja de oro, entonces?

–Si alguna vez lo fue, si existió ese recipiente, probablemente hace siglos que se perdió. Pero si se salvaron las tablas y de alguna forma llegaron hasta aquí, ya sea a través del Nilo como defiende la teoría arqueológica, o a través de la Reina de Saba como reza la leyenda, vosotros les habéis conferido eternidad.

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